EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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EL CHASCO DE LA MODERNIDAD.


Supongan que reciben una invitación para asistir a una cena de gala en Palacio. Abrirían el sobre con cierta emoción, a la vez que reparo, comprobarían que no hay error alguno en el nombre que, con elegante caligrafía aparece en la misma y llamarían al número que aparece junto a las letras S.R.C. (Se Ruega Confirmación) con la autoestima por las nubes que se dispararía hasta la estratosfera cuando la educada y encantadora voz que les atendiera al otro lado del hilo telefónico les manifestara, muy diplomáticamente, que Sus Majestades estarán encantados de compartir la velada con usted y su acompañante.

PALACIO RESIDENZ. MUNICH (ALEMANIA).

PALACIO RESIDENZ. MUNICH (ALEMANIA).

A partir de ese momento, le imagino buscando un frac o un traje largo y organizando todos los detalles para ese día inolvidable en el que, cogidos del brazo, subirán las escaleras de Palacio entre dos hileras de gallardos alabarderos vestidos de gala, mientras el aire se perfuma del aroma de las rosas que adornan mesas y aparadores y el murmullo de los invitados se corta en el instante en el que el cuarteto de stradivarius de Palacio lanza las primeras notas de la Marcha Real.

Imagínense sentados a la mesa ante finos manteles centenarios de hilo de Alcoy adornados con centros de flores. Piensen en la vajilla de porcelana de Santa Clara con las iniciales de los reyes entrelazadas en oro, los bajoplatos y la cubertería de plata y la cristalería de Bohemia y figúrense a los lacayos vestidos a la federica portando las pesadas bandejas de plata con las más ricas viandas que se descubren ante sus ojos …

No. Supongan que al mostrarle las bandejas lo que hay en ellas son sandwiches preparados de esos que compramos envasados para una urgencia en las máquinas expendedoras de un aeropuerto. El chasco será monumental aunque el elegante lacayo palaciego le indique que puede escoger entre el mixto de jamón y queso o el vegetal de lechuga salmón y huevo duro.

Pues algo así, aunque debo confesar que menos exagerado me ocurrió hace unos días cuando fui a renovar el DNI y el Pasaporte. Solicité la cita previa por internet y allí me presenté en hora. Confirmé la cita al momento, entré, me atendió un funcionario amabilísimo que me entregó los nuevos documentos en unos minutos y…

Me llevé el chasco más grande que podía imaginarme: había que pagar en efectivo. Y claro, uno que está acostumbrado a pagar con tarjeta desde hace un cuarto de siglo, no se esperaba que una gestión realizada íntegramente a través de internet tuviera como colofón un sándwich mixto en forma de pago en efectivo. Hube de disculparme, pedir al solícito funcionario que me permitiera salir a la calle en busca de un cajero automático porque tampoco había ninguno dentro de las dependencias de la policía. Volví al rato, un tanto abochornado, a cumplir con la obligación de abonar las correspondientes tasas de expedición en billetes y monedas del mismo modo que lo hubiera hecho hace un siglo.

Este tipo de incongruencias son las que nos demuestran que la Administración Pública no se moderniza con un plan medido y estudiado al detalle que permita avanzar hacia esa administración electrónica que todos anhelamos porque situaría en la misma pantalla de nuestro ordenador una ventanilla única de gestión. Resulta difícil de entender que todos los trámites habituales con la Hacienda Pública puedan realizarse telemáticamente en tanto que los juzgados y tribunales carezcan de un sistema ágil y eficaz que obliga a los funcionarios de justicia a seguir trabajando entre montañas de legajos atados con cintas de chamberga como los covachuelistas de la Restauración borbónica que tan bien retrata Pedro Antonio de Alarcón en su novela El clavo, llevada magistralmente al cine por Rafael Gil con Amparito Rivelles y Rafael Durán como pareja protagonista. O que aún haya Ayuntamientos cuyas páginas web parecen un tablón de anuncios de actividades lúdicas y en los que es imposible encontrar el presupuesto del ejercicio y mucho menos su aplicación hasta la fecha de consulta.

Y es que el problema de nuestros políticos respecto a la Administración y a la gestión de lo público es que visten a los lacayos a la federica para seguir ofreciéndonos sándwiches mixtos o a lo más, de lechuga, salmón y huevo duro.

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