EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LA RECUPERACIÓN QUE NO SE NOTA


¿Salimos o no salimos de la crisis? Si preguntamos al gobierno, el futuro se presenta como un arco iris de oportunidades; si interpelamos a la oposición, los negros nubarrones no sólo no se han disipado sino que encapotan el cielo; las cifras macroeconómicas hacen que desde Bruselas se nos felicite, pero nuestra cuenta corriente sigue presentando un mísero saldo de unos pocos euros. Así que, ante la pregunta que encabeza este comentario no cabe más que una respuesta ambigua; si, pero no.

En agosto de 2007 se desencadenó la que luego sería conocida como crisis de las hipotecas subprime y aunque la noticia abrió los informativos de todo el país, la inmensa mayoría de los españoles siguió disfrutando de sus vacaciones y ni en las playas, ni en las terrazas el asunto se convirtió en tema de conversación o controversia. Incluso el propio gobierno de la época, por boca de su presidente, negó que en España, sufriéramos crisis alguna.

La cuestión es sencilla. Una cosa es la realidad económica de un país y otra muy distinta, su percepción por parte de la sociedad. Desde que los mercados financieros o los indicadores económicos anuncian una situación de crisis hasta que esta llega a afectar al ciudadano de a pie suelen pasar meses, cuando no años. Algo parecido ocurre cuando la situación económica mejora. Por muy evidentes que sean los signos de recuperación, esa realidad no se traduce en lo que lo que los ciudadanos desean – trabajo y seguridad económica – hasta demasiado tiempo después.

Llevamos varios trimestres de crecimiento económico lo que nos permite decir que estamos en el tramo final de una crisis que ha sido muy dura y cuya salida no se presenta sencilla. Es más, será larga y traumática a causa del endeudamiento del estado y de la desconfianza que se ha generado, en la sociedad española, hacia todo y hacia todos.

Pero además, superar la crisis no garantiza estar presente en la recuperación. De hecho, y son datos mucho mejores que los de ejercicios anteriores, se estima que más de un tercio de las empresas españolas está en riesgo de quiebra, superando el cuarenta por ciento si hablamos de PYMES. Es decir, la posibilidad de insolvencia se incrementa cuando más pequeña es una compañía, lo que supone un dato muy preocupante para una economía basada en su gran mayoría en la pequeña y mediana empresa. Más llamativo aún es el hecho de que la cuarta parte de las compañías que se declararon en concurso no eran recién llegadas ya que su antigüedad era de más de veinte años lo que reafirma el hecho de que superar las crisis no garantiza la viabilidad de los negocios.

Y es así porque toda crisis afecta a un modelo que fue de éxito, con sus virtudes y defectos según sea quien lo analice, pero cuyo agotamiento provocó la recesión.

El problema fundamental de nuestra economía y por ende, el de muchas empresas, es que no tiene objetivos claros, o en el caso de tenerlos no se marca hitos de cumplimiento que le permitan avanzar con decisión y fortaleza. Llevamos decenios escuchando que hay que cambiar nuestro modelo económico de mano de obra intensiva porque ya no basta con el impulso del estado, la construcción y el turismo de sol y playa y sin embargo, esta leve pero continua recuperación económica no ha venido acompañada de inversiones en capital humano, en investigación o en una reducción del estado, tradicionalmente hipertrofiado y burocrático desde los tiempos de Felipe II.

Nuestro objetivo ha de ser claro, hacer de España, por fin, un país moderno, con una economía estable y productiva a la que las crisis no lleven a la desesperación, ni las recuperaciones a la burbuja. Porque los países crecen cuando, sobre todas las cosas, valoran el capital humano, dan plena libertad a la iniciativa privada, miman la educación y la investigación, el estado de bienestar no se confunde con el bienestar de los que viven a costa del estado y disponen del menor número posible de instituciones que se gestionan buscando la mayor eficiencia.

Así que, según los datos, es claro que estamos saliendo de la crisis, pero lo que no sé es si hemos vuelto a tomar el camino de siempre.

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