EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LECCIONES DE UN GENERAL. III. LISTÍVAGOS.


El que es inteligente y a la vez, vago, se califica para las más altas tareas de mando, pues aporta la claridad mental y el aplomo necesarios para tomar decisiones de peso. Esta frase del clarividente general von Hammerstein es, probablemente, la que menos entiende un jefe tradicional. Habitualmente, la mayoría de los que creen dirigirnos defiende la idoneidad de aquellos que practican otras – llamémosle virtudes – como el denuedo, el esfuerzo, el trabajo desmedido o el presentismo, esa innata habilidad que supone calentar la silla mientras se mira fijamente el ordenador con el único objetivo de que tu jefe que a su vez intenta justificarse ante su superior con idéntica maniobra, se convenza de que realmente estás trabajando aunque tu mente deambule por unos lejanos y personalísimos mundos de Oz.

En esa tesitura es muy difícil conseguir que se valore a quienes siendo inteligentes, además de demostrarlo, tienen la osadía de defender un planteamiento tan heterodoxo como que el esfuerzo es una ordinariez inadmisible para un caballero civilizado porque siempre se acaba sudando y además lo practican. Son esos tipos geniales que prefieren dedicar el menor tiempo posible a trabajar ya que entienden – y yo estoy con ellos – que la única magnitud valorable para cualquier empresa debe ser el resultado y que este es más interesante cuanto menor ha sido el empeño y sacrificio dedicado a conseguirlo. Ya hemos hablado en alguna ocasión de cómo muchos jefes menosprecian la eficiencia en tanto que alaban el mero esfuerzo, incluso aunque sus resultados sean mínimos o inexistentes.

Y sin embargo, es enorme el catálogo de de listívagos que han hecho posible el avance de la humanidad. Pues a esta categoría perteneció, sin duda alguna, el inventor de la rueda y con él, los de la polea, el motor de explosión o el ordenador. La vida es limitada en el tiempo y siempre es preferible disfrutarla a dejarla pasar entre largas jornadas de trabajo.

El listívago siempre será eficiente, esté en el puesto que esté porque su intención es acabar pronto para dedicar su tiempo a cosas mucho más interesantes que trabajar. Si en estos tiempos de turbulencias y desvarío aún existe la jornada legal de ocho horas y la semana inglesa es gracias a todos aquellos que demostraron a lo largo del tiempo que trabajando menos, pero mejor, se produce más.

Como toda persona inteligente, un listívago se aburrirá en puestos rutinarios y abominará de sus superiores cuando sean de lento actuar o decidir o tengan en excesiva estima al trabajo esforzado y lo consideren como la más digna y admirable de las virtudes. Algo que ya sabemos que es el mayor defecto de los trabalistos.

Por todos esos motivos su puesto natural es la dirección. Ante un problema, quien tiene la inteligencia de pensar con la mentalidad de un vago, no perderá el tiempo buscando responsables para derivar en ellos su rabia como haría un tontívago, ni indagará en las causas inmediatas e incluso remotas que lo provocaron buscando en el análisis el consuelo al error imprevisto en la más pura tradición del trabalisto. Nuestro listívago se limitará a implementar soluciones que no requieran mucho esfuerzo. Puede que la elegida no sea la mejor solución, ni la más perfecta, ni siquiera la idónea pero siempre será la más rápida y taponará las consecuencias del problema.

¿Por qué defendía von Hammerstein que quien es inteligente y vago se califica para las más altas tareas del mando? La razón es muy simple y se resume en una frase de Bill Gates que recoge un pensamiento largo en el tiempo y que muchos compartimos: Siempre escogeré a un vago para hacer un trabajo difícil porque encontrará una manera sencilla de hacerlo.

Es lo que el general denominaba claridad mental, esa virtud tan propia de quien es vago y se enorgullece de ello, de buscar cualquier atajo para todo desafío. El aplomo es la aportación de su inteligencia y la combinación de ambas le permite tomar decisiones de peso con la misma tranquilidad que otros se tomarían un vaso de agua.

Pensar y trabajar como un vago es la base de la eficiencia. Cuando una empresa tiene en su cúspide un listívago o cuando un departamento cualquiera tiene la suerte de ser liderado por uno de estos tipos, la velocidad de crucero de la misma siempre es muy superior a cualquier otra con la que intentemos compararla. No sean reacios a la pereza, si no les adornó la providencia con la deliciosa mentalidad de un vago, hagan lo posible por adquirirla. Ganarán muchas horas para su disfrute y obtendrán, cuando menos, el mismo resultado con mucho menos esfuerzo.

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Toda la serie inspirada por el General von Hammerstein:

02/09/2015               LOS DIRECTIVOS SEGÚN VON HAMMERSTEIN.

09/09/2015               LECCIONES DE UN GENERAL: I. TRABALISTOS.

16/09/2015               LECCIONES DE UN GENERAL: II. TONTÍVAGOS.

23/09/2015               LECCIONES DE UN GENERAL: III. LISTÍVAGOS.

30/09/2015               LECCIONES DE UN GENERAL: IIII. TRABATONTOS.

07/09/2015               LECCIONES DE UN GENERAL: V. ESTRAMBOTE.

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