EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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¡AY, LA FAMILIA!


Emitido en La Mañana de COPE Granada.

De todo lo que pude ver ayer sobre la detención del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, lo que más me llamó la atención fue la imagen cariacontecida de su hermana mientras escuchaba, sentada en su escaño de la Asamblea de Madrid, como la oposición lanzaba una invectiva tras otra sobre la honorabilidad perdida de su hermano. Como comprenderán, lo sorpresivo no era el gesto compungido de una persona que en ese momento es consciente de que dos de sus hermanos y su propio esposo están detenidos y acusados de graves delitos, sino el hecho de que la hermana del expresidente sea diputada.

España es un país en el que la familia sigue teniendo una gran importancia como elemento nucleador de la sociedad y eso es positivo, muy positivo. Sin el círculo de protección que supone la familia, esta crisis habría sido mucho más dura. De eso no me cabe la menor duda. Pero que las familias se hayan apoderado de la política como en los viejos tiempos de los caciques de la Restauración resulta vergonzoso en estos albores del siglo XXI. El viejo ¡Natalico, colócanos a tos! que se convirtió en el grito de guerra de los seguidores de don Natalio Rivas está más vivo que nunca.

Resulta enternecedor ver como nuestros políticos – de todos los partidos – proceden de familias inteligentes, competentes y brillantes a la vez que saben rodearse de fieles amigos y colaboradores, también preñados de virtudes.

Hagamos un repaso rápido: La familia Pujol, que podría protagonizar una de esas series sobre dinero y poder tan del gusto actual y que tan magistralmente retrató Shakespeare en todos sus tragedias históricas y políticas. Hay que reconocer que a la saga catalana no le falta un solo ingrediente; amantes, traiciones, poder, lujuria… Y lógicamente, con toda esa basura escondida tras un decorado de patriotismo y supuesta eficiencia en el ejercicio del gobierno. Tampoco han faltado las dinastías en PSOE desde los viejos tiempos de los hermanos de Alfonso Guerra, hasta las relaciones familiares de la jovencísima ministra Bibiana Aído, hoy disfrutando de un retiro dorado en Nueva York, por poner sólo un par de ejemplos. Y no digamos nada de la forma en que la nueva política de izquierdas asciende o defenestra a algunos de sus líderes. De no ser la novia de Pablo Iglesias, nadie podría sostener sin aguantarse la risa que Irene Montero ha acumulado méritos para ser la portavoz parlamentaria del Grupo parlamentario del Congreso. Por no recordar que debe ser el único partido nacido de las reuniones en la cafetería de una Facultad y formado por los miembros de la misma.

Claro que la culpa es nuestra por votar a políticos procedentes de familias y círculos sociales tan brillantes.

En demasiadas ocasiones, la elección de alguien cercano para un cargo público une al lógico orgullo y alegría, la apertura de un mundo de posibilidades desconocido para todo un conjunto de amigos y familiares que son, muchas veces, gentes sin oficio ni beneficio que inician carreras meteóricas en la Adminsitración Pública. Y lo peor de todo es que lo hacen en detrimento de los funcionarios de carrera, esos sí, capacitados para los puestos a los que no pueden acceder sin el favor del político de turno que llega al sillón cargado de deudas emocionales o directamente pecuniarias, con todo ese círculo cercano que representa el ¡Natalico, colócanos a tos! Quizá por eso, el diccionario recoge deudo como sinónimo de pariente. Hay listas electorales que recuerdan las viejas esquelas de los periódicos; incluyen a su desconsolada esposa, hijos, hermanos, padres, primos, sobrinos y demás familia.

Creo sinceramente, que urge un código ético que impida que las alcaldías o las presidencias de las Diputaciones pasen de padres a hijos como si viviéramos en plena Edad Media y el primogénito hubiera de heredar el trono del señor feudal que ostentó su padre. Una norma que evite el nombramiento de asesores sin la formación y experiencia necesarias para el puesto. Una ley que obligue a separar la esfera pública de la privada, que prohíba la contratación de familiares y amigos y que utilice los espacios públicos de gobierno como pequeños cortijos a explotar. Necesitamos, sobre todo, una profunda y sincera purificación de la vida pública. Y de ello, todos somos, en parte, responsables.

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1 comentario

  1. misael dice:

    en detrimento de los funcionarios de carrera
    Como si los funcionarios de carrera no fueran otra cosa que una gran familia muy bien organizada para sus “temas”.

    Recientemente en la Comunidad Autónoma en que habito, en el hospital nº 1, la Inspección ha decretado que los turnos de 14 horas del personal de enfermeria no tenian otra funcion sino la de acumular horas para luego cambiarlas por tiempo libre. Eso, incluso, en la UCI. (*)

    Evidentemente, la GRAN familia de los trabres. de enfermeria han protestado, diciendo que ellos son soberanos para administrar su tiempo de trabajo…. y que qué pasa, añaden, con el colectivo médico que hace exactamente lo mismo que ellos, pero nadie les recrimina.

    Funcionarios, dice vd… noooo, familias de funcionarios.

    (*) Otro dia le cuento lo que le pasó a un familiar mio muy cercano en la UCI.

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