EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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ADVERSARIOS, NO ENEMIGOS.


Emitido en La Mañana de COPE Granada.

Nunca he sido muy partidario de los reconocimientos oficiales ya que salvo en contadas ocasiones, la unanimidad e incluso la mera mayoría favorable resulta casi imposible de obtener. Y por otra parte, basta con pasear por cualquier ciudad para comprobar cómo el tiempo nunca pasa en balde y lo que un día fue arrobo popular hacia algún patricio, artista, o personaje popular, años más tarde se troca en olvido. Podríamos hacer una larguísima ruta turística para conocer las lápidas dedicadas a ilustres personajes olvidados. Y del mismo modo que la amnesia y el abandono son la maleza que tapa los mármoles de homenaje a quienes despuntaron por sus virtudes humanas, profesionales o artísticas, suele ser el odio quien derriba los monumentos de quienes un día tuvieron la fuerza del poder y la ejercieron.

¿QUIÉN SERÍA MARCIANUS? MOSAICO DE LOS AURIGAS. MUSEO NACIONAL DE ARTE ROMANO.MÉRIDA (ESPAÑA)

¿QUIÉN SERÍA MARCIANUS? MOSAICO DE LOS AURIGAS. MUSEO NACIONAL DE ARTE ROMANO.MÉRIDA (ESPAÑA)

Es fácil entender que ningún país democrático homenajee a quienes han sojuzgado a sus compatriotas, cercenado sus libertades. Es comprensible que no se erijan monumentos a dictadores, asesinos o criminales de guerra. Pero lo que resulta sorprendente en una democracia es imponer las propias convicciones recurriendo a un sentir popular que es voluble y plural por naturaleza.

Quizá por ese motivo ha resultado inédito el linchamiento al que ha sido sometido el presidente del gobierno por parte de un ayuntamiento de la nueva izquierda, tan sectaria como cualquier otra, declarándolo persona non grata  en la ciudad de Pontevedra. En primer lugar, la trascendencia jurídica de la decisión municipal es nula. La libertad de movimientos de un ciudadano español es absoluta ya que es un derecho fundamental recogido en nuestra Constitución y sólo podría limitarla un juez y por motivos tasados en las propias leyes. Y por otra parte, sea cual sea el motivo que en este caso, es la renovación de una licencia de actividad a una fábrica de celulosa, difícilmente podría achacarse a una sola persona. Incluso aunque presida el gobierno de la nación ya que en un estado de derecho las concesión o renovación de licencias suele responder a las normas aprobadas.

Pero la forma es anecdótica, lo importante es el fondo de la cuestión. No se trata de canalizar un rechazo popular que en las democracias se expresa en las urnas, sino algo mucho más grave y propio de comportamientos dictatoriales de todo cuño: señalar al que piensa distinto como enemigo, en lugar de verlo como un mero adversario.

Los grandes dictadores del siglo XX quisieron cambiar la historia. Todos ellos borraron el rastro de los disidentes o sus propios errores. Franco ordenó volver a montar su película Raza para eliminar simpatías con el nazismo, una vez acabada la II Guerra Mundial; el propio Hitler borró de los libros a quienes como Ernst Röhm, el líder de la SA y compañero de los primeros días, habían organizado la más mínima oposición al líder; Stalin acabó eliminando a Trotsky hasta de las fotografías a la vez que llenaba de opositores los gulags de Siberia y Mao no dudó en masacrar a sus propios compañeros de fatigas revolucionarias durante la llamada Revolución Cultural de los años sesenta.

Cuando no somos capaces de admitir que la libertad ha de ser para todos y no sólo para nosotros empezamos a abandonar el sendero de la democracia y nos adentramos en la jungla del totalitarismo. Cuando una sociedad empieza a ver al adversario político como enemigo a abatir, está sembrando la semilla del odio. Porque el totalitarismo no entiende de matices, o se aceptan íntegramente todos sus postulados o te conviertes en su enemigo, incluso en este momento de presencia, aún débil, de una izquierda radical y con tintes totalitarios como la que representa Podemos y su cohorte de acólitos anticapitalistas, antisistema y ante todo, antis.

Por eso, cuando el pleno del Ayuntamiento de Pontevedra declaró persona non grata al presidente Rajoy o cuando el alcalde de Cádiz se niega a entregar el Premio Libertad a los opositores al régimen bolivariano de Venezuela, sólo están degradando la democracia y señalando al enemigo.

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