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TIPOS NEGATIVOS, ¿FIN DEL NEGOCIO BANCARIO?


Hace ya unos meses comentábamos como nos estábamos introduciendo en el desconocido camino de los tipos negativos sin saber, exactamente, qué podríamos encontrarnos. Y como teorizar es gratis, leo con asombro que las sesudas mentes de J&P Morgan han concluido que los tipos de interés pueden caer en la Zona Euro hasta el –4,5% sin generar efectos secundarios palpables en el comportamiento de las personas. A ver, no creo yo que una reducción de tipos de interés por debajo del cero por ciento nos provoque a los europeos el mismo efecto que la luna llena a los licántropos y los mercados se llenen de aullidos quejosos y lastimeros.

Pero la teoría que como el papel, lo soporta todo, en este caso hace aguas. Cualquier bajada de tipos de interés reduce el endeudamiento de laos agentes económicos, aumenta la demanda de crédito y desincentiva el ahorro. Incluso, como en la banca clásica la relación entre préstamos y depósitos es asimétrica, el diferencial de clientela no ha de  evolucionar en paralelo y así lo explicamos hace ya algún tiempo en toda una serie de Notas.

EVOLUCIÓN TEÓRICA DEL DIFERENCIAL DE CLIENTES EN BAJADA DE TIPOS

EVOLUCIÓN TEÓRICA DEL DIFERENCIAL DE CLIENTES EN BAJADA DE TIPOS

Como se aprecia en el cuadro anterior, una entidad financiera puede mantener su Margen de Intermediación ajustando los tipos de remuneración del Pasivo y cobro de Activo. Además, y aunque no lo hemos recogido en la tabla por mero afán de sintetizar, la idea la caída de tipos elevará el crédito concedido, lo que a veces generará problemas de equilibrio aunque elevará la velocidad de expansión del dinero bancario.

Supongo que recuerden haber estudiado en el Bachillerato la famosa paradoja de Aquiles y la tortuga enunciada por Zenón de Elea: Aquiles decide competir contra una tortuga. Como se sabe más rápido, le da una gran ventaja. Así, Aquiles recorre la distancia que los separa inicialmente pero al llegar al punto de partida de la tortuga comprueba que está algo más adelantada. Sigue corriendo, pero al llegar a dónde estaba la tortuga ve que ésta ha avanzado un poco más. Por tanto, Aquiles no ganará la carrera, ya que la tortuga estará siempre por delante de él aunque sea un trecho infinitesimal. Pues bien, aunque parezca lógico es una paradoja porque la situación planteada contradice cualquier experiencia cotidiana: todo el mundo sabe que un corredor veloz alcanzará a uno lento aunque le dé ventaja.

Y aquí ocurre igual. Volviendo a la tabla de más arriba, ¿alguien cree que algún cliente estaría dispuesto a pagar el 5% de interés porque el banco le guarde su dinero, mientras su vecino recibe el 1,43% por la hipoteca que obtuvo para comprar su casa? No parece creíble, la verdad.

En una situación así, quien tenga dinero se comprará una caja fuerte y lo hará a plazos ya que devolverá menos de lo recibido al financiarse a tipos negativos. Incluso, con préstamos al cero por ciento, nadie depositaría su dinero en el banco más allá de para gestionarlo. La única opción que le quedaría a los gobiernos de cara a implementar una estructura bancaria tan surrealista como esta sería mediante la prohibición absoluta del uso de efectivo y una digitalización bancaria del mismo. Lo cual sería posible técnicamente aunque muy poco recomendable desde el punto de vista de las libertades individuales. De todos modos, una imposición como esa podría subvertirse gracias a la existencia de tarjetas de prepago o simples bonos de transporte que se convertirían en bienes preciados ya que evitarían la bancarización en plan Gran Hermano. Aunque en ese hipotético caso, no deberíamos descartar la reaparición del trueque.

Sin llegar a distopías futuristas, la realidad es muy clara, con tipos negativos, directamente, el crédito se reduce hasta desaparecer porque lo que sí hace el dinero gratis es impulsar la especulación a corto plazo de activos líquidos. ¿Para qué correr riesgos? El problema, como siempre, está en que toda virtud llevad al extremo se convierte en vicio. Porque si la austeridad es virtud y la miseria, vicio; igual ocurre con la generosidad y el despilfarro y los tipos de interés bajos y los negativos.

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