EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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ESQUILACHE EN SEVILLA


Emitido en La Mañana de COPE Granada.

Cuando en marzo de 1766, el pueblo de Madrid se echó a la calle pidiendo pan, hubo quien quiso justificar las algaradas en el rechazo del pueblo iletrado a la modernidad traída desde Nápoles por el marqués de Esquilache y representada por la capa corta y el sombrero de tres picos. Otros buscaron oscuros instigadores entre sus adversarios políticos, fueran los aragoneses del conde de Aranda, los colegiales golillas y sus profesores jesuitas o los burócratas que apoyaban a Campomanes.

MONUMENTO A SAN JUAN DE DIOS. GRANADA (ESPAÑA)

MONUMENTO A SAN JUAN DE DIOS. GRANADA (ESPAÑA)

Y hasta se corrió la voz por la Villa y Corte de los oscuros intereses económicos o personales de algunos de los que encabezaban el desahogo de quienes, desgraciadamente, no alcanzaban con su magro salario de cuatro o cinco reales más que a comprar dos o tres libras de pan para alimentar a sus familias. Pero en palacio se despreció el hambre y se sacó a los guardias valones que dispararon contra la multitud matando a una mujer. Y el rey Carlos III, el mismo que decía de sus súbditos españoles que eran como los niños que lloran cuando se les lava y se les peina, reunió a sus consejeros que al menos, en un momento de lucidez, le recomendaron no usar la fuerza.

Nuestro particular Motín de Esquilache no pide pan, exige sanidad y en los pasquines postmodernos de las redes sociales no se cantan letrillas, se escribe almohadilla y dos hospitales completos y el mensaje llega tan lejos que se entera España entera.

Como entonces, se han buscado instigadores en los partidos de la oposición, en el personal médico o en los medios de comunicación y sólo ha faltado que la Junta acuse a Donald Trump de oscuros intereses económicos en la sanidad privada. No contentos con eso, la maquinaria del despotismo, en este caso muy poco ilustrado, con el que se nos gobierna a la orilla del Guadalquivir desde Sevilla y olé, sólo le ha faltado compararnos con los niños que lloran cuando los peina su madre. Si el marqués de Esquilache y sus ministros italianos se empeñaron en que los españoles lleváramos capa corta y sombrero de tres picos, las luminarias de la sanidad andaluza tan admiradores desde siempre del modelo cubano, han copiado la parte menos amable del castrismo que es la imposición desde el poder del capricho de quien manda. Pero aunque nuestro añorado Carlos Cano cantara aquello de que la Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz, La Habana con más salero, he de recordar a la Junta que ni España es Cuba, ni Granada es tonta.

Puestos a desprestigiar a una ciudad entera, también se va rumoreando sin aportar prueba alguna, más que nada porque no la habrá, que el doctor Candel, también conocido como Spiriman, tiene oscuros intereses por los que se opone a la fusión hospitalaria. Supongo que don Jesús Candel, con o sin gorra debe ser la longa manus que ha utilizado el IBEX-35 para acabar con la presidenta Díaz, tras hacerlo con aquel tal Sánchez que encabezó el PSOE hasta hace poco. Ya conocemos que no hay teoría de la conspiración que se sostenga si no está tras ella, el IBEX, el ejército, la Iglesia, o los tres. Así que si el doctor Candel hizo la mili, estudió en un colegio concertado o es hermano de una cofradía, no me extrañaría que de aquí a nada, me paren por la calle a contarme alguna terrible conspiración tejida en las celdas de un convento y amenizada con tintineo de sables. Así que no desesperen. Al final la culpa será de Franco.

Igual que Carlos III se olvidó del pan, la Junta de Andalucía lo hace de nuestra sanidad y a imagen de aquel convoca un Consejo Asesor con más miembros y menos poder que las Cortes franquistas. Y creo que le va a pasar como al rey Carlos. Pues si las noticias del motín, y lógicamente el hambre, provocaron algaradas en otras muchas ciudades, las dos manifestaciones convocadas por Spiriman han despertado a Córdoba, Huelva y Málaga, cuyos ciudadanos, tan preocupados por su sanidad como los granadinos han empezado a moverse dejando claro a la Junta que una cosa es que sigamos en el furgón de cola de la economía española o que suframos más paro que nadie y otra muy distinta es que jueguen con la salud de nuestros niños y mayores, por capricho, soberbia, o incapacidad; que de todo hay.

Así que aplíquense el cuento, señores, porque esto no tiene pinta de parar y al final, a los que lo han inventado, les pasará como al marqués que trajo la Lotería y a quien se despidió con una letrilla que inundó Madrid y decía Aprended flores de mi / lo que va de ayer a hoy / que ayer Esquilache fui / y hoy esquilado soy.

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