EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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UN SIGLO ES DEMASIADO TIEMPO PARA PAGAR


Un siglo siempre ha sido un período de tiempo muy largo, incluso para la historia de un país. Hace cien años, en 1916, la Vieja Europa se agotaba en una larga guerra de trincheras. En Viena moría Francisco José, Emperador de Austria y último representante de una dinastía, los Habsburgo, que había protagonizado medio milenio de la historia de Europa mientras en Irlanda, el Alzamiento de Pascua acababa en medio de un derramamiento de sangre.

JORGE V Y NICOLAS II, DOS PRIMOS CASI IDÉNTICOS EN SU ULÑTIMA FOTO JUNTOS DE VACACIONES EN LA ISLA DE WIGHT EN 1916.

JORGE V Y NICOLAS II, DOS PRIMOS CASI IDÉNTICOS EN SU ULTIMA FOTO JUNTOS DE VACACIONES EN LA ISLA DE WIGHT EN 1916.

En 1916, el rey de Inglaterra, el káiser alemán y la esposa de Alfonso XIII eran nietos de la reina Victoria de Inglaterra que también era pariente del rey de Bélgica. Jorge V y el zar de Rusia eran primos hermanos y parecían gemelos. A su vez, el Emperador de Austria era familiar del rey de España y ambos lo eran del de Italia. Hoy, a lo más, los jefes de gobierno pertenecen a partidos políticos de similar ideología.

En 1916 Irlanda, Malta y Chipre eran parte del Imperio Británico; Austria, Croacia, Eslovenia, Eslovaquia, Hungría y la República Checa pertenecían al Austrohúngaro; Estonia, Letonia, Lituania y Finlandia eran súbditas del zar de todas las Rusias y Polonia estaba partida entre sus tres grandes vecinos y orbitaba entre Viena, Berlín y San Petersburgo.

Las fronteras de Alemania eran distintas a las actuales y es curioso recordar que a la caída del Imperio desaparecieron también los reinos de Prusia, Baviera, Sajonia y Wurtemberg cuyos monarcas encabezaban sus propios estados dentro del II Reich. Hace un siglo, la Alsacia y la Lorena no eran francesas, sino alemanas, el Alto Adigio era parte del Tirol austríaco y el Papa se declaraba prisionero de Italia.

Dos años después, finalizaba la Gran Guerra y con ella se disgregaba el Imperio Austrohúngaro y el II Reich Alemán. Nacía Austria como república y aparecían nuevos países como Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, Finlandia o las Repúblicas Bálticas. La Santa Rusia se hacía comunista y el secular Imperio Otomano se derrumbaba sembrando de escombros el cercano Oriente.

Poco después, en 1922, Irlanda se separaba del Imperio Británico y Mussolini conquistaba el poder tras la Marcha sobre Roma. La crisis económica y el crack del 29 empujaban el ascenso de los totalitarismos fascistas y otro conflicto de enormes consecuencias se gestaba en Centroeuropa, mientras España se desangraba en una cruel guerra civil. La invasión nazi de Polonia puso fin al expansionismo alemán que había terminado con Checoslovaquia y marcó el inicio de un III Reich con vocación hegemónica que iba a durar mil años y desapareció tras una devastadora guerra de seis.

El fin de la II Guerra Mundial fue también el de los imperios coloniales. Surgieron decenas de nuevos países. Alemania fue dividida en cuatro zonas y después en dos estados. La India se partió en dos el mismo día de su independencia. Y Pakistán volvió a dividirse una veintena de años después. Hoy hay dos Chinas, dos Coreas y dos Sudán y Vietnam fue uno, dos y otra vez, uno.

Tras el final de la II Guerra Mundial, las potencias europeas perdieron su influencia universal y crearon la CECA, origen de la actual UE. Corea fue el primer latigazo de la guerra fría y tras ella, como en una triste salmodia, vinieron las múltiples guerras coloniales, la de Vietnam y hasta la guerra del fútbol que enfrentó a los ejércitos de El Salvador y Honduras. Mientras tanto, el mundo entero vivía una guerra fría que coqueteó con el conflicto nuclear durante la crisis de los misiles de Cuba, entre las democracias occidentales y las dictaduras comunistas que orbitaban alrededor de Moscú. El fascismo portugués cayó un 25 de abril, bajo las notas de Grandola, vila morena y con los fusiles cargados de claveles. Un año después, la dictadura de Franco se apagaba en la fría cama de un hospital madrileño.

La caída del Muro supuso la aparición de nuevas naciones en el mapa de Europa; Checoslovaquia se dividió en dos y Yugoslavia en siete. Estonia, Letonia y Lituania volvieron a ser independientes y la otrora poderosa URSS se deshizo en un buen puñado de repúblicas más o menos orgullosas de su pasado y en muchas ocasiones enfrentadas.

Volviendo a 1916, el cine era mudo, no existía la televisión, los coches eran un artículo para millonarios y al Ford T le quedaban once años para salir al mercado. En la economía se oponían el proteccionismo y el librecambio y el comercio internacional era testimonial si lo comparamos con el actual. Los bancos eran empresas pequeñitas y casi familiares y la deuda pública se gestionaba en mercados estrechos y limitados y la Bolsa era una reunión de amigos que compraban y vendían títulos de la misma manera que se empezó a hacer a principios del siglo XVII en Amsterdam.

Sin irse tan lejos, hace veinte años no existía internet y hace cincuenta, la Iglesia Católica clausuraba el Concilio Vaticano II.

Y dirán ustedes, ¿a qué viene esta letanía?

Pues a que Francia, gracias a los bajísimos tipos de interés actuales se ha animado a lanzar deuda a 20 y a 50 años mientras que Irlanda, la verde Erin de los cantos celtas, los ha emitido a cien años al igual que hicieron Bélgica o México hace un año. Lo increíble es que a pesar de la reducida rentabilidad que ofrecen los bonos para sus plazos de vencimiento, Francia ha recibido peticiones de 11.000 millones de euros a 20 años y 6.500 millones para las obligaciones a 50 años. Bélgica colocó 50 millones e Irlanda pagará el 2,35% por 100 millones de euros.

Así que, de aquí a nada, veremos emisiones de deuda perpetua ya que, al parecer, los inversores no fueron al colegio el día que se explicó la historia del siglo XX. Aunque también es posible que les resulte indiferente quien va a recuperar la inversión en 2116. Ellos estarán muertos, nadie puede asegurar que los emisores pervivan y los que pagarán los vencimientos con sus impuestos, aún no han nacido. Pero no nos alarmemos, al fin y al cabo, esto no es más que otra patada a seguir en el proceloso mundo de la deuda pública, infinita e impagable.

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3 comentarios

  1. Hola Luis.

    Un artículo interesantísimo (como siempre, jeje). Tengo una duda ¿Quién querría invertir en algo pagadero a 100 años? ¿están anticipando los inversores un periodo largo de deflación?

    Muchas gracias!!

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    • Gracias Carlos. Realmente, lo que busca el inversor a un plazo tan largo es el tipo, muy superior al actual de mercado. Al ser títulos que cotizarán en un mercado secundario podrá venderlos en cualquier momento con el correspondiente descuento. En puridad, sólo interesaría a Compañías de Seguros o Fondos de Pensiones. Aún así, el riesgo político es excesivo ya que en un siglo, el mundo puede cambiar mucho. De todos modos, recuerda demasiado a la Deuda Perpetua – de la que dimos una pincelada aquí – que era aquella sin plazo de amortización fijo y que el emisor recuperaba ad libitum. Este caso es parecido ya que el propio estado podría recomprarla en el mercado y ganar dinero. Si el tipo sube, la comprará por debajo del nominal y puede hasta salirle gratis la financiación. Es más el riesgo para el inversor que para el emisor.
      Lo malo de la deflación que es la otra posibilidad que anime al inversor a comprar estos títulos es que no sabemos, realmente, como funciona en una economía como la nuestra. De darse ese caso, el riesgo no estaría en el pago de intereses sino en la posibilidad de quiebra del estado emisor que se agravaría.

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  2. misael dice:

    D. Luis,

    Vaya por delante que yo no soy un “experto” en cuestiones económico-financieras… ni siquiera un neofito… sólo un pobre advenedizo…. pero me atrevería a decir (qué atrevida es la ignorancia) que no creo que haya muchos ciudadanos “de a pie” comprando bonos a 100 años.

    Mucho me temo que esto, como vd. dice, sea una nueva patá palante a la pelota, nuestra economía es puro rugby, dada por nuestras simbioticas instituciones: yo te compro a ti deuda por la puerta de atrás y tu me rescatas sin alaracas ni encarcelamientos. Ya sabe vd… estos ya se acuerdan entre ellos, ya se consensuan ellos sólos las cosas… que no pare el dialogo.

    Se trataría pues de que la orgía de deuda soberana continue, sólo es necesario ser “creativos” y encontrar el cómo… y el que venga detrás, esos ciudadanos del año 2116, que arreen y sino les parece bien pues que ahonden.

    Saludos cordiales.

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