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BLANCO, DELGADO Y CATÓLICO


Publicado en Granada Hoy.

Aunque les parezca raro, el título de esta columna no es el de una nueva serie biográfica sobre los Kennedy que además de ser de Boston (Massachusetts), eran ricos y atractivos. Según publican diversos medios, el Ayuntamiento de Getafe tiene previsto aprobar el miércoles el Manifiesto por el Día del Orgullo LGTB+ – no me pregunten qué significa aquí el signo más porque no he llegado a averiguarlo – redactado por diversos colectivos y en el que se establece un perfil psicológico del homófobo, llegándose a la conclusión de que es el de un varón blanco, delgado y de la fe mayoritaria que es la forma de nombrar a un católico en estos tiempos de corrección política, en el lenguaje del amigos y amigas, todos y todas y tontos y tontas. Para los ilustres investigadores getafenses, el homófobo es además, de clase media o alta, sin diversidad funcional y joven. Al parecer, ser rico genera fobias y los vejetes de boina, garrota y tabaco de liar son la mar de tolerantes con estas cuestiones.

No sabía que Getafe era nuestro Quantico, ni que disponía de su FBI marca España, ni que había implementado su propia Unidad de Análisis de Conducta, ni que había definido este ofender profilling del homófobo en plan lo que no me gusta es malo porque lo digo yo.

Reconozco que a mí no me viene mal que los  homófobos sean blancos, delgados y católicos. El color de la piel, rayos UVA y bronceados aparte, es difícil de obviar y la fe, adquirida en mi familia desde niño y vivida a lo largo de los años, me parece imposible de apostatar. La ventaja, como comprenderán, está en la delgadez; a  ver quién me dice ahora que pierda esos kilitos de más teniendo en cuenta el enorme riesgo de rechazo social que provocaría esa homofobia inducida que me causaría la delgadez. Así que fue leer la noticia y pedirme una botella de vino de Montilla, un salmorejo y un plato de jamón ibérico. Y no porque me apeteciera, sino porque a mí no me gana nadie en cuestiones de corrección política.

Y es que la televisión está haciendo mucho daño a nuestro intelecto. Me cuentan los que ven los nuevos canales de TDT que ya no queda una sola casa sin reformar en Canadá ni gente con ganas de mudarse. Pero mejor no me disgrego, aunque el café y los apperley de fresa me empujen a ello. Volvamos al asunto de los homófobos blancos, delgados y católicos. O mejor no, que me da la risa. Y es que ante tanta sandez, más vale reír que llorar.

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