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NI EL DÍA, NI LA HORA


Publicado en Granada Hoy El Día de Córdoba.

Nadie puede negar que Ciudadanos haya dado un paso al frente estableciendo unas pocas y más que asumibles condiciones para negociar su apoyo a un posible gobierno. Lo que resulta extraño es que el mismo Albert Rivera que estuvo dispuesto a gobernar con el PSOE y con Pedro Sánchez – que según amanezca el día, no siempre son lo mismo – se muestre tan tiquismiquis a hacerlo con el PP y con el señor Rajoy que, estos sí, y tampoco es bueno en democracia, actúan con la pétrea disciplina de una legión romana y responden al unísono a los requerimientos de su jefe de filas.

Y es que la aversión del señor Rivera a asumir responsabilidades de gobierno en un ejecutivo comandado por el PP resulta, cuando menos, incomprensible. Debe ser el único político del orbe que no quiere tocar poder y que estima que un gobierno con 130 diputados podría ser más estable que otro con 169. Olvida el señor Rivera que el encantador discurso de la regeneración se diluirá pronto entre los ciudadanos si se queda en meras intenciones y bonitas palabras y no se concreta en decisiones firmes y realidades palpables. Debería entender que la vocación de un partido como el suyo – recuerdo al FDP alemán del incombustible Hans Dietrich Genscher, vicecanciller y ministro alemán de Exteriores durante dos decenios, uno en coalición con el SPD y otro con la CDU – es la de formar parte del gobierno y ejercer el poder que da tener la capacidad de oscilar el fiel de la balanza hacia uno u otro lado en función de las necesidades nacionales. Lo contrario te condena a ser una minoría encantadora y exquisita sin trascendencia política, económica o social. Y como dijo Giulio Andreotti, otro de esos políticos pragmáticos y sagaces que nos dio el siglo XX, lo que desgasta no es el ejercicio del poder, sino la imposibilidad de ejercerlo.

Exigir una fecha para el debate de investidura no tiene sentido si no existe un pacto que permita un gobierno, más o menos débil, pero gobierno. Celebrarlo para que el señor Sánchez no sea el único que haya sufrido la humillación de no ser investido es infantil y convocarlo para que empiecen a contar los plazos de disolución de las cámaras, una frivolidad inadmisible. La única opción es negociar para salir de esta situación absurda y estragante. Quizá haya que recordar al bisoño señor Rivera que en política, como dice el Evangelio de san Mateo, nadie, salvo Dios, conoce el día ni la hora.

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