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PAMPLINAS DE CAMPAÑA


Publicado en Granada Hoy.

Desde principios de los sesenta hasta mediados los noventa, los canadienses pudieron votar al Parti Rhinocéros que carecía de ideología definida aunque un buen puñado de sus miembros se proclamaba marxista-lennonnista, pues tomaba como referentes a Groucho Marx y John Lennon. Su programa era tan sencillo que se reducía a un solo punto: No cumplir ninguna promesa electoral. Así que amenizaron las campañas con propuestas tan dadaístas como abolir la ley de la gravedad, prohibir los inviernos o derribar las Montañas Rocosas para que los habitantes de Alberta pudieran ver el Océano Pacífico. Jamás consiguieron un solo escaño. Aunque en las elecciones federales de 1984 fueron el cuarto partido más votado y en bastantes ocasiones su candidato quedó segundo en más de un distrito electoral.

Lo que no sabía es que el marxismo-lennonismo del Parti Rhinocéros había cruzado el océano hasta arribar a España. Y no tanto por las desopilantes propuestas de algunos candidatos entre las que descuella la de la alcaldesa de Jerez de la Frontera que se quedó tan pancha tras prometer una playa en un céntrico parque, con arena, agua y chiringuito (sic) desde la que se divisarán barquitos veleros y podrá ser escenario de emocionantes regatas… en una ciudad que tiene el mar a quince minutos, sino porque saben que no van a cumplirlas. Aunque al fin y al cabo, estas pamplinas mitineras no se las crea nadie, dejan claro el nivel y la moralidad de los candidatos proponentes.

Pero lo que raya la indecencia es ver cómo se vuelven a prometer rentas básicas, ayudas, guarderías y toda una panoplia de medidas que para muchas familias supondrían una tabla de salvación, a sabiendas de que nuestros arruinados ayuntamientos carecen de recursos para hacerlas realidad. Porque si resulta indignante que tres semanas antes de las elecciones te asfalten una calle que tiene baches en los que recuerdas haber chapoteado a la vuelta del parvulario, mucho más grave es jugar con las necesidades básicas de la ciudadanía.

Al menos, el Parti Rhinocéros aseguraba que en el caso de ganar unas elecciones disolvería inmediatamente el gobierno para convocar otras ipso facto. Claro que no debemos olvidar que siempre aseguró que jamás cumpliría una sola promesa. Así que no sé cómo podríamos desatar este intrincado nudo gordiano. Bueno, sí, como lo hizo Alejandro. Para que luego digan que no tiene interés leer a los clásicos.

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2 comentarios

  1. misael dice:

    Magnifico articulo D. Luis, as usual.

    Es bien conocido que el alcalde de Madrid, de infausta memoria, Tierno Galván, tambíen pensaba que “las promesas electorales están hechas para no cumplirlas”. ¿ Y por qué será que además se nos chulean en el morro ? Quizá sea porque implícitamente nuestros gobernantes saben que nuestra democracia cojea también por ahí, a saber, que los gobernantes pueden prometer el oro y el moro, pero caso de incumplirlo no tienen que rendir cuentas.

    Y oiga ! el noble pueblo español anda convencidísimo que vivimos en una democracia que no hay otra en la galaxia.

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  2. Anónimo dice:

    Puesto que Zeus pensó que «tanto monta cortar como desatar». Prefiero desanudar a cortar, que a éste pueblo no hay que darle ideas tajantes, porque al ser más fáciles y rápidas siempre las prefiere y luego sale alguien herido.

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