EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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ELIJA SU BEBÉ


Publicado en Granada Hoy.

Como vivimos en un mundo de pensamiento epidérmico esclavizado por la imagen, la maternidad subrogada – el eufemismo con el que se conocen ahora los vientres de alquiler – se ha reducido a la imagen feliz de quienes, no pudiendo o queriendo ser padres, deciden adquirir la paternidad gracias a una transacción económica. Para sus propagandistas se trata de algo tan bonito – atención a la cursilería – como permitir ejercer el derecho de ser padres a quienes no pueden cumplir esa ilusión. Mezclar ilusión y derecho en la misma frase deja claro el nivel intelectual de la idea. Pero, realmente ¿ser padres es un derecho? Ni un derecho, ni una obligación. En cambio, ejercer la paternidad de modo responsable significa básicamente adquirir un conjunto de obligaciones y disfrutar de muy pocos derechos.

Si concluimos que el ser humano puede mercantilizarse y arrendar parte de su cuerpo, pensemos: ¿qué diferencia hay entre alquilar el útero durante un rato para satisfacer sexualmente a un cliente o hacerlo nueve meses para cumplir el deseo de otros, también clientes, de ser padres? Si una pareja morena y bajita de ojos negros ansía ser padres de unos niños rubios y de ojos azules, ¿debemos permitir que cumplan ese íntimo deseo estético? De ser así ¿qué diferencia habría con Lebensborn, la organización creada por Himmler para, siguiendo las ideas de otro tipo moreno y bajito llamado Hitler, expandir la raza aria? No creo que tardáramos mucho en ver como avispados emprendedores ponen en marcha algún tipo de granjas de niños utilizando jóvenes fértiles de pocos recursos como úteros productivos, en un remedo de las viejas amas de cría que amamantaban a los hijos de los ricos para que las damas de cierto postín no estropearan su figura. Si permitimos este tipo de operaciones mercantiles reduciremos a la mujer a un mero envase y al hijo a un producto que satisfará los deseos de quienes puedan pagarlos. Y en ese caso, ¿dónde queda el respeto a la dignidad inherente al ser humano? Madre e hijo.

Y la libertad de elección. ¿Qué libertad podrá ejercer una mujer joven, fértil y pobre ante el ofrecimiento de alquilar su útero por una buena soldada? La libertad no existe cuando no disponemos de capacidad real para ejercerla. Y este es un ejemplo evidente. Creo que los propagandistas de la maternidad subrogada se han quedado en la foto enternecedora y no se han hecho ninguna pregunta más allá.

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