EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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GIBRALTAR, AGAIN


Publicado en Granada Hoy.

En cuanto la carta de la premier británica salió de Downing Street, la rancia caverna añorante del Imperio rescató los apolillados uniformes de lancero bengalí; afinó pífanos y gaitas; bruñó los sables herrumbrosos y dio betún a las botas añosas y agrietadas; se atusó patillas y bigotes y a los acordes del viejo Rule Britannia desfiló hacia el pub más cercano para emborracharse con la victoria del aislamiento y el aldeanismo militante. Desde que el Daily Mail publicó aquello de Niebla en el canal: Europa aislada, no habíamos visto un espectáculo más bochornoso que el que inició Michael Howard, exlíder de los tories -¡cómo ha degenerado el conservadurismo británico!- con su patética arenga a favor de un Gibraltar obviado, como no podía ser de otra manera, en la invocación del artículo 50 del Tratado de Lisboa.

LONDRES-LA GUARDIA A CABALLO EN ST. JAMES PALACE

CUIDADO. LOS CABALLOS PUEDEN COCEAR Y MORDER. LONDRES (REINO UNIDO)

Quizá hoy, conscientes del histórico error del Brexit que deberán corregir en pocos años, los populistas del proteccionismo y el imperialismo de opereta han de buscar una nueva bandera con la que engatusar a sus votantes. ¿Y cuál mejor que su última colonia?

En los años cuarenta, en plena guerra mundial y con la España no beligerante de Franco demasiado inclinada al Eje, encabezaba la legación británica en Madrid sir Samuel Hoare, un gentleman londinense educado en Oxford que destacaba por su impecable british style entre la barahúnda de boinas, guerreras, gorras de plato y demás parafernalia uniformada tan del gusto fascista. En uno de esos arrebatos patrioteros que tanto disfrutaba Serrano Suñer, tan filonazi como anglófobo, la Embajada Británica se vio rodeada por una multitud de universitarios que reclamaban la incontestable españolidad del peñón. En un torpe intento de ejercer la diplomacia, el Cuñadísimo telefoneó al embajador para interesarse por su seguridad y preguntarle si le iban a ser necesarios más guardias. El flemático sir Samuel contestó con un lacónico: mejor me envían ustedes menos estudiantes. Leyendo la exquisita intervención de nuestro Ministro de Exteriores parece que el populismo ramplón y barriobajero es capaz hasta de acabar con los tópicos más establecidos.
En las garitas donde hacen guardia los jinetes de la Household Cavalry hay un letrero que pide cuidado a los visitantes y avisa de que los caballos pueden cocear o morder. Se ve que esta vez, la prensa sensacionalista y los populistas rancios han sacado a resoplar a cuatro jamelgos encabritados.

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