EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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TIEMPOS DE CAMBIO EN LA BANCA


El objeto real del negocio bancario no es el dinero, es el tiempo. Al fin y al cabo, el interés no es más que el precio que la banca nos cobra por el tiempo que va a esperar para recibir la devolución de un dinero que no tenemos y que nos va a permitir adquirir algo que necesitamos, o simplemente, deseamos. Pero no nos confundamos, aunque el negocio bancario parezca de grandes cifras, estas no son más que la acumulación de ingentes cantidades de pequeños importes. La banca real, más que hacer operaciones millonarias, hace millones de operaciones.

La mejor definición de banquero es aquella que lo retrata como un trapero del tiempo.

El beneficio de la banca surge de la diferencia entre los intereses cobrados por los préstamos concedidos y el coste del dinero adquirido. De esa cifra que es el Margen de Intermediación habrá que deducir los costes de la estructura, las amortizaciones, etc. hasta obtener el beneficio final de la actividad económica de una entidad. Pero si esa primera cifra es negativa, o simplemente baja o ajustada que diría un analista engominado, el beneficio se torna en imposible.

El mercado actual con los tipos de referencia cercanos a cero y una actividad económica que no acaba de arrancar, no parece el más idóneo para generar Márgenes de Intermediación saneados y mucho menos para garantizar rentabilidades. La única posibilidad de ganar dinero cuando los diferenciales son tan bajos es incrementar significativamente el volumen de actividad, es decir, aumentar el número de operaciones de crédito para repartir el riesgo pero no parece posible cuando el volumen total de créditos concedidos y el de los depósitos bancarios sigue cayendo. El primero por falta de demanda solvente y el segundo por la necesidad de empresas y familias de reducir su endeudamiento, la bajada generalizada de salarios y el uso del ahorro acumulado como último recurso para evitar el impago.

De hecho, aunque los beneficios de nuestras entidades estén aumentando y la morosidad haya caído sensiblemente, la banca española tiene muy debilitado el flanco de la rentabilidad. Por ese motivo, el Banco de España insiste en su último Informe de Estabilidad Financiera en la necesidad de modificar el modelo de negocio vigente en nuestro mercado bancario, a fin de adaptarse a un entorno cambiante y más complejo.

Nuestra banca soporta no ya un entorno de bajos tipos de interés que se extiende desde hace años, sino una pésima gestión de activos nacida en plena burbuja inmobiliaria que se agravó cuando los gestores de las entidades prefirieron adjudicarse inmuebles en lugar de buscar soluciones más imaginativas al enorme problema de impagos que generó el desempleo masivo provocado por la crisis económica. Esos ingentes activos improductivos consumen recursos – pagan impuestos municipales, cuotas de comunidad, gastos de mantenimiento – a la vez que su valor de mercado sigue cayendo, en parte por la atonía del mercado inmobiliario y también por su envejecimiento y abandono.

Los datos del Banco de España llaman la atención sobre el hecho de que la suma de activos morosos y adjudicados era, al cierre del primer semestre de este año igual a 224 mil millones de euros por lo que los activos mantenidos en balance y que no generan ingresos en la cuenta de resultados suponen el 8,7% del total.

Esa acumulación de datos explica con absoluta claridad el hecho de que la rentabilidad de la banca española considerada en su conjunto ronde el 5%, una cifra muy inferior a la recomendable que según el BCE está entre el 8% y el 10% para la mayoría de bancos europeos. Añadamos a todo ello la exposición de algunas entidades a la inestabilidad de los mercados emergentes en los que actúan, la evolución de la prima de riesgo pública y privada y la incertidumbre política derivada de las elecciones de diciembre y el maremágnum al que asistimos en Cataluña.

Por tanto, y como asegura el propio supervisor, la banca española deberá ajustar su modelo de negocio, su estrategia corporativa y su estructura a un entorno económico y regulatorio muy exigente. No olvidemos que muchas de estas alarmas son circunstanciales y otras podrían suavizarse en un entorno de crecimiento económico per la realidad es que le modelo bancario español parece agotado, antiguo y esclerotizado. La presencia bancaria a través de pequeñas sucursales situadas en cada esquina, con una imagen más cercana a la de un comercio que al de una empresa de servicios especializados debería desaparecer en los próximos años. En particular porque exige un enorme consumo de recursos con el consiguiente volumen de activos improductivos, personal poco cualificado y bajo valor añadido. La banca de los próximos años ha de explotar el uso masivo y habitual de la red como canal de distribución y la mejora permanente de su personal como asesor cualificado de particulares y empresas en el negocio financiero. O busca ese camino o desaparecerá y quedará expuesta en una sala del Museo Arqueológico de nuestra Memoria junto a las máquinas de escribir, las pizarras de tiza y las cartas de amor perfumadas que enviaban las volubles y delicuescentes damiselas del romanticismo diecimonónico.

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