EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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Y GRECIA SIGUE AHÍ…


Emitido en La Mañaña de COPE Granada.

Parece que entre tanta noticia trágica nos hemos olvidado de un asunto que durante los últimos años ha ido ocupando de modo recurrente las portadas de los periódicos a la vez que generaba convulsiones en los mercados y preocupaciones en los líderes europeos. Me refiero a Grecia, nuestro socio endeudado y tres veces rescatado y respecto al cual es cada vez más fácil aplicar aquel viejo calificativo de enfermo de Europa.

Hace menos de un año y tras la victoria de Syriza, los griegos disfrutaron por unos días de esa sensación de cambio radical con el que se inician todas las revoluciones. Pero ahora, tras la efervescencia de aquellos días en los que la izquierda europea se deshacía en elogios y parabienes hacia quien iba a acabar con todos los males del capitalismo, con la voracidad de los mercados y las exigencias de siniestra troika, la realidad ha vuelto a imponerse. Y como ocurre en todas las revoluciones, incluso en las que, como esta, nacen pacíficamente de las urnas, tras la tormenta viene la calma. Una calma chicha que devuelve al pueblo griego a la realidad.

Ni siquiera todos aquellos que se acogieron bajo las banderas de Syriza fuera de Grecia gritan con tanta fuerza. Aquel, Alexis espera que ya llegamos del ínclito Pablo Iglesias es ya tan lejano en el tiempo como en las posibilidades de convertirse en realidad, sea a los pies de la Acrópolis o frente a la Puerta de Alcalá.

Los griegos han aprendido que el señor Tsipras mintió y que nadie puede incumplir sus compromisos sin asumir las dolorosas consecuencias que tal decisión conlleva. Lo más triste de todo es que ante tanta promesa incumplida, tanto por los radicales de Syriza como por los partidos tradicionales, indecentemente corruptos y descaradamente clientelares, la confianza de los griegos en sus políticos debe ser inexistente.

Cuentan las crónicas que nos llegan desde Atenas que no queda rastro de aquellas mareas de manifestantes que salieron a las calles en enero pasado y sobre todo, durante la campaña del referéndum de julio. Al fin y al cabo, los griegos son conscientes de que cualquier aventura que emprendieran fuera de la Unión Europea tendrían que iniciarla con las alforjas vacías, sin amigos ni socios y con una economía más que empobrecida, arruinada. Por eso, el desencanto es importante. Así que sea cual sea el gobierno que salga de las urnas el próximo domingo no tiene más remedio que aplicar, sin fisuras ni trampas, las políticas pactadas en el nuevo Memorándum.

Los griegos han aprendido que no hay posibilidad de cambiar las reglas del juego cuando no se dispone de razones o fuerza para ello. No se trata de que Grecia haya tenido que aceptar un chantaje. Nada más lejos de la realidad, Grecia ha debido asumir sus compromisos y por tanto, las consecuencias indeseadas de sus actos. Su problema sigue siendo el mismo, no quiere cambiar su estructura estatal ineficiente y anticuada. Sin embargo, Portugal e Irlanda, los otros países que también fueron rescatados, hoy trabajan con normalidad, crecen, han vuelto a los mercados y lo han hecho asumiendo sus compromisos y afrontando las reformas necesarias para ello.

Sirva esta reflexión como ejemplo de buena gestión y aviso para navegantes. En el primer caso para que nuestros gobernantes, sean del partido que sean asuman que hay demasiadas reformas que afrontar en España para ganar en eficiencia y competitividad, o lo que es lo mismo en riqueza, trabajo y seguridad económica. Sobran bastantes organismos públicos excesivamente caros y que ofrecen muy pocos servicios a la sociedad. Tenemos demasiados ayuntamientos y una organización territorial municipal heredada del siglo XIX ineficiente y clientelar, sufrimos un exceso moscones revoloteando alrededor del poder que sin aportar nada, exigen y obtienen demasiado, pues este es, sin duda, el país de las subvenciones y la corrupción derivada de ellas. Y todo eso debe cambiar.

Y el aviso para navegantes es tan claro, respecto a las intenciones de cierta izquierda radical que se presenta en España como abanderada del chavismo y el socialismo más ramplón, que basta con recordar aquella frase de Churchill en la que comparaba a los primeros cristianos con los izquierdistas radicales: Los primeros cristianos defendían la idea de que ‘todo lo mío es tuyo’; en cambio, el socialismo radical parte de la idea de que ‘todo lo tuyo es mío”. Y, la verdad, no es lo mismo.

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