EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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¿UN AÑO PARA ESTO?


Emitido en La Mañana de COPE Granada.

No sé si recuerdan ustedes La gran evasión, aquella magnífica película de aventuras que dirigió John Sturges y que protagonizó un elenco de maravillosos actores de la época encabezados por Richard Attenborough, al que acompañan, entre otros, un magnífico Steve McQueen o Gordon Jackson, el inolvidable mayordomo Hudson de Arriba y Abajo. Seguro que si les refresco un poco la memoria serían capaces hasta de silbar su banda sonora. Nos cuenta la fuga masiva de soldados aliados del Stalag Luft III, un campo de prisioneros de máxima seguridad y del que, según su comandante, el coronel von Luger, es imposible escaparse. De hecho, el campo se encuentra muy lejos de la línea del frente y de los países neutrales, lo que significa que habría que atravesar media Europa ocupada por los nazis, antes de llegar a lugar seguro. Cuando la Gestapo interna en el campo al Comandante de la RAF Roger Bartlett se inicia la acción y da comienzo la historia.

Como líder de la Organización X, dedicada a la fuga de prisioneros de guerra, el mayor Bartlett decide excavar tres túneles a los que llaman Tom, Dick y Harry y sacar del campo, a través de ellos, a más de doscientos prisioneros. Como no tienen nada, deben conseguir herramientas, ocultar la tierra extraída en la excavación, confeccionar ropa de civil, falsificar documentos, salvoconductos, pasaportes, etc. Y hacerlo, además, sin que los nazis se den cuenta. ¿Solucionar problemas? Muchos.

Y dirán ustedes que porqué les cuento esto. Pues verán, porque cuando parecía que ya nada podía empeorar nuestra situación, llegó la noticia del Metro. Dos años sin tren y ahora, un par de meses más, al menos, sin poder subirnos en el tranvía. Y en una vuelta de tuerca propia de un verdugo sádico o de un torturador chino de película de Fu Manchú, nos hemos enterado de que además de quejarse – con razón, aunque con una insistencia cansina y algo melodramática – de la situación heredada tras trece años de gobierno del PP, la gran decisión a tomar por nuestro concejal de Economía, el señor Oliver, va a ser la de subirnos el IBI un 36% en los próximos cuatro ejercicios, amén del Impuesto de Vehículos, el de Actividades Económicas, las tasas, las multas y cualquier otro posible ingreso municipal que exista o pudiera llegar a existir, para poder cuadrar las cuentas del municipio. Y la verdad, si esto es lo único que se le ocurre a don Baldomero Oliver después de un año en el cargo, mejor hubiera sido para el PSOE no acceder a la alcaldía. Uno se esperaba algo más. Un plan financiero, una gestión austera y sobre todo, un proyecto de ciudad que vaya más allá del cansino casticismo de la Plaza del Carmen.

Si el equipo de Paco Cuenca hubiera estado internado en el Stalag Luft III, La Gran Evasión hubiera sido, más que una película de aventuras, un dramón de esos de hartarse de llorar, en el que los protagonistas desgranan durante las dos horas de metraje las terribles desgracias que sufren a causa del malvado padrastro que dilapidó la fortuna familiar en vino y mujeres – como hubiera dicho el holandés Dijsselbloem – razón por la cual no les queda más remedio que pedir ayuda a quien sea y donde sea. Más allá de sonreír a cualquier cámara que se cruce en su camino, nuestro alcalde debería plantearse que una ciudad sin presupuesto, ni gestión, ni dirección conocida y que carece de un objetivo claro de futuro sólo puede encaminarse al desastre. La situación económica del Ayuntamiento era conocida por todos. Los concejales del PSOE eran conscientes de que asumían una situación tan mala como la de los prisioneros del Stalag Luft III. El problema es que su líder más que al mayor Bartlett recuerda a un Hamlet de función escolar de fin de curso. No cabe pues, excusarse en la herencia recibida para llevar un año en barbecho. El PSOE y el señor Cuenca hicieron todo lo posible para acceder a la alcaldía y parece que una vez allí, no saben cómo dar solución al problema y viven en la indecisión permanente.

Decía Theodore Roosevelt que la mejor decisión que podemos tomar es la correcta, la segunda mejor es la incorrecta, y la peor de todas es ninguna. Y se ve que a nuestro equipo de gobierno, le gusta ninguna, o como mucho, la incorrecta.

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