EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LA ESTUPIDEZ POLÍTICA


Publicado en Granada Hoy.

Cada vez que tomamos una decisión provocamos consecuencias, propias y ajenas, positivas y negativas. En función de cómo se combinen ambas, el profesor Carlo María Cipolla, catedrático de Economía de la Universidad de Berkeley, dividió a los humanos en cuatro grupos bien diferenciados, Idealistas, Malvados, Inteligentes y Estúpidos. En su divertido libro Las leyes inmutables de la estupidez humana definió al idealista, contraponiéndolo al malvado, como aquel que beneficia a los demás aún cuando se perjudica a sí mismo. La otra moneda de dos caras, inteligentes y estúpidos, las diferencia en que los primeros obtienen ganancias a la vez que las generan para los demás, en tanto que un estúpido sólo provoca daños, propios y ajenos. Los tipos básicos son combinables. Sin extendernos; se puede ser malvado y estúpido como el tironero que roba un bolso falsificado y vacío pero provoca a quien lo portaba una aparatosa caída y la rotura de unos cuantos huesos. (más…)

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NOCHES ELÉCTRICAS


Emitido en La Mañana de COPE Granada.

Ayer entró en vigor la nueva tarifa eléctrica. Pero sólo para quienes dispongan de un contador inteligente. De un tiempo a esta parte trabajamos en edificios inteligentes, hablamos a través de teléfonos inteligentes, nos venden coches, lavadoras, lavavajillas y frigoríficos inteligentes aunque estamos rodeados de los mismos tontos de siempre. Ya se sabe que el porcentaje de estúpidos en todo grupo humano es constante, se trate del Consejo de Ministros, el Gobierno de una Comunidad Autónoma, un Parlamento cualquiera, el Pleno del Ayuntamiento o incluso, un Congreso de Premios Nobeles porque ya decía un profesor mío de los Maristas que no hay que confiarse porque la sabiduría no cura la estupidez y se puede ser tonto con diez carreras. (más…)

TOPICAZOS


Publicado en Granada Hoy y Málaga Hoy.

A través de España era la versión moderna del Libro de España, un delicioso texto de lectura de Edelvives que usábamos en los Maristas durante la EGB de la transición. Narraba el viaje de dos huérfanos que, en plan Marco, cruzan el país en busca de su familia. Editado por primera vez en 1928 exponía las costumbres, los monumentos y la economía de cada región y refería las virtudes de sus gentes huyendo del tópico castizo a la vez que nos permitía imaginar una aventura, entonces imposible.

"Libro de España". Edelvives. (Edición facsímil de la primera de 1928)

“Libro de España”. Edelvives. (Edición facsímil de la primera de 1928)

Mucho después, en un país cruzado por miles de kilómetros de autovía y de AVE y paraíso de los vuelos baratos subvencionados, aún se alimentan los peores tópicos de los que aquel libro abominaba. Aunque viajamos, parece que lo hacemos con la boina atornillada y las anteojeras puestas. Si no, no se puede entender que el escándalo de los fondos de formación haya sacado de las cavernas a tanto demagogo para quien los andaluces somos una pandilla de vagos que vive del PER gracias al esfuerzo de los demás, en particular el del opinador de turno, y se pasa el día en las tabernas cantando flamenco. Y resulta cansino seguir escuchando las mismas historietas que inspiraron la Carmen de Bizet. Al menos, en esta versión actualizada, las mujeres no llevan navaja en la liga. Hay que ser optimista: alguna conexión neuronal parece activarse en esas cabecitas. (más…)

LA EXIGUA INTELIGENCIA


Hemos sobrevolado en las últimas entradas sobre las actitudes estúpidas, idealistas y malvadas que el profesor Cipolla definía en Las leyes inmutables de la estupidez humana y he querido dejar para el final a la que creo más sencilla de aplicar de todas aunque, tristemente, sea la menos habitual, la inteligencia. Siendo la más importante característica del ser humano aparece, sin embargo de modo tímido, casi exiguo. Quizá, porque como decía el rey de Prusia, Federico II el Grande, la inteligencia es más rara de lo que se piensa.

¿Entrar o no? ¿Seguir adelante o volver? Galería del Forte de Santa Luzía. Elvas (Portugal)

¿Entrar o no? ¿Seguir adelante o volver? Galería del Forte de Santa Luzía. Elvas (Portugal)

Actuar con inteligencia no es difícil. Lo sabemos todos y sin embargo anteponemos otras cualidades o defectos en nuestro proceso de toma de decisiones. Quizá porque, en frase de Pascal, hay razones del corazón, que la razón no entiende, nos dejamos llevar por el cariño, el afecto, el amor, la amistad o la familia, a la hora de decidir. Puede que, porque somos humanos, nos influyen la euforia, la depresión o la ira, la conmiseración, la pena o la alegría del momento. Y también, el interés, la ambición, la avaricia o la codicia. E incluso, el sentido de justicia no siempre bien entendido. En estos casos, sea porque se impone alguna o varias de estas causas u otras similares, nuestras decisiones oscilan entre las propias del idealista y las del malvado. Cuando prima el corazón nos importa más el beneficio del otro. Si desechamos las consecuencias negativas que puedan generarnos nuestros actos, ese componente de idealismo y entrega crece hasta convertirse en principal. Si lo que prima es el egoísmo y lo que nos interesa es nuestro propio beneficio, la decisión se irá tiñendo de maldad hasta que lo que obtengamos sea perjuicio para el tercero.

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IDEALISTAS FRENTE A MALVADOS


En una entrada anterior definíamos los tipos y subtipos que el profesor Carlo María Cipolla definía en su inefable libro sobre Las leyes inmutables de la estupidez humana. Hoy, y siempre con la vista puesta en nuestros adorables estúpidos, nos centraremos en las actitudes que podemos encuadrar como propias de Idealistas y Malvados.

Vivimos en una sociedad cuyos valores éticos y morales imperantes son conocidos por todos. Pero hay quien, en uso de su libertad, no los comparte. Pensemos en quienes creen firmemente que la dictadura es mejor que la democracia, que la libertad individual es una especie de oscuro vicio o que las mujeres y quienes pertenecen a otra raza, etnia o religión no deberían disfrutar de ningún tipo de derecho y ser considerados ciudadanos de segunda o incluso, algo peor. En el ámbito económico hay quienes se oponen al mercado, no creen en los derechos de propiedad o sencillamente, entienden que un préstamo no se pide para devolverlo sino para disfrutar del dinero de otros en una suerte de redistribución de la riqueza. Esos ciudadanos existen y transitan por nuestras calles. A veces, sus ideas y sus actitudes son respetables aunque no las compartamos. En muchas otras ocasiones, no.

Si trasladamos a una representación gráfica esta idea veremos que existen dos grandes tipos humanos. Todos aquellos individuos que actúan o intentan actuar de igual modo a cómo piensan son Coherentes, sea porque comparten los valores mayoritariamente admitidos – personas adaptadas –  o porque se oponen frontalmente a ellos – inadaptadas. Podemos catalogar de Hipócritas a los que actúan de modo distinto a los valores que dicen compartir. Unos actuaran contra sus principios por simple interés y otros obligados por algún miedo, que es otra forma de interés personal. Y por último, están quienes actúan contra los que dicen ser sus principios por mera inmoralidad.

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ESTÚPIDOS Y ASIMILADOS


En Las leyes inmutables de la estupidez humana, un magnífico texto que empezó como humorada entre amigos y se convirtió en libro imprescindible, el profesor Carlo María Cipolla definía el comportamiento del ser humano en función de las repercusiones que cada decisión produce en quien la toma y en aquellos a quienes afecta.

Nos dividía el ilustre economista italiano en cuatro grupos, ni excluyentes ni definitivos: Inteligentes, Idealistas, Malvados y Estúpidos. Los grupos no son excluyentes porque nuestras actitudes son poliédricas, ni definitivos porque a lo largo de la vida visitamos cada uno de ellos. Al fin y al cabo, el homo economicus decide y actúa continuamente y no siempre lo hace guiado por la racionalidad aunque durante mucho tiempo se haya creído así.

Para Cipolla, los inteligentes, o mejor los que actúan con inteligencia, son aquellos que al tomar una decisión obtienen beneficios para sí a la vez que los generan en los demás. El idealista se caracteriza porque está dispuesto a asumir una pérdida que supone beneficio para otros, justo lo contrario del malvado, que no duda en obtener rentabilidad a costa del resto. Y por último, los grandes protagonistas de esta reflexión, los estúpidos. Una decisión estúpida es aquella que sólo genera pérdidas, a quien la decide y ejecuta y al resto de los implicados directa o indirectamente, consciente o inconscientemente. Lógicamente, las consecuencias de cada decisión no tienen por qué ser absolutas y al analizarlas, podremos definir diversas combinaciones entre los cuatro tipos básicos.

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EL NIÑO HISPANO DE ASTÉRIX


En Astérix en Hispania, los geniales Goscinny y Uderzo nos cuentan una de esas desopilantes aventuras protagonizadas por Astérix y Obélix, la más famosa pareja de galos de la historia. Julio César, que ha tomado como rehén al hijo de un caudillo hispano decide alejarlo de su padre para asegurarse la paz en la península y lo envía, escoltado por varias cohortes, al norte de la Galia. Por una carambola del destino, el niño acaba en la más que famosa aldea en la que un grupo de irreductibles galos, rodeados por cuatro campamentos de feroces – aunque no mucho – legionarios, resiste a la poderosa Roma.

Vileta de "Astérix en Hispania". Goscinny & Uderzo. Grijalbo / Dargaud.

Viñeta de “Astérix en Hispania”. Goscinny & Uderzo. Grijalbo / Dargaud.

El niño en cuestión resulta ser un caprichoso de tomo y lomo que como es hijo de jefe se cree con derecho a que se tengan miramientos con él. A lo que suele añadir un contundente ¡papá lo ha dicho! Lo más divertido de toda la historieta es la técnica de presión que utiliza el diablillo para convencer a cualquiera, sean sus captores romanos o sus protectores galos. Sencillamente, aguanta la respiración. Incluso en algún momento, el bonachón de Obélix se solidariza con él y le sigue en tan ridícula medida.Presionar a un tercero – directivo, trabajador, proveedor o cliente – con una acción que genere un daño propio es una soberana estupidez. Lógicamente, en el comic, para generar la risa del lector, cuando el niño hispano adquiere un tono rojo vivísimo que demuestra la cercanía de la asfixia, los chantajeados cuidadores ceden a sus caprichos. Pero la vida real no es así. (más…)

LA INEFABLE AMBICIÓN DE LOS ESTÚPIDOS


Publicado en Andalucía Noticias y en las ocho cabeceras provinciales del grupo:

Almería Digital. Cádiz  Digital, Córdoba Digital. Granada Digital.

Huelva Digital. Jaén  Digital. Málaga Digital. Sevilla Digital.

La banca tradicional es un negocio tan aburrido como serio. Los grandes beneficios se generan con pequeñas operaciones, el dinero se hace céntimo a céntimo y ninguna persona sensata entregaría los ahorros fruto de su esfuerzo a quien no le ofrezca confianza.

En un delicioso ensayo – Las leyes inmutables de la estupidez humana – el profesor Carlo María Cipolla, uno de los mayores expertos en historia económica y profesor en Berkeley nos previno de algo que intuimos naturalmente: todas y cada una de nuestras acciones tienen consecuencias para nosotros mismos y, de una forma u otra, para toda la humanidad.

Arco de Tito en el Foro Imperial. Roma (Italia)

Arco de Tito en el Foro Imperial. Roma (Italia)

Definió cuatro tipos de personas: los inteligentes, a quienes se podría alabar llamándoles de igual modo que los antiguos romanos al emperador Titodelicia del género humano. Cada una de sus decisiones genera beneficio para sí mismos y para los demás. Lo peor y lo mejor de la humanidad son; los malvados, que obtienen beneficios a cambio de provocar pérdidas a los demás y los idealistas, que asumen daños por el bien de otros. Pero los elementos más caóticos de la sociedad, aquellos de quienes hay que huir como de los cuatro jinetes del Apocalipsis son, sin duda alguna, los estúpidos. Las consecuencias de sus decisiones no sólo les causan daño a ellos mismos sino que perjudican al resto de la sociedad. (más…)

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