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LAS COMISIONES, SÍNTOMA DE INEFICIENCIA BANCARIA


Hubo una época en la que los servicios bancarios eran gratuitos para los clientes. Los bancos se sentían intermediarios financieros y asumían que emitir o recibir transferencias, compensar cheques o administrar una cuenta eran parte de su trabajo. También es cierto que entonces el Diferencial de Clientela – el equivalente al margen comercial de cualquier empresa – era tan amplio que nadie se planteaba implementar medidas que mejoraran el beneficio de las entidades. Eran tiempos en los que se concedían préstamos al veinte por ciento a la vez que las imposiciones a plazo se remuneraban a un porcentaje del cinco o menos aún. En fin, son los años de los almuerzo de los Siete GrandesCentral, Hispano Americano, Banesto, Bilbao, Vizcaya, Popular y Santander – en los que se establecían los tipos en un oligopolio publicitado en los propios medios de comunicación.

Lógicamente, conforme la competencia apareció en el mercado, los tipos se estrecharon, bajando el precio de los préstamos y aumentando la rentabilidad de los pasivos bancarios. Además, la ampliación de la base de clientela y la acelerada informatización de las entidades, provocó que las transacciones se multiplicaran y que todo el mundo aceptara que era más lógico, justo y eficiente que cada cliente asumiera los costes del servicio recibido en lugar de que este se diluyera entre los intereses que pagaban el resto de la clientela.

A su vez, la banca española creó un modelo de proximidad que se convirtió, sobre todo en las Cajas de Ahorros, en una agobiante ubicuidad con sucursales cada pocos metros que ofrecían lo mismo, de la misma manera y con una reducida capacitación profesional en muchos casos.

Esa banca quebró con la crisis. El cierre de oficinas es una realidad incontestable. Sumida en una reconversión brutal fruto de una gestión ineficiente y suicida, la gran mayoría de Cajas de Ahorros sucumbieron y hoy, o son parte de redes bancarias o sobreviven rescatadas con dinero público. Incluso las honrosas excepciones se han bancarizado acabando con un modelo centenario de banca semipública y orientada hacia la reinversión de beneficios a través de su Obra Social hoy reconvertida en fundaciones.

Pero el resto del sistema – bancos y Cooperativas de Crédito – que también han sufrido la crisis, añaden, en los últimos tiempos, dos elementos más a la incertidumbre del modelo bancario español: la caída de tipos y la presencia, cada vez mayor, de usuarios de la banca electrónica.

Un Diferencial de Clientela mínimo genera un Margen de Intermediación insuficiente para asumir los costes de un modelo caduco. Aunque siempre habría margen, aún con tipos negativos; no olvidemos que la deflación no elimina los márgenes sólo baja los precios. La única opción que se le ha ocurrido a muchas entidades es incrementar las comisiones en precio y número en un camino de muy corto recorrido y que sólo de muestra la ineficiencia de algunas entidades y su falta de visión de futuro. Al fin y al cabo, si haces lo que hiciste siempre, no responderás a las nuevas necesidades del mercado. Nadie sigue alimentando con papillas y biberones a su hijo de quince años. Para los defensores del cobro masivo e indiscriminado de comisiones la Cuenta de Resultados generará un mayor Margen Ordinario que reducido por los Gastos de Estructura nos permitirá un Margen o Resultado de Explotación positivo. Pero eso sólo es la teoría. Y una teoría que no mira las consecuencias inmediatas de la decisión a la vez que olvida, en un análisis burdo,  de dos elementos cuyas reacciones no pueden dominar, los agentes de mercado – familias, empresas e instituciones públicas – y los nuevos competidores virtuales.

Los primeros van a decidir poco a poco y conforme se desapalanquen reducir su dependencia bancaria y mantener una cuenta cuando antes tenían varias y los segundos, que nacen sin estructura física que mantener se convertirán a poco que se superen los lógicos y naturales recelos a una nueva vía de distribución, en durísimos competidores.

La banca tradicional no tiene más remedio que reducir sus costes y acomodarse a la realidad virtual que se impone día a día. Y eso sólo puede conseguirlo con desarrollos informáticos potentes y sobre todo, rebajando su presencia física en las calles, asumiendo que donde hoy existen diez oficinas bastará con dos o tres; que no hace falta ocupar locales emblemáticos y carísimos en el centro de las ciudades y que lo que necesita la clientela son técnicos cualificados y no meros comerciales. Quienes apuesten por aumentar sus ingresos a base de comisiones por servicios difíciles de justificar y precios inasumibles por el mercado está claro que no van a superar esta recuperación aunque vadearan la crisis.

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