EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

Inicio » Cuaderno de Bitácora » ¿Y eso de gestionar? » PREOCUPARSE… ¿AYUDARÍA?

PREOCUPARSE… ¿AYUDARÍA?


El puente de los espías (Steven Spielberg, 2015) cuenta la historia del abogado neoyorkino James B. Donovan que tras hacerse cargo, en 1957, de la defensa de Rudolf Abel, un espía soviético nacido en Inglaterra y de origen ruso-alemán cuyo verdadero nombre era Vílyam Fisher, se vio involucrado en la negociación que llevó a su intercambio en 1962 con Gary Powers, piloto del avión espía U2 y Frederic Pryor, un estudiante estadounidense detenido en el Berlín Este y acusado falsamente de espionaje por el gobierno comunista de la RDA.

A lo largo de la película, la mano maestra de Spielberg nos presenta a una serie de personajes que aún viviendo situaciones absolutamente críticas y de riesgo extremo no abandonan la flema, ni dejan de recurrir al raciocinio y al análisis, ni pierden su capacidad de gestión; actitudes todas ellas muy necesarias cuando se trata de resolver problemas con cierta garantía de éxito.

EL VIEJO CHECKPOINT CHARLIE EN LA FRIEDRICHSTRASSE. BERLÍN (ALEMANIA)

EL VIEJO CHECKPOINT CHARLIE EN LA FRIEDRICHSTRASSE. BERLÍN (ALEMANIA)

No olvidemos que la historia se desarrolla en plena Guerra Fría. El año anterior al de la detención del coronel Abel acontecieron las revueltas de Poznan y el octubre polaco, los tanques soviéticos habían invadido Hungría aplastando la revolución y sólo unos meses después del canje de prisioneros llevado a cabo en el puente Glienicke y en el archifamoso Check Point Charlie, se desató la crisis de los misiles de Cuba que puso al mundo al borde de una contienda nuclear.

Quizá por eso, por contraponer situaciones realmente críticas con nuestros pequeños problemas de gestión diaria en cualquier empresa, tiene un enorme interés poner en valor y analizar la respuesta que el coronel Abel, excepcionalmente encarnado por el justamente oscarizado Mark Rylance da a su abogado – un siempre magnífico Tom Hanks – cuando le pregunta ¿usted no se preocupa? o ¿no está usted preocupado? y que es tan concisa y efectiva como esta otra pregunta: ¿ayudaría?

Ante los problemas, una vez determinada su causa, no hay más que dos actitudes posibles y ninguna es preocuparse o perder la calma. La primera es extirparla y la segunda aprender a convivir con ella, sea manteniendo un equilibrio en tensión, obviándola o hacerla propia. La convivencia siempre es compleja y hay demasiadas maneras cotidianas de afrontarla.

El coronel Abel sabe cuál es la causa principal de su incómoda situación – está en la cárcel por espía con una larguísima condena por cumplir – y que para solucionarla no tiene más que dos opciones. La primera, extirparla, en su caso colaborar con la CIA, le resulta inadmisible y contraria a sus principios. Por tanto, sólo le queda aceptar la segunda, convivir con ella y admitir que salvo que ocurra un milagro o se dé una situación propicia como la caída en territorio soviético del U2 pilotado por el capitán Powers, la posibilidad de salir de prisión era, simplemente, ninguna.

Cuando la gestión general de una empresa, de sus equipos humanos o de sus finanzas nos exige tomar decisiones lo único que debe ocuparnos – nunca preocuparnos – es analizar ágilmente, decidir con rapidez y actuar con decisión. El resto son florituras. Preocuparse es perder el tiempo y como bien señala el coronel Abel, no ayuda. El único objetivo es obtener el resultado que se busca y para ello sólo sirve la eficiencia, conseguir el mejor resultado con el menor coste de tiempo y recursos.

Sin embargo, gran número de directivos adolecen de un exceso de somatización de las situaciones empresariales que deben afrontar hasta el punto ser capaces, figuradamente, de bailar claqué sobre la mesa de su despacho después de conseguir un buen contrato o, en caso de frustrarse la firma, arrastrarse como alma en pena por los pasillos de las oficinas luciendo el mismo semblante que un condenado a garrote camino del patíbulo. Ambas escenas transmiten al resto de la compañía sensaciones erróneas y terminan provocando una repercusión muy negativa. Es evidente que no responden a la realidad porque esta nunca es tan extrema pero llevan a todo el personal a sufrir la sensación de vivir en una auténtica montaña rusa de sentimientos propiciada por la ciclotimia de quien ha de liderar el equipo.

Es claro que ni la euforia ni la depresión son estados recomendables cuando de tomar decisiones se trata. Así que ante cualquier crisis lo mejor es ocuparse, no preocuparse y antes de transmitir a quienes nos observan cualquier actitud o gesto innecesario, preguntarse: ¿ayudaría?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: