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¿PORQUÉ ES NECESARIO ESTUDIAR HISTORIA ECONÓMICA?


Llevo años encontrándome con puñados de economistas, financieros, inversores y demás  conocedores del mercado, en absoluto incultos que sin embargo, adolecen de un impresionante adanismo a la hora de describir cualquier operación financiera, incluso si se trata de la más sencilla. Es indudable que el desarrollo tecnológico del último siglo y medio ha revolucionado los mercados pero lo que es evidente para cualquiera que haya leído un poquito de historia es que, cuantitativamente, ha aportado muy pocas novedades.

TABLILLA BABILONIA. CONTRATO PRÉSTAMO DE PLATA. BRITISH MUSEUM.. LONDRES (REINO UNIDO)

Tablilla Babilonia. Contrato de Préstamo de Plata. British Museum. Londres (Reino Unido)

Recapitulemos. Desde que en 1835, Charles Havas fundara la Agencia Havas, embrión de la actual France Press (AFP) y que está considerada como la primera empresa del mundo dedicada a distribuir noticias a los periódicos, la información ha fluido de un modo desconocido hasta entonces. Aunque no debemos olvidar que desde tiempos inmemoriales los rumores y las noticias han influido en los mercados. Una de las primeras frases que aprende un inversor en Bolsa es compra con el rumor y vende con la noticia. A los pocos años fue el telégrafo quien hizo que cualquier evento de importancia pudiera ser conocido en unas pocas horas por todo inversor que actuara en cualquier mercado del mundo. Más tarde, el teléfono, la radio, la televisión, la telefonía móvil o internet redujeron los tiempos hasta que la unidad de respuesta de los mercados pasó a ser el instante.

También es innegable que la informatización desarrollada en el último medio siglo ha sido la gran responsable de globalizar los mercados y permitir que las operaciones bancarias o financieras hayan llegado hasta el último rincón del mundo. Y sobre todo que el peso de la gestión administrativa se haya visto reducido a la mínima expresión centrándose los esfuerzos de las compañías financieras en la comercialización de productos de inversión, préstamo o ahorro.

Pero pretender, como he escuchado en infinidad de ocasiones, que los mercados casi no existían hasta antes de ayer o que las operaciones sobre materias primas, opciones, futuros y demás transacciones popularizadas hoy y al alcance de cualquiera gracias a internet son algo moderno dice mucho sobre el inmenso desconocimiento de la historia de las instituciones económicas y de los contratos financieros.

Reducir la economía y sobre todo, las finanzas, que es el campo predilecto de quien esto escribe a meros modelos matemáticos es un craso error porque borra de un irresponsable plumazo la importancia fundamental que tienen los agentes económicos en la evolución de los mercados. Es muy difícil medir los miedos y euforias de los inversores; es casi imposible adivinar el comportamiento de millones de personas a quienes mueve la avaricia, la codicia o el egoísmo pero también el desprendimiento, la generosidad o la solidaridad, defectos y virtudes que ejercitan cuándo, dónde y cómo gustan sin que además reaccionen del mismo modo a idénticos estímulos.

Por eso es  tan importante dar un toque humanista al estudio de las disciplinas relacionadas con la economía, la empresa o las finanzas. La predictibilidad de los resultados en las ciencias sociales no disfruta de la misma probabilidad de éxito que en otras ramas del estudio científico.

Por esa misma razón es mucho más sencillo comprender una institución desarrollada a través de los siglos si conocemos que necesidad cubrió o que problema solventó en el lejano momento de su creación; cuánto tuvo de genialidad y cuanto de chapuza. ¿Quién iba a decirle al señor Frank McNamara, aquella noche de 1949 en que olvidó la cartera en casa que la vergüenza que sufrió en un elegante restaurante neoyorquino en el momento de recibir la cuenta, iba a dar lugar a la creación de la tarjeta de crédito?

¿Cuántos operadores de Bolsa desconocen que las complejas operaciones que cierran a diario, especulando sobre materias primas y cuyo funcionamiento tanto les costó aprender en la Facultad eran más que habituales en la Bolsa de Amsterdam allá por el siglo XVII? A veces me pregunto si se habrán parado a pensar que fue la inseguridad de los caminos lo que indujo a los mercaderes italianos a desarrollar lo que hoy conocemos como Letra de Cambio, que en las Ferias Medievales ya se realizaban compensaciones documentales, que los romanos conocían el concepto de sociedad o que la banca estaba más que desarrollada en el Imperio Babilonio como demuestran infinidad de tablillas de barro encontradas en diversas excavaciones y en particular un buen puñado de las 282 normas del Código de Hammurabi (s. XVIII a.C.) que regulan, entre otras muchas cuestiones económicas, los préstamos con interés, tanto de metales preciosos como de grano.

No voy a decirles que he visto atacar naves en llamas más allá de Orión, ni Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser pero parafraseando a Roy Batty – el replicante de Blade Runner magistralmente encarnado por Rutger Hauer – si les puedo asegurar que he visto más de una expresión de infinita sorpresa entre formados financieros al comentar que en el Museo Británico se expone una tablilla que recoge un contrato de préstamo de plata datado 1745 a.C. o que el romano monte Testaccio es una colina artificial construida consciente y ordenadamente a lo largo de tres siglos con los restos de más de veintiséis millones de ánforas de aceite rotas, procedentes mayoritariamente de la Bética porque resultaba más económico destruirlas que lavarlas y devolverlas al proveedor.

Lo que si me gustaría es que a diferencia de lo vivido por el replicante todos esos momentos no se pierdan en el tiempo… como lágrimas en la lluvia.

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