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CON TIPOS TAN BAJOS ¿A QUIÉN PRESTO?


En situaciones normales – y la que vivimos con los tipos de interés coqueteando con el cero no lo es – las caídas del precio del dinero generaban varios procesos casi inmediatos. En primer lugar caía el saldo de las inversiones en operaciones de bajo riesgo, como las clásicas Imposiciones a Plazo Fijo, pues la única forma de mantener la rentabilidad esperada era asumir algo más de riesgo comprando deuda, pública o privada, Fondos de Inversión o directamente, Bolsa. De cierta manera, la caída de tipos obligaba al ahorrador a convertirse en inversor.

A su vez, algunos de esos ahorradores preferían convertir sus inversiones en activos tangibles que les aportarían otras rentabilidades y adquirían bienes o servicios, incrementándose de ese modo el consumo privado. Igualmente, el abaratamiento del préstamo animaba a los particulares a financiar el consumo o la inversión y a las empresas a buscar recursos para expandir su negocio y crecer. De todos es sabido que no hay crecimiento sin inversión, sea con recursos propios o ajenos. En esas circunstancias el abaratamiento del dinero permitía que creciera el préstamo y como consecuencia de ello que se animara el consumo y la inversión y creciera la economía. Además la banca podía realizar con bastante solvencia el análisis de riesgos, basado en la conocida regla de las Cinco Ces del cliente: Carácter (character), Capacidad (capacity), Patrimonio (capital), Garantía (collateral) y Situación (conditions) lo que le permitía minimizar el riesgo de devolución del préstamo concedido.

A nadie se le escapa que ese calentamiento de la economía encarece los precios. Pero siempre que la subida sea limitada – por ejemplo, al BCE se le puso como objetivo fundamental que la inflación no supere el 2% anual – ayuda a engrasar la maquinaria económica y además, reduce un poco más los tipos de interés reales haciendo más cómodo el repago de la deuda.

Sin embargo, con los tipos más bajos de la historia todo este planteamiento se ha convertido en historia. Vivimos en un entorno de bajísima inflación y tipos de interés mínimos y sin embargo, no crece el préstamo. Ni los particulares se animan a financiar sus compras, ni las empresas a poner en marcha proyectos – no confundamos salir del pozo en el que nos enterró la crisis con un plan de empresa o un proyecto de futuro – ni los bancos a arriesgar su liquidez aunque sea inmensa gracias a las políticas expansivas de los Bancos Centrales.

Y esto ¿por qué ocurre? Básicamente porque los particulares prefieren esperar a un mejor momento de su economía ya que con unos precios tan estables no tienen necesidad de comprar algo si no es necesario, únicamente porque se va a encarecer. La mayoría de las empresas – demasiado pequeñas para ser suficientemente competitivas – no tienen claro qué quieren y muchas, además, no han hecho un plan de negocio en toda su historia ni tienen personal capacitado para ello aunque les sobren ideas. Muchas de ellas, por cierto, en absoluto originales y mucho menos productivas o rentables.

Entonces, ¿qué debe hacer la banca? Ser prudente. Es más, la banca debe ser mucho más prudente que en otras condiciones de mercado.

La razón es muy sencilla: un préstamo de 100 mil u.m. al 10% nos generará 10 mil u.m. de ingresos. Si se impaga, perderemos 110 mil u.m. (100 mil de capital y 10 mil de ingresos no recibidos) Para poder recuperar esa cifra – bastaría con recuperar el capital prestado que además no es nuestro – debemos autorizar 11 operaciones idénticas cuyos beneficios sólo servirán para equilibrar la cuenta financiera. Si los costes del pasivo fueran del 4%, lo que hay que tener en cuenta, la tasa sería de 18.33 operaciones sólo para recuperar una. Conforme bajan los tipos, lo hace el coste del pasivo pero también los beneficios y la tasa de recuperación. Si crece el volumen de préstamos, una cosa compensa la otra. Pero no está siendo ese el caso.

TASA DERECUPERACIÓN DE PRÉSTAMOS IMPAGADOS

TASA DE RECUPERACIÓN DE PRÉSTAMOS IMPAGADOS

Lógicamente, los préstamos no se impagan a la primera cuota pero como ejercicio de análisis es muy clara esa Tasa de Recuperación de la inversión.

En estas circunstancias, prestar es mucho más complejo para las entidades financieras. Por tanto, si un solicitante de crédito supera el análisis económico de riesgos, el paso siguiente es analizar la moralidad de su trayectoria profesional. Un requisito clásico en la banca y muy olvidado en los años de la burbuja.

La regla es muy sencilla, sobre todo si nos referimos a las empresas:

Analiza a los gestores y asegúrate de que son honrados y tienen experiencia y una buena preparación empresarial y financiera. Es lo que les dará capacidad de gestión. Si es honrado y capaz, en caso de fracasar responderá como si hubiera triunfado. Pero si no cumplen ambos requisitos, no prestes. Si no es honrado, te engañará; si es incapaz, se arruinará. Y si no es capaz, ni honrado, te arruinará a ti.

No lo olviden.

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