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SESENTA AÑOS DE LA EUROPA UNIDA.


Emitido en La Mañana de COPE Granada.

El 25 de marzo de 1957, mañana hará sesenta años, Christian Pineau, Joseph Luns, Paul Henri Spaak, Joseph Bech, Antonio Segni y Konrad Adenauer estamparon su firma en el Tratado que constituía la Comunidad Económica Europea. Sólo doce años antes, el mariscal Jodl había firmado en Reims la capitulación incondicional de Alemania. El mismo país que en 1939 había invadido y ocupado a sangre y fuego a cuatro de los que, aquel mismo día se convirtieron en sus socios comerciales y con los que hoy comparte un ideal político de futuro.

EUROPA. COMISIÓN EUROPEA.

EUROPA. COMISIÓN EUROPEA.

Pero la Unión de Europa se había empezado a forjar algunos años antes. El 9 de mayo de 1950, y en un discurso inspirado por Jean Monnet, Robert Schumann, ministro de Exteriores francés, nacido y criado en Luxemburgo e hijo de un alemán, había propuesto la integración de dos industrias tan estratégicas como eran el carbón y el acero en lo que un año después sería la CECA.

En septiembre de 1946, sólo un año después de que callaran las armas, y cuando media Europa vivía sobre las ruinas que habían dejado los bombardeos, sir Winston Churchill pronunciaba su conocido Discurso de Zurich en el que afirmaba con contundencia la necesidad de volver la espalda a los horrores del pasado. En aquella Europa devastada por la guerra, había entre los vencedores y en palabras de Churchill, una gran confusión de voces agitadas y entre los vencidos, el sombrío silencio de la desesperación. Pero sus palabras también traían una esperanza a este continente, cuna de la fe y la ética cristianas y origen de casi todas las culturas: volver a crear la familia europea. La misma idea que en plena guerra mundial había expresado Jean Monnet: No habrá paz en Europa, si los Estados se reconstruyen sobre una base de soberanía nacional. Los países de Europa son demasiado pequeños para asegurar a sus pueblos la prosperidad y los avances sociales indispensables. Esto supone que los Estados de Europa se agrupen en una Federación que los convierta en una unidad económica común.

Pero la poderosa idea de unir a Europa en una federación no es nueva. La propuso Aristide Briand en 1929 en su Discurso ante la Sociedad de Naciones y a principios de los años veinte, el conde austríaco Coudenove-Kalergi había puesto en marcha la Unión Paneuropea a la que pertenecieron figuras tan destacadas como Einstein, Thomas Mann o Salvador de Madariaga, el gran europeísta español. En el siglo XIX, Mazzini había fundado, inspirado en su Giovine Italia, la Joven Europa. Y antes lo propusieron, entre otros muchos, Saint-Simon o Leibniz. El abate de Saint Pierre – precursor de la Ilustración – sugería la creación de una Liga de Naciones de carácter federalista que tanto influyó en las ideas de Rousseau. En pleno Renacimiento, Juan Luis Vives abogaba por una unidad europea de defensa y Erasmo de Rotterdam señala que debe ser la paz el valor fundamental de la Europa unida. Incluso Dante se preocupó por la unión de la vieja Europa y en De Monarchia pedía una soberanía universal en manos del emperador grecorromano.

Y era lógico. Al fin y al cabo, Europa lleva dos mil años desmantelando el Imperio Romano para volver a crearlo cada vez que sufre en sus propias carnes la desolación del enfrentamiento y la guerra y recuerda que sólo la pax romana puede garantizarle un futuro de prosperidad, libertad y paz.

En estos sesenta años, Europa ha vivido disfrutando de esos anhelados ideales. Y no hay precedentes históricos similares. La Unión Europea nos ha traído una libertad desconocida hasta entonces para muchos, una prosperidad evidente y más de medio siglo de paz. Medio siglo de integración europea en el que la democracia ha doblegado a las dictaduras. La idea de Europa ha sido la vacuna contra la dictadura militar de Grecia y los autoritarismos que sojuzgaron a España y Portugal durante gran parte del siglo XX. La Europa unida fue el ideal que alentó a los demócratas que lucharon por quitarse el yugo comunista impuesto tras la guerra en toda Europa Oriental. Y ahora nos encontramos con que algunos proclaman que nuestro problema es Europa. En ningún caso. Sólo Europa, más y mejor Europa, será siempre la solución.

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