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LOS MONTES FRUMENTARIOS MEDIEVALES


 

Salvo contadas excepciones, la mayoría de las personas identifican el préstamo con una entrega de dinero. Sin embargo, tanto la legislación civil como la mercantil contemplan la posibilidad de prestar bienes, sean fungibles o no, como ocurre en el ámbito financiero con el préstamo de títulos o valores tan habitual en el mercado bursátil. También existen los préstamos en especie, en los que para cancelar la deuda se deberá devolver, salvo que exista otro pacto, igual cantidad en la misma especie y calidad, o su equivalente en metálico si se hubiere extinguido la especie debida.

Ya en la antigua Babilonia los agricultores recibían préstamos de grano por los que abonaban el 33% de interés a pagar con la recogida de la cosecha. Si la cosecha era mala y les resultaba imposible satisfacer la obligación adquirida, vendían sus tierras. Si aún así no era suficiente se deshacían del resto de sus propiedades e incluso, agotados todos los recursos, se vendían a sí mismos como esclavos. En cualquiera de los casos el deudor recibía el exceso obtenido por las ventas y si se esclavizaba podía reclamar sus tierras una vez pagada la deuda con sus servicios.

Durante siglos, la economía se centraba fundamentalmente en la agricultura y el comercio. Así que del mismo modo que la actividad comercial dio lugar a los contratos de sociedad o a los documentos cambiarios, alrededor de los agricultores que requerían instrumentos de financiación adecuados al ciclo anual de sus cosechas, nacieron los pósitos o bancos frumentarios. El planteamiento de una entidad como esta era el de prestar grano a los agricultores para que lo utilizaran como semilla durante la época de siembra y como alimento en los meses de invierno a cambio de recibir, una vez recogida la cosecha, la cantidad de grano prestada más otra en concepto de intereses. Tal y como lo define el Diccionario de la RAE, el pósito es un instituto de carácter municipal y de muy antiguo origen, destinado a mantener acopio de granos, principalmente de trigo, y prestarlos en condiciones módicas a los labradores y vecinos durante los meses de menos abundancia.

Los pósitos se acabaron convirtiendo en sociedades de socorros mutuos, unos fundados por los propios beneficiarios y otros – a imagen y semejanza de los Montes de Piedad a los que dedicamos algunas Notasgracias a la munificencia de la Iglesia, los reyes o los municipios, razón por la que se denominaros Montes Frumentarios. Al igual que los Montes de Piedad su misión fundamental era la de evitar que los campesinos, fueran aparceros o pequeños propietarios cayeran en las garras de los usureros que podían cobrarles elevadas tasas de interés imposibles de pagar en años de cosechas escasas.

Y como aquellos, los primeros establecimientos surgieron en la Italia del quattrocento expandiéndose a lo largo de Europa durante los siglos XVI y XVII. En un campo que sobrevivía, en muchas ocasiones, en condiciones de absoluta subsistencia, no era difícil encontrar campesinos que acababan alimentándose, por pura necesidad, del trigo o la cebada reservada para la siembra. Del más antiguo que tenemos noticia es el que se fundó en Foligno a propuesta de Michelangelo Barnabó el 6 de febrero de 1488. En el mismo año nació el de Rieti y en el año siguiente el de Sulmona. Los Montes de Macerata y Annifo fueron fundados por Fray Andrea de Faenza en 1492 y en 1512 el padre franciscano Sixto Locatelli puso en marcha el de Rivarolo Mantovano. Y en 1624 se tiene noticia de la fundación del Monte de Volturara Appula, el primero surgido de la iniciativa personal, gracias a Michele Ajasso, agricultor local que cedió a los colonos pobres de la ciudad algunos terrenos rústicos para que se utilizaran como sementera.

La función principal del pósito era dar apoyo al ciclo económico propio del sector agrario, tan sujeto a la anualidad de las cosechas, al clima y a los riesgos generados por la sequía y los accidentes meteorológicos. Lógicamente, las operaciones de anticipo sobre documentos cambiarios o los préstamos simples no solventaban las necesidades del agricultor que, en ocasiones, más que dinero requería de grano para la siembra o de paja para mantener a los animales de labor durante el invierno. De ahí que el préstamo fuera de bienes más que de dinero.

Originalmente, los Montes Frumentarios italianos almacenaban el grano que provenía de la siembra y cosecha realizada en fundos comunales por campesinos que aportaban días de trabajo de modo gratuito a cambio de obtener, en caso de necesitarlo, préstamos o grano para poder sembrar en sus propios campos. Cuando en los silos se acumulaban grandes cantidades se vendían los excedentes en el mercado y con el dinero así obtenido se ponía en marcha un Monte Monetario al estilo de los Montes de Piedad que ya existían en toda Italia y cuyo objeto era prestar a los agricultores las cantidades necesarias para la explotación de sus campos con un interés que rondaba el 5%. De ese modo, los propios campesinos que formaban parte del Monte Frumentario cubrían sus necesidades de semilla, a veces alimento, y en estos casos, también las financieras.

En el préstamo de cereal en lugar de calcular intereses del modo financiero habitual el sistema era diferente. Se entregaba al agricultor el grano en medidas – fueran estas un serón o una cesta- llenadas a ras que se devolvían colmadas en el momento de la cosecha. De ese modo, el colmo del recipiente en el que se medía el grano equivalía al interés.

Al final, los Montes Frumentarios y sus secciones de crédito eran complementarios a las pequeñas casas de empeños y sobre todo, a los Montes de Piedad creados por los franciscanos y después por los municipios que operaban en las ciudades. El gran impulso a los Montes Frumentarios lo dio el Cardenal Orsini que siendo arzobispo de Benevento había fundado uno en 1694 al ser elegido Papa en 1724. Benedicto XIII ordenó a todos los obispos del centro y sur de Italia la fundación de Montes Frumentarios que suministraran alimento a los agricultores pobres que habrían de devolverlo en la época de la cosecha con un interés del 5%. También se establecía la obligación de nombrar anualmente uno o más administradores que rindieran cuentas ante la autoridad episcopal.

La idea, como no podía ser de otra manera, se extendió por toda Europa y el Nuevo Mundo y a ello dedicaremos las siguientes Notas.

Como vemos en esta pequeña semblanza, el crédito agrario, el microcrédito y tantas otras operaciones que nos parecen novedosas no lo son tanto.

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1 comentario

  1. […] nos habla de ello en su blog (absolutamente recomendable, por otra parte) cuando analiza los montes frumentarios […]

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