EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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VENDEDORES DE HUMO


Emitido en La Mañana de COPE Granada.

Normalmente, en un día como hoy estaríamos hablando de la salud o de la suerte, según nos hubiera ido en el Sorteo de Navidad, nos desearíamos toda la felicidad del mundo, planearíamos un año 2016 lleno de buenas intenciones y retos a cumplir y nos daríamos una tregua navideña al estilo de las que se pactaban en la Edad Media. Pero el presidente Rajoy quiso que celebráramos unas elecciones generales cuatro días antes de Nochebuena y los españoles hemos decidido darles trabajo a los políticos eligiendo un Congreso más repartido que el Gordo de Navidad.

¿Adónde llegaremos con esta bicicleta?

¿Adónde llegaremos con esta bicicleta?

Así que estas Navidades habrá que dedicar más de una conversación a meditar sobre nuestro futuro como país y como sociedad. Y no me refiero sólo a que la Cena de Nochebuena o la Comida de Navidad se conviertan en un campo de batalla dialéctico al estilo de las tertulias políticas televisivas en las que el nieto podemita le amargue la noche al abuelo del Partido Popular mientras el primo que ha votado a Ciudadanos le afea al tío socialista la postura incomprensible de Pedro Sánchez. Y eso que estamos en Andalucía. Imagínense donde pueden acabar los típicos canelones del día de san Esteban en una casa catalana si además hay que compartir mesa y mantel con independentistas de todo cuño. Lo importante es que admitamos la situación que libremente hemos decidido entre todos y más que nada que seamos capaces de prescindir de lo accesorio a cambio de conseguir lo necesario.

Vienen tiempos de política, de política en mayúsculas. De saber cuál es nuestra fuerza y a cuantos compatriotas representamos. Tiempos de modestia y sensatez. De acuerdos, consensos y renuncias; de aparcar las diferencias aún las más grandes y aunar las coincidencias que son muchas. Todos anhelamos una sociedad mejor, más libre, más solidaria y más justa. Pero ese objetivo no será posible si pretendemos basarlo en el dogmatismo y la demagogia. Si queremos construir un país sin contar con una parte importante del mismo.

Por eso algunas estrellas mediáticas convertidas hoy en políticos han empezado muy mal. La misma noche electoral, el señor Pablo Iglesias – del que hemos hablado mucho y hablaremos más dada su inclinación a la inconsistencia intelectual – se descolgó con unas exigencias, no sé si fruto de su demagogia, de su afición a vender humo o de su desconocimiento de algunas cuestiones de primer curso de la misma licenciatura de la que se supone profesor. Plantear reformas constitucionales con la magra fuerza que supone tener un quinto del Congreso y una representación testimonial en el Senado no es de recibo. Pero si da vergüenza ajena escuchar a un profesor emérito de la Complutense vender humo con la misma facilidad que los chamarileros del oeste vendían crecepelo, más grima aún da ver a toda una legión de seguidores enfebrecidos jalear al líder y apoyar una reforma que resulta imposible sin el concurso del Partido Popular al que quieren dejar fuera de cualquier acuerdo condenándolo al ostracismo. Es inconcebible obviar los procedimientos constitucionales si queremos reformar la propia Carta Magna. Salvo que se proclame desde la demagogia de los mismos que van a llevar reinas magas en las Cabalgatas de Reyes de los barrios de Madrid y creen que con el veinte por ciento de los votos se ganan las elecciones.

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