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EL DESAFÍO DE LA DESIGUALDAD


Publicado en Granada Hoy, Málaga Hoy y El Día de Córdoba.

Cuando carecemos de capacidad real para ejercerla, la libertad no es más que una hermosa palabra. Es inútil que la ley nos proclame libres para elegir si carecemos de recursos. Y no me refiero a cuando nos sentimos como Audrey Hepburn ante el escaparate de Tiffany’s soñando con diamantes sino a la frustración de miles de escolares que dejarán de comer carne y pescado durante las vacaciones o a la de las familias cuyo poder de elección se reduce al que le permiten los voluntarios de Cáritas cuando les entregan ropa para sus hijos o enseres para su casa. Entonces, el mercado libre es, más que una utopía, una mera estafa conceptual.

Los datos publicados por la OCDE – Society at a Glance 2014. The crisis and its aftermath – nos advierten sobre la fractura socioeconómica que ha provocado esta recesión en el mundo desarrollado y que en países como España tiene rasgos de emergencia social. La caída de los ingresos en los hogares españoles es la más dura de toda la Eurozona y además y para mayor desgracia, se ha concentrado en las capas más desfavorecidas de la población, lo que ha dado lugar a una mayor desigualdad y al aumento de la pobreza. Sobre todo entre una juventud carente de oportunidades de empleo o que se limita a trabajos temporales, a tiempo parcial, de baja calidad y mínimos ingresos.

Ahora que la recuperación parece que se consolida hay que dejar claro que el mero crecimiento no va a acabar con esta situación, sino que podría consolidarla y marginar definitivamente a cientos de miles de ciudadanos que quedarían, de por vida, fuera del mercado de trabajo. No olvidemos que de las últimas crisis salimos con un desorbitado desempleo estructural y que ni en los mejores años de nuestra vida hemos conocido nada parecido al pleno empleo ni el paro ha dejado de ser una preocupación social. Pero tampoco hay que olvidar la falta de oportunidades educativas, las nulas expectativas de desarrollo personal para los más jóvenes o la sensación de que las instituciones del estado han renunciado a sus obligaciones en materia de protección social, sanidad y seguridad.

Un estado que no fomenta la igualdad, la libertad y la justicia, es una lacra insoportable para una sociedad moderna pero además, la desigualdad frena el crecimiento económico a largo plazo. Sólo cuando un país es tierra de oportunidades para sus ciudadanos, estos se enorgullecen de él y lo convierten en una gran nación.

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1 comentario

  1. Anónimo dice:

    Es terrible que en el siglo XXI todavía vivamos en una sociedad que no se preocupa de quienes lo pasan mal y mire para otro lado como si tal cosa.

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