EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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DIPUTADOS JABALÍES


Emitido en La Mañana de COPE Granada.

CADA UNO A LO SUYO. CARRIL-BICI. GRANADA (ESPAÑA)

CADA UNO A LO SUYO. CARRIL-BICI. GRANADA (ESPAÑA)

En las viejas Cortes de la Restauración se llamó jabalíes a esos diputados que fuera quien fuera el político que se dirigiera a la Cámara e independientemente del asunto que se estuviera tratando, interrumpían el discurso con silbidos, pataleos y estentóreos gritos de me opongo, señor presidente, me opongo.

Lógicamente, su actuación era más cercana al vodevil que a la acción política y los resultados que se deducían de la misma no eran más que bloqueos institucionales y perjuicios para la ciudadanía.

Si tuviéramos que explicar a algún visitante foráneo nuestra situación política actual tendríamos que empezar por reconocer la especial idiosincrasia de nuestra sociedad. España es el país de lo absoluto; parecemos incapaces de transitar a lo largo del enorme espacio que se abre entre la fidelidad inquebrantable y la cordial y ardiente enemistad. Por ese motivo, nuestra historia es pendular y salvo honrosas excepciones, como la acaecida en los años de la Transición democrática, a la que ahora se tilda injustamente de pasteleo, hemos ido del blanco al negro sin solución de continuidad. Si a esa triste faceta de nuestro carácter nacional sumamos el ridículo adanismo que nos lleva a pensar que el mundo no existió antes de nuestra llegada y la absurda tentación de todo político español, desde el último concejal de aldea al presidente del gobierno, por dejar una huella indeleble de su paso por el cargo podremos entender que la mayoría de nuestros políticos quieran, tras dos convocatorias electorales en seis meses, situarse en la oposición. Algunos, algo más aseaditos adjetivan la oposición como constructiva, en tanto que otros, en el más puro estilo hispánico de la política dejan clara su oposición frontal a todo lo que haga el gobierno.

Resulta triste tener que recordar que la oposición parlamentaria sólo puede serlo a un gobierno, ni al viento que sopla en las altas cumbres del pirineo, ni a la lluvia que cae morosa sobre la llanura manchega, ni a las olas gigantes que rompen bravías contra los malecones del cantábrico, ni… a nada que no sea un gobierno parlamentario.

Por eso, es ahora cuando ese supuesto amigo extranjero nos preguntaría, ¿ejercer la oposición, a quién? ¿A qué gobierno? Y nos recordaría que no hay gobierno, ni podría haberlo en estas circunstancias. Estoy esperando que el señor Rajoy manifieste también su intención de ocupar los bancos de la oposición. A partir de ese momento, pasaremos a ser la única anarquía del mundo con oposición parlamentaria.

Al fin y al cabo, si con Franco fuimos un reino sin rey, ¿por qué no podríamos tener ahora una oposición parlamentaria sin gobierno? Sobre todo porque lo que mejor sabemos hacer los españoles es oponernos, aunque nos puede pasar como a aquellos cinco exaltados diputados de las Cortes de la II República que se acercaron a saludar a Unamuno, que lo era por Salamanca, y en el pasillo del Congreso le dijeron: Don Miguel, aquí tiene usted a los cinco jabalíes de la Cámara, a lo que el ilustre profesor contestó sin inmutarse: Imposible, los jabalíes van solos o en parejas. Los que van en piaras son los cerdos.

 

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