EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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VERITAS PRIUS PACE


La escena final de El Hundimiento es una metáfora del inexistente nivel de debate del que adolecen muchas organizaciones, sean políticas, religiosas, empresariales o meramente asociativas, cuando se gestionan desde el voluntarismo, la ilusión y el autoengaño. Hitler no era más que un fracasado y mediocre pintor de postales que había alcanzado el ínfimo grado de cabo durante la I Guerra Mundial. Sin embargo, su egolatría le hizo creerse la reencarnación de Federico el Grande.

VERITAS PRIUS PACE. LA VERDAD ANTES QUE LA PAZ.

VERITAS PRIUS PACE. LA VERDAD ANTES QUE LA PAZ.

No es posible negarle una innata capacidad para encantar a las masas y unas dotes de mando más propias de un pandillero que de un líder pero que le permitieron rodearse de todo un ejército de rufianes patibularios, matones, bellacos y canallas que constituyeron la base del partido nazi desde sus primeros balbuceos. También es cierto que su convicción suicida en sus propios errores le hizo temible a amigos y enemigos, más cuando una cierta suerte le acompañó en los primeros compases de la guerra, como le había ocurrido desde su ascenso al poder. Pero resulta evidente que su incapacidad para asumir las críticas, la diversidad de opiniones o los mínimos matices  a las que hubiera expresado, le llevaron a confundir la realidad incontestable de la derrota con la errada percepción de que la victoria aún era posible.

Su ascenso al poder, obtenido gracias a la debilidad del octogenario presidente von Hindenburg que desde su atalaya de viejo junker prusiano y su merecido prestigio de mariscal le llamaba con desprecio el cabo de Bohemia y a la connivencia cobarde de una derecha temerosa del comunismo, liderada por el indeciso y pusilánime von Papen, se acompañó de un auténtico exterminio político, cuando no físico, de todos aquellos que pudieran hacerle sombra, o simplemente, contradecirle. No olvidemos como utilizó al general Ludendorff para atraerse al ejército a la vez que más tarde lo relegaba para presentarse él mismo a la presidencia que nunca obtendría por la fuerza de los votos; o como acabó con Ernst Röhm, compañero de los primeros días y al fin rival, durante la Noche de los cuchillos largos tras concluir que ni el viejo amigo ni las SA le eran ya útiles para consumar su locura de destrucción y muerte, o la persecución a la que sometió al general von Hammerstein de quien el propio Hitler reconoció que había sido el mayor enemigo con el que se había encontrado en su carrera hacia el poder y de quien Heinrich Brüning, líder del Zentrum y canciller a inicios de los años treinta, señaló que era el único que podía sacar a Hitler del poder.

Hay un momento que condensa toda esta reflexión en el que un excepcional Bruno Ganz, personifica al Hitler paranoico de los últimos días del búnker berlinés. Y es esa escena de El Hundimiento en la que Hitler pretende, no sólo defender Berlín, sino contraatacar a los soviéticos y hasta derrotarles, con ejércitos y divisiones que realmente están diezmados, inutilizados o destruidos cuando, además, en toda Alemania escasean, víveres, municiones y pertrechos.

A la salida de esa patética reunión en un pequeño despacho atestado de hombres uniformados, jerarcas nazis, asistentes y secretarias, tres militares comentan la imposibilidad de seguir esas órdenes demenciales cuando los tanques rusos están en los arrabales de Berlín. Y a la retórica pregunta de uno de ellos, ¿por qué nadie le dice esto al Führer?, la respuesta cobarde y complaciente de su interlocutor, ¿para qué? ¿para que te fusile?

En las empresas el fusilamiento es el despido. Sobre todo para quienes valoran más su puesto de trabajo que su capacidad de empleabilidad que es todo aquello que pueden ofrecer al mercado; capacidades, formación, experiencia y aptitudes.

Sin embargo, el valor de un directivo también está en el grado de libertad con el que expresa y sobre todo, argumenta con solvencia, sus opiniones, aún cuando sean contrarias al mainstream de la compañía. Rodearse de directivos y colaboradores críticos y honrados, que sean capaces de aportar diversos puntos de vista sólo contribuye a asegurar un correcto proceso en la toma de decisiones. Si ante un proyecto arriesgado contraponemos, la prudencia de uno, los matices de otro, el miedo de un tercero o el apoyo entusiasta de un cuarto colaborador, obtendremos sin duda, un proyecto menos ambiciosos pero más seguro y eficiente. Hay empresas en las que no se admite la discrepancia y a la voluntad suicida del jefe se le añade, con el silencio o el aplauso de quienes le rodean, un poquito más de cuerda para ahorcarse.

   Aunque, en muchas ocasiones sea duro, a largo plazo es mucho más eficiente e interesante tomar como divisa la de don Miguel de Unamuno que titula esta reflexión: Veritas prius paceAntes la verdad que la pazpues, en sus propias palabras, son demasiadas las ocasiones en las que lo único que nos ofrece nuestro silencio connivente es la triste, callada y desnuda paz de los cementerios.

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