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BOICOTS Y LIBRE ELECCIÓN


Está siendo noticia en estos días el boicot, supuesto, aparente o real – el adjetivo puede elegirse ad libitum – contra La reina de España, película dirigida por el oscarizado Fernando Trueba y al parecer promovido por aquellos que se sintieron ofendidos, o al menos enfadados, por el discurso del director de cine durante la entrega del Premio Nacional de Cinematografía en el que dijo y copio textualmente: Nunca he tenido un sentimiento nacional. Siempre he pensado que en caso de guerra, yo iría siempre con el enemigo. Qué pena que España ganara la Guerra de Independencia. Me hubiera gustado que ganara Francia. Nunca me he sentido español, ni cinco minutos.

CINE EN EL FORO ROMANO.MÉRIDA (ESPAÑA)

CINE EN EL FORO ROMANO.MÉRIDA (ESPAÑA)

Como todos sabemos, un boicot es la negativa individual o colectiva a comprar, vender, alquilar o realizar cualquier negocio jurídico o mantener relación comercial o de cualquier otra clase con una persona, empresa, organización o grupo de ellas en razón de entender que su actitud en cualquier ámbito adolece de no ser correcta ética o moralmente.

El término toma el nombre del capitán Charles Cunningham Boycott que actuaba como administrador de las tierras del conde de Erne en la Irlanda de la segunda mitad del siglo XIX. En aquellos tiempos la Irish Land League propuso una rebaja de los arrendamientos a los colonos, a lo que el capitán Boycott se negó. Charles Parnell, presidente de la Liga, propuso suspender todo tipo de trato con él de manera que la presión, como acabó ocurriendo, le obligara a aceptar la reducción de los alquileres. Si bien Boycott hizo todos los esfuerzos posibles para contrarrestar la presión ciudadana, la cosecha le acabó provocando unas pérdidas de 10.000 libras esterlinas por lo que decidió huir a Suffolk en 1880, donde falleció unos años después. El término, acuñado por el Padre John O’Malley, lo consagró The Times en sus crónicas sobre la denominada guerra agraria de Irlanda.

Boicots ha habido infinitos a lo largo de la historia, antes y después de acuñarse el término. En 1830, la National Negro Convention animó a no comprar productos fabricados por esclavos, Gandhi lo hizo allá por 1915 con los productos británicos en la India y en la Barcelona de 1951, la ciudadanía boicoteó a la compañía de tranvías en una mezcla de protesta política y reclamación de los usuarios por la subida del billete.

Aunque no son en absoluto comparables ya que Fernando Trueba está asumiendo las consecuencias de una mera boutade mal calculada, quiero recordar como mero antecedente jurídico-económico y también ético, el caso de del cineasta alemán Veit Harlan, director y guionista de la indecente película nazi de propaganda antisemita El judío Süß para la que, entre otras lindezas, se reclutó a extras judíos en Praga que fueron obligados a participar en la misma. En 1950, Harlan, que había sido absuelto de los cargos de colaboracionismo con los nazis, estrenó otra película y el Director de Prensa del Senado de Hamburgo, Erich Lüth propuso un boicot masivo a la misma en razón del pasado del director. Tras ser demandado por Harlan y la productora que ganaron en las primeras instancias, el Tribunal Constitucional determinó que no podía violarse la libertad de expresión de Lüth absolviéndole de todos los cargos.

Durante la época de oro del cine, e incluso hoy en día, si un actor, actriz, director o incluso guionista es calificado como box office poison – veneno para la taquilla – asumía que su carrera iba a resentirse. Las razones eran múltiples, fracasos previos, manifestaciones públicas o escándalos no aceptados socialmente. La realidad en cambio es que por muy buena que fuera la cinta, la taquilla sufría. Aunque ahora resulta difícil de creer, la gran Katherine Hepburn fue calificada como tal tras encadenar varios fracasos antes de resurgir gracias a esa obra maestra de George Cukor que es Historias de Filadelfia.

Más o menos organizados, los boicots existen, funcionen o no. En cualquier mercado, incluso aunque no sea libre, el ciudadano es muy dueño de no comprar un producto o contratar un servicio. El boicot es tan legítimo como la crítica a sus motivos o a sus causas. Por tanto, lo que debería asumir el señor Trueba y los que para defenderlo atacan a los boicoteantes es que todos debemos asumir que uno de los principales derechos del espectador es su libertad de elección y que todo acto acaba teniendo consecuencias, deseadas o no.

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1 comentario

  1. Puesanonimo dice:

    El problema es que se ha pasado .Ha querido ser más frances que los franceses, sin mantener las formas a veces deliciosas de ellos…Ahora bien, si atendiendo a los valores de la película ,resulta que su visionado es atractivo y necesario para cualquiera a quien le guste el cine;ese valor muy real hará prevalecer sobre la magnitud del boicot ,si lo ha llegado a haber,la decisión última y petante del aficionado .No se si es el caso.Los gustos sinceros toman la red y toman del mercado lo que quieren.

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