EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LOS ÍDOLOS INMUNES


Emitido en La Mañana de COPE Granada.

Durante el franquismo, el marqués de Villaverde se dedicó entre otras muchas actividades que hoy denominaríamos tráfico de influencias – a importar motocicletas Vespa desde Italia… sin pasar por la preceptiva aduana. Por algo era el Yernísimo. Desde aquel momento, el gracejo popular le rebautizó como marqués de Vespaverde. Y del mismo modo que los niños contaban entre risas que SEAT significaba Siempre Estamos Atornillando Tornillos, los mayores decían, dónde podían, que VESPA era el acrónimo de Villaverde Exporta Sin Pagar Aduanas. Pero claro, aquello era una dictadura. Hoy, en cambio, el yerno del Jefe del Estado se sentó en el banquillo, fue condenado y está a la espera de la resolución de su recurso penal en el Tribunal Supremo. Lógicamente, vivimos en una democracia consolidada. La ley nos obliga a todos y nadie escapa de su aplicación por dura que sea. A veces nos quejamos, y con razón, de la lentitud de los juzgados y de lo incomprensible de algunas de sus sentencias. Pero no podemos negar que en España hemos visto entrar a la cárcel a ministros, presidentes de Comunidad Autónoma, alcaldes, banqueros, artistas y toreros. Y por la cabeza de todos ellos habrán pasado alguna vez los viejos versos de aquella coplilla carcelaria que dicen que a la puerta de la cárcel, no me vengas a llorar, que si no me quitas penas, no me las vayas a dar…

Dura lex, sed lex decían los romanos. La ley es dura, pero es la ley.

Sin embargo, el mismo pueblo que cada vez que un político es acusado de corrupción pide justicia inmediata en forma de cárcel, cuando no aboga por la cadena perpetua o la recuperación de los trabajos forzados para quien ha robado el dinero de todos, se deshace como un helado en las manos de un mocoso cuando el acusado es uno de sus ídolos futbolísticos. Pasó con Messi y algunos compañeros del FC Barcelona y ahora está ocurriendo con Cristiano Ronaldo y otros jugadores del Real Madrid. Y no son los únicos.

Parece mentira que la misma ciudadanía que nunca se creyó aquello de que la Infanta Cristina no sabía nada de lo que hacía su marido, use el mismo argumento para defender a los genios del balón porque ellos sólo saben jugar al fútbol. Es lo que nos pasa a la mayoría de los ciudadanos; que lo que sabemos hacer es, normalmente, de lo que vivimos. Pero cuando llega el mes de junio o nos convertimos en fiscalistas o nos rascamos el bolsillo y buscamos un profesional que nos asesore. Y no sé que me da más grima si escuchar a un tipo mayor de edad y millonario decir, como hizo Messi, que esos temas los llevaba su papá – que tiene premio a la puerilidad – o escuchar a un ciudadano normal defenderlo con el mismo argumento y quedarse tan pancho. Sea el papá o el asesor fiscal, el inventor de la estructura que aparentemente exime al jugador del pago de impuestos, la responsabilidad es personal y recae en el contribuyente. Si lo conocía, por listo y si lo desconocía, por tonto. Es evidente que los asesores fiscales que proponen, crean y desarrollan la pantalla societaria para defraudar deberían ser procesados igualmente por ser cooperadores necesarios y por una práctica delictiva de su profesión. Pero aún así, el responsable principal será siempre el beneficiado del frado. Volvamos al latín y recordemos la clásica pregunta en la investigación del delito: cui prodest, a quien beneficia.

Uno creía, inocentemente, que ya había pasado el tiempo en el que las virtudes del personaje se imponían sobre los defectos de la persona. Eludir el obligatorio pago de impuestos es conculcar la ley, lo haga quien lo haga. Y en una sociedad moderna nadie puede estar exento de ello. Este embobamiento hacia los futbolistas me recuerda el clásico Juicio de Friné, la hetaira acusada de impiedad. Friné había parodiado los misterios de la diosa Démeter, lo que constituía un grave delito en la Antigua Grecia. Aunque fue defendida ardorosamente por Hipérides, uno de los más reconocidos oradores del ágora, el tribunal no parecía convencido, así que su abogado pidió a Friné que se acercara al estrado y mostrara su belleza. Friné se desnudó y los jueces concluyeron que una mujer tan bella no podía ser culpable. Curiosamente, Sócrates había sido condenado a muerte injustamente por un caso semejante. Pero claro, ¿qué elegirían los jueces entre la belleza de Friné y la sabiduría de Sócrates o entre la popularidad de un futbolista y usted?

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2 comentarios

  1. Miguel Angel Lorenzo Mier dice:

    Me parece muy bien que les haya llegado la hora a los futbolistas; a ver si les llega tambien su hora a los clubes de futbol y seguramente de algún otro deporte. ¡Es que parecemos tontos, y yo digo que ni FRINÉ ni historias!. Cada cual con su cada cuala.

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  2. misael dice:

    “vivimos en una democracia consolidada. La ley nos obliga a todos y nadie escapa de su aplicación por dura que sea.”

    ¿ Lo dice en serio ? ¿ Se ha enterado vd. como funciona la justicia en España ? Seguramente no.

    Y seguramente tampoco sabe que esta semana hemos tenido dos sentencias judiciales, no ejemplares, sino espectaculares: la de Mercasevilla y la del caso Guateque, en las que todos los imputados han quedado ABSUELTOS.

    El buenismo nunca ha sido bueno para los pueblos. Especialmente, si de corregir errores democráticos se trata.

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