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¿A QUIÉN PAGO PRIMERO?


Cada vez que una empresa sufre tensiones de liquidez se presenta, ante su equipo directivo, el mismo dilema, ¿a quién pago antes? Es claro que cuando no se dispone de suficiente dinero para atender la obligaciones de la compañía hay que determinar el orden de pago o, cuando menos, las prioridades a cubrir. Como señalamos en otra de estas notas dedicada al ciclo de tesorería la gestión del efectivo, a la hora de los pagos, se reduce a cuatro grupos muy definidos: Proveedores y acreedores; Trabajadores; Administraciones Públicas y Entidades financieras.

En condiciones normales, pagar en plazo no sólo es lo recomendable por cuestiones de ética empresarial y buena relación mercantil con entidades públicas y privadas sino que además es síntoma de una correcta gestión de la tesorería. El Director Financiero que paga tarde pudiendo hacerlo en plazo no pasa de ser un timador de tres al cuarto que como suele ocurrir en todo timo acaba siendo timado. Aplazar el pago habitualmente supone generar gastos con los bancos, sanciones con las administraciones públicas, encarecimiento de los precios de nuestros proveedores y mal ambiente entre nuestros trabajadores. Sin olvidar el coste reputacional que nos acaba convirtiendo en veneno para el mercado.

Lo primero que hay que hacer cuando surgen las tensiones de tesorería es analizar durante que período van a mantenerse y buscar financiación bancaria para superarlas. Ninguna entidad financiera sensata se negaría a cubrirnos esos desajustes de tesorería si somos capaces de explicar su causa, justificar la devolución de las cantidades solicitadas y garantizarla de alguna manera satisfactoria para ambas partes.

Aún así, es posible que las tensiones persistan o que, de modo concreto no haya capacidad de cubrir todas las necesidades. En ese caso, ¿en qué orden debemos pagar a proveedores, administración pública, bancos y trabajadores?

Muchos empresarios prefieren pagar al estado antes que a nadie para evitar problemas con Hacienda y Seguridad Social pero olvidan que ambos tienen establecidos legalmente sistemas de aplazamiento y que siempre estarán abiertos a negociar calendarios de pago si se les garantiza su cumplimiento. Lo que no aceptarán es que vayamos en plan plañidera a contarles penas admitiendo que no podemos pagar, sobre todo si llevamos un reloj de tres mil euros o acabamos de volver de vacaciones y lo vamos contando. Y les aseguro que no exagero.

Otros en cambio anteponen a los bancos. Es cierto que pagar tarde al banco genera problemas pero también lo es que nuestras necesidades de financiación son su negocio. En este caso, nunca está de más hacer de la necesidad virtud y obtener algún beneficio del problema.

También hay empresarios que sacralizan a los proveedores y temiendo que dejen de suministrarles, lo que ocurre con los de servicios básicos – luz, agua, teléfono, etc. – pero no con el resto que son, además, a quienes más adeudaremos, los anteponen a cualquier otro acreedor.

Desgraciadamente, son muy pocos los que ponen a la cabeza a los trabajadores. El argumento principal es aquel de que todos vamos en el mismo barco y todos debemos asumir esta situación y bla, bla, bla…

Veamos ahora los pros y contras de cada grupo. La administración pública nos sancionará y cobrará intereses pero de todos es sabido que antes de provocar el cierre de una compañía negociará cualquier solución. Si no fuera así, no existiría la famosa lista de morosos de hacienda o Lista Montoro.

Los bancos puede que nos cobren gastos e intereses pero antes de llevarse toda nuestra deuda a clientes dudosos o morosos y tener que dotarla serán receptivos ante cualquier solución razonable de aplazamiento, refinanciación o reestructuración.

Los proveedores dependen de nosotros y si nos cortan el suministro difícilmente serán bien recibidos cuando nos hayamos recuperado. Esa es una regla clásica y básica del mercado.

¿Y los trabajadores? Por si no los recuerdan son esos tipos que generan ingresos a la empresa a diario; esos a los que el mal Director General, después de bajarse del coche que le paga la empresa, suele arengar pidiéndoles un sacrificio ante la situación de falta de efectivo; los mismos que cuando sobran no hay reparos en echarlos, los que…si no cobran bajaran su productividad con todo el derecho del mundo y nos empujarán al abismo.

Entonces, ¿qué hacemos? Pues, lógicamente, pagar antes que a nadie a los trabajadores, después a los proveedores, en tercer lugar a los bancos y por último a la administración pública. Cualquier otro orden, también puede salir bien, pero a corto o largo plazo, es pegarse un tiro en el pie.

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