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ULTRAINFORMADOS DESINFORMADOS


Emitido en La Mañana de COPE Granada.

No sé a ustedes, pero a mí me alarma profundamente la facilidad con la que nos pueden engañar en esta sociedad tan moderna donde a golpe de un clic, nuestro ordenador o nuestro teléfono son capaces de ofrecernos toda la información que requiramos sobre cualquier asunto o cuestión que pueda interesarnos. El problema no es la cantidad, sino la calidad de tanta información.

Viene esto a colación del turbio asunto de Nadia Nerea, la niña enferma de tricotiodistrofia, su padre fabulador y su aparentemente, desinformada madre que tantos minutos de radio y televisión ha consumido y del que se han hecho eco todos los periódicos del país. Ayer, el juez de Seo de Urgel que instruye el caso fijó una fianza para cubrir la responsabilidad civil patrimonial de ambos progenitores que supera el millón doscientos mil euros, a la vez que confirmaba la prisión provisional para el padre y la suspensión de la patria potestad para la madre. Parece por tanto que su señoría alberga pocas dudas al respecto de la actitud delictiva de los padres sobre la que decidirán en su momento las instancias judiciales competentes. Por otra parte, algunos medios de comunicación han destapado el caso de un joven venezolano que también recaudó dinero para tratarse un cáncer inexistente según él mismo acabó reconociendo y que tras ser descubierto se encuentra en paradero desconocido.

Utilizar supuestas enfermedades para obtener beneficios económicos apelando, no sé si a la bondad o a la conciencia de los demás, no es nada nuevo y hay quien ha hecho de su desgracia oficio y muy rentable en ocasiones. Basta con leer alguna de las novelas picarescas de nuestro Siglo de Oro para encontrar úlceras fingidas, falsos ciegos, cojos y mancos simulados y mutilados héroes de guerra que jamás habían servido en Tercio alguno aunque narraran las gloriosas batallas en las que nunca intervinieron con tal emoción y vehemencia que era difícil dudar de su heroísmo.

Desgraciadamente, el engaño no es algo extraño al ser humano. La fabulación, la verborrea y la charlatanería nos acompañan desde siempre. Es muy sencillo tocar la fibra sensible de la mayoría de nosotros si quien está al otro lado de la pantalla es un enfermo, un anciano o un niño. Es fácil identificarse con quien sufre y pensar en un instante, podría pasarme a mí. Por ese motivo no hay crítica alguna que realizar a quienes, removidos sus más nobles sentimientos, han aportado cualquier cantidad de dinero para ayudar a unos padres desesperados por buscar la curación de su hija alentando investigaciones sobre una enfermedad rara que la Sanidad Pública o la Universidad no tiene entre sus prioridades.

En cambio, la ética periodística sí queda dañada cada vez que uno de estos engaños sale a la luz. Nadie puede exigir a un ciudadano que busca información que contraste todas y cada una de las noticias que lee pero si es imprescindible que lo hagan los medios de comunicación. Cuando se anteponen las audiencias a la veracidad de las noticias y la mera exhibición al necesario rigor, traspasamos la línea que separa la información del espectáculo y degradamos la imprescindible y necesaria misión del periodismo hasta convertirla en un circo de tres pistas, en las que prensa, radio y televisión ofrecen payasos, saltimbanquis y espectáculos de fieras.

Somos los medios de comunicación los que permitimos que aquel charlatán de úlceras y cojera fingida que sobrevivía del engaño narrando sus hazañas en Lepanto sin haber cruzado Despeñaperros, pueda hoy desplumar a centenares o miles de familias al servirle de escenario y altavoz para su fraude. Es curioso comprobar cómo esta sociedad de la información es tan fácil de desinformar cuando son tantas las fuentes a las que acudir pero son tan pocas las que acaban siendo realmente fiables por la calidad de sus contenidos. Deberíamos todos reflexionar hasta que punto nos estamos convirtiendo en ciudadanos ultrainformados pero sin la formación necesaria para entender toda la información que nos llega. Y es que, paradójicamente, un mundo en el que cualquiera se arroga la condición de experto sólo porque ha visitado unas cuantas páginas de internet es tan fácil de manipular como una sociedad analfabeta.

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