EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LA FUERZA DE UNA MIRADA.


Emitido en La Mañana de COPE Granada.

Quien salva una vida, salva a la Humanidad entera. Esa frase del Talmud es el lema que homenajea a todos aquellos valientes que superando miedos y recelos y sin buscar nada a cambio aportaron su grano de arena para salvar a miles de judíos de la barbarie y el odio desatado por los nazis. La misma ciudad que hoy avergüenza a Europa cerrando sus estaciones de ferrocarril a los refugiados de la cruel y sangrienta guerra civil de Siria, fue escenario del heroísmo de Ángel Sanz Briz, el diplomático español que protegió a miles de familias judías y a quien se recuerda como el ángel de Budapest.

El llanto de aquellos niños judíos marcados con una estrella de David en el pecho no es muy distinto del de estos otros que hoy deambulan por Europa, agarrados con temor a la mano temblorosa de un padre que sólo quiere huir del horror de una guerra que nunca esperó vivir. No hay nada más desgarrador que el grito de un niño asustado, salvo quizás, el silencio de su cadáver inerte en una playa turca.

No es difícil encontrar supervivientes de las guerras que asolaron Europa durante el pasado siglo. Y no sólo se trata de venerables ancianos, ni de viejas fotografías en blanco y negro, ni de recuerdos desvaídos por el tiempo. No hace tantos años que nos sobresaltaban las imágenes de la guerra en los Balcanes, de los miles de refugiados que huían de los bombardeos, de las matanzas y de la tristemente llamada limpieza étnica en ciudades tan europeas como cualquiera de las nuestras.

No somos culpables de la guerra. Ni quienes se han convertido en protagonistas involuntarios de este éxodo masivo, ni los que asistimos como espectadores del horror. No somos culpables de nada, que nadie nos haga penar por aquello que ni provocamos, ni tenemos capacidad de evitar o eliminar. Los culpables están claros y ni es Europa, ni somos sus ciudadanos. Pero sí somos responsables de la vida de aquellos que hoy huyen del horror con la misma desesperación que lo haríamos nosotros, con el mismo terror en los ojos que vuelve a nublar la vista de miles de ancianos que fueron un día no tan lejano, niños de la guerra.

La misma Unión Europea que nació de las cenizas de una guerra devastadora y se construyó apartando el odio entre naciones no puede olvidar su propio ser y escudarse en no sé muy bien qué razones para negar la ayuda a unos refugiados que sólo quieren salvar su vida y volver pronto a una patria que nunca quisieron abandonar.

Pero además de organizar una solidaridad que no es ajena al sentir mayoritario de los ciudadanos, los líderes de Europa y del mundo libre tienen una responsabilidad añadida, la que en otra imagen que ha recorrido el mundo, les pide Kinan Masalmeh, un niño sirio de apenas trece años que espera en la Estación de Keleti en Budapest junto a su familia el tren que les aleje de la tragedia siria. Ante una cámara de televisión, con la inocencia rota y mirando con la viveza de unos cansados ojos azules que han debido ver ya lo que muchos no querríamos ver nunca, pero con la convicción y fortaleza que echamos en falta en demasiados líderes políticos, clama en un mensaje concreto y claro: Sólo parad la guerra en Siria. Sólo eso. No queremos irnos a Europa.

Mientras eso ocurre, no debemos olvidarnos de quienes han debido dejarlo todo para huir de una muerte segura y ayudarles en la certeza de que quien salva una vida, salva a la Humanidad entera.

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3 comentarios

  1. misael dice:

    La misma Unión Europea… no puede olvidar su propio ser y escudarse en no sé muy bien qué razones para negar la ayuda a unos refugiados que sólo quieren salvar su vida y volver pronto a una patria que nunca quisieron abandonar.

    Lea vd. este artículo y verá que la UE no es tan escasamente solidaria: http://www.libertaddigital.com/opinion/cristina-losada/europa-culpable-76567/

    De tanto síndrome autolacerante, Europa (y España) van a terminar de manicomio.

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  2. Lucía dice:

    Precioso artículo. Me ha emocionado sinceramente. No sólo se trata de llenarnos la boca de libertad y solidaridad. Hay que demostrarla. Gracias.

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