EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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JUICIO EN CUELGAMUROS


Publicado en Granada Hoy.

Formoso fue Papa en mala época. Las luchas por el poder en Italia le enfrentaron a la poderosa familia de los Spoleto. A su muerte, dicen que envenenado, le sucedió Bonifacio VI cuyo pontificado fue un suspiro de quince días. Tras él, el solio pontificio recayó en Esteban VI, viejo enemigo de Formoso y partidario incondicional de Lamberto de Spoleto que llegó a Roma acompañado de la arpía de su madre. La buena señora que odiaba profundamente a Formoso, convenció al Papa para que aquel fuera públicamente humillado. Así que exhumaron su cadáver, lo ataron a un sitial en la romana Basílica de san Juan de Letrán y allí fue sometido a un macabro juicio que la historia conoce como Concilio Cadavérico. Hallado culpable fue degradado, se anularon todas sus ordenaciones y se le cortaron los tres dedos de la mano derecha con los que bendijo en vida. Poco después fue rehabilitado, de nuevo acusado, vuelto a juzgar y condenado. Su momia fue lanzada al Tíber para que sus restos desapareciesen de la faz de la tierra. Y al fin, repuesto por tercera vez en su dignidad, sus despojos volvieron a san Pedro, donde aún reposan. Y todo este carnaval ocurrió en tan sólo quince años.

EL VIEJO TÍBER. ROMA (ITALIA)

EL VIEJO TÍBER. ROMA (ITALIA)

Parece que algunos disfrutarían hasta el éxtasis con un proceso similar al general Franco. La obsesión por sacar sus restos del Valle de los Caídos parece enfermiza. Todos coincidimos en que aquel régimen fue una dictadura y además, ninguno tenemos interés en que España vuelva a caer bajo totalitarismo alguno, venga de donde venga. Menos aún, cuando los cuatro nostálgicos que queden del franquismo no pueden alardear ni de haber ganado una mísera concejalía. Otra cosa es que para los políticos exaltados y banalizadores del lenguaje, el PP y sus votantes sean herederos del franquismo y Podemos y los suyos quieran imponer en España un régimen bolivariano cuando no, la dictadura del proletariado.

El Valle de los Caídos es feo. Muy feo. Una mole típicamente fascista, de tan de mal gusto como los edificios nacidos del llamado realismo socialista. Será porque el arte requiere sentimiento y los totalitarismos son crueles e inhumanos por naturaleza. Y además, está en mitad de la sierra, en un lugar frío, olvidado y dejado de la mano de Dios. Dejémosle allí, como lo que es, una parte de nuestra historia. Igual que la momia de Lenin reposa en el Kremlin y la del papa Formoso, por fin, lo hizo en las grutas vaticanas.

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