EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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MIÉNTEME, DIME QUE ME QUIERES


Publicado en Granada Hoy.

Coincidirán conmigo en que últimamente los españoles vamos más a votar que de boda. Y mira que nos gustan las bodas, los bautizos y las primeras comuniones que ya hasta las celebran por lo civil algunos Ayuntamientos de vocación laicista y anticlerical. Salvo que haya que repetir las catalanas, que podría ocurrir, lo cierto es que se va a dejar de convocar la fiesta de la democracia durante un tiempo y nos vamos a poder dedicar a otros menesteres más propios de nuestra condición; los políticos a gobernar o ejercer una oposición constructiva y los ciudadanos a trabajar y a intentar disfrutar de la vida. Ya se sabe que menos el jamón, todas las cosas buenas de la vida, si se repiten mucho, cansan.

Llevamos tanto tiempo en campaña que cuando se inició este período de locura electoral el líder del PSOE se llamaba Rubalcaba, el coordinador de IU tenía nombre de patricio romano, a UPyD la conocíamos como el partido de Rosa Díez, Ciudadanos solo existía en Cataluña y Podemos era el proyecto de unos veinteañeros radicales que se paseaban por las televisiones ensalzando la misma revolución bolivariana de la que hoy reniegan con cara de ofendidos. El único que pervive, inasequible al desaliento, es el presidente Rajoy que como en La rosa púrpura del Cairo, ha salido del plasma y se ha hecho real ante nosotros.

Uno supone que el elector es racional y coherente. Pero vistas las encuestas, lo dudo. Al parecer, y como ocurre desde siempre Spain is different. Lo habitual, lo normal, lo… no sé cómo expresarlo, ¿lógico?, sería que apreciaran a quienes encabezan la candidatura del partido de su preferencia. Pero no es así. La estimación de voto es inversamente proporcional a la valoración que los electores manifiestan por los líderes de los partidos. Nadie puede ver a Rajoy pero sigue encabezando las encuestas; a la mayoría le resulta maravilloso Alberto Garzón de Unidad Popular pero no lo va a votar ni su vecina de enfrente. Y eso que lo quiere como un hijo desde que era chiquitillo. Es tan difícil de entender como cierto. O hay un gen trágico en nuestro ADN o es que los perdedores nos provocan ternura. Aunque también es muy español eso de odiar al que manda porque va incluido en el puesto y además, lo lleva en el sueldo. Viendo que no les votan, me imagino a más de uno en plan Johnny Guitar suplicando entre susurros a los electores aquello de Miénteme, dime que me quieres.

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