EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LA HUCHA DE LAS PENSIONES NO ES EL PROBLEMA.


Ha sido noticia, y más que noticia arma arrojadiza entre los diversos partidos políticos, el hecho de que el gobierno haya recurrido al Fondo de Reserva de la Seguridad Social – conocido popularmente como Hucha de las Pensiones – para poder hacer frente al pago de la pensión extraordinaria de verano. Y a partir de ese hecho, absolutamente normal por otra parte dado el objetivo del propio Fondo, hemos asistido a un ridículo toma y daca de descalificaciones y navajeo político en todos los foros imaginables que puede ser que aporte viveza al agalbanado ambiente estival pero que en ningún caso eleva el nivel de debate ni mucho menos busca soluciones al evidente problema de financiación de nuestro Sistema de Pensiones.

Que el saldo vivo del Fondo de Reserva se esté reduciendo en plena crisis sólo refleja que su puesta en marcha tras los acuerdos del Pacto de Toledo fue más que acertada, necesaria. La aportación inicial – 601 millones de euros – se realizó en el año 2000; a esa cifra se fueron añadiendo los excedentes de recaudación y los intereses devengados por las inversiones del propio Fondo, por cierto, demasiado centradas en nuestra propia Deuda Pública, y el saldo vivo de la mitificada hucha llegó a alcanzar una cifra cercana a los 66.000 millones de euros que hoy, tras las diversas retiradas de fondos, necesarias durante esta larga época de crisis, asciende a 25.176 millones.

Hay que dejar claro que como nuestro Sistema de Pensiones es de reparto, el Fondo se nutre del sobrante mensual que se produce si deducimos a las cantidades recaudadas, los pagos de compromisos por pensiones. En tiempos de crisis, parece difícil, cuando no imposible, que la caída de cotizantes pueda dar lugar a ningún tipo de excedente. Aún así, si la actividad mejora el proceso podría revertir y permitir que el Fondo de Reserva volviera a crecer o al menos, no fuera necesario recurrir al mismo para cumplir con los pagos por pensiones.

Por tanto, la conocida Hucha de las pensiones y su uso previsto, no son el problema sino la solución a los naturales desajustes de tesorería propios de un sistema de reparto que depende absolutamente del ciclo económico.

Ahora bien, si los políticos, los militantes de los partidos y su cohorte de palmeros, fanáticos y hooligans que se han dedicado estos días, unos a ensalzar al gobierno del PP por su política económica y otros a tacharlo de mal gestor por el uso del Fondo, hubieran utilizado la cabeza, parafraseando a Machado, para pensar más que para embestir, se habrían percatado de que el problema que deberíamos debatir es mucho más profundo que una cuestión meramente coyuntural como es la de pagar la pensión de extraordinaria de verano.

Sería interesante analizar en qué se invierten los recursos del Fondo de Reserva ya que a la fecha lo están mayoritariamente en Deuda Pública española lo que supone una cierta irresponsabilidad por dos motivos: la concentración de riesgos y la utilización de ese dinero destinado a las pensiones como medio de financiar el déficit del estado. Cualquier inversor preferiría diversificar sus inversiones y mantener una cartera con Deuda Pública de distintos estados, a ser posible con calificación Triple A.

Por otra parte, el gran debate de fondo es el de buscar solución a un problema evidente; con una población envejecida, con una esperanza de vida cada vez mayor y una vida laboral efectiva más corta que la de las generaciones anteriores estamos ante un sistema que colapsará en algún momento y que se ha ido manteniendo a base de parches y remiendos. Es necesario incentivar el ahorro finalista sea mediante planes de pensiones privados o cualquier otro sistema que permita generar a los futuros jubilados rentas complementarias. También es muy importante permitir que pueda compatibilizarse el trabajo por cuenta propia o ajena con el cobro de una pensión de quienes han cotizado un determinado número de años. Y sobre todo, lo que es absolutamente imprescindible es reformar nuestro mercado de trabajo para que gane en eficiencia, aumente el número de puestos de trabajo, eleve los salarios y logre incrementar la recaudación de cuotas de Seguridad Social. Porque lo que más necesita nuestra economía es eficiencia.

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