EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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MR. DRIFTWOOD ES UN ALTO EMPLEADO DE LA COMPAÑÍA…


En la valoración de un puesto de trabajo determinado nunca suele coincidir la opinión de la dirección de la empresa con quien lo ocupa temporalmente. Y es natural que así sea, el salario y el resto de condiciones de trabajo responden con meridiana exactitud al concepto de precio de equilibrio; es decir, la empresa pretenderá que su coste se aproxime a cero y el empleado que lo haga a infinito y por tanto, el resto de condiciones que se tomen en consideración – tasa de desempleo, necesidad de cualquiera de las partes o competencia, entre otras muchas – serán las que más influyan en determinar en que punto han de cruzarse ambas curvas de expectativa.

Una Noche en la Ópera.

Una Noche en la Ópera.

Aunque es un ejemplo de otras muchas cuestiones, la deriva que sufre el desopilante personaje de Otis B. Driftwood, encarnado por un genial Groucho Marx en esa obra cumbre del marxismo cinematográfico que es Una noche en la ópera, nos sirve como paradigma de esa errática política de recursos humanos que siguen muchas empresas en las que sus responsables de personal actúan con las anteojeras del desconocimiento, el aldeanismo de los prejuicios hacia lo desconocido y la soberbia de la ignorancia. (más…)

PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO


Cada vez que los relojes dan la última campanada del año una riada de buenos propósitos sacude el mundo. No sé si lo provocará el champaña, la sidra o los licores espirituosos de alta graduación o tendrá por causa al confeti y las serpentinas o si, sencillamente, necesitamos un momento concreto que actúe, parafraseando a Arquímedes, como punto de apoyo para mover nuestro mundo. Pero lo cierto es que casi todos y casi todos los años, pública o privadamente, consciente o inconscientemente, nos hacemos y hacemos promesas y juramentos más solemnes que el que exigió Mio Cid al rey Alfonso VI en Santa Gadea de Burgos do juran los fijosdalgo.

RELOJ DE LA PUERTA DEL SOL. MADRID (ESPAÑA)

RELOJ DE LA PUERTA DEL SOL. MADRID (ESPAÑA)

Y en plena euforia, nos comprometemos a hablar inglés con acento tan oxoniense que nos imaginamos la próxima Nochevieja ataviados de bombín y levita, of course, despidiendo el año a los pies del Big Ben después de cenar en algún restaurante del Soho. O a dedicar tanto tiempo al gimnasio que nos vemos corriendo la Maratón de Nueva York con el mismo desparpajo que un campeón olímpico o hacer tal dieta que nos permita aparecer en las portadas más fashion del mundo, luciendo palmito y arrebatadora elegancia.

Lo curioso y quizá triste es que la siguiente Nochevieja, con las mismas copas de más que las anteriores y en idénticas circunstancias, seguimos gritando Japiniuyiar famili an frens en el salón de casa mientras vemos bajar la puñetera bola del reloj de la Puerta del Sol, con los mismos veinte kilos de más y una camisa de cuadros marrones, tipo mantel de picnic, arremangada y malmetida en unos pantalones rojos que no pegan ni con cola.

C’est la vie que dirían nuestros vecinos franceses. (más…)

EL PINTOR DE BISONTES


Es curioso el numantinismo que aparece en casi todas las organizaciones siempre que se plantea algún cambio en los procedimientos instalados. Es paradójico que la resistencia al cambio – a cualquier cambio, sin dejarle siquiera la posibilidad de prueba y sin analizarlo – sea una actitud tan habitual del ser humano a la vez que la humanidad, como grupo, disfruta de una clara vocación de mejora y avance permanente. Parece como si aquella frase que se atribuye a san Bernardo de Claraval y que declara a la novedad, madre de la temeridad, hermana de la superstición e hija de la ligereza constituyera el lema y principio básico de cualquier estructura social, política o empresarial. Para el santo cisterciense y con él, para demasiados de los que nos rodean, la novedad nace de la ligereza, de cualquier impulso poco meditado y caprichoso y  desemboca en pura temeridad, esa actitud de quien, como decían los viejos toreros deja de ser valiente cuando en vez de respetar al toro, lo provoca. Lo de la superstición siempre lo he entendido menos pues parecería que todo aquello que aparece como novedoso sea extraño a la razón o a la fe religiosa.

ABADÍA DE SAN PEDRO. SALZBURGO (AUSTRIA)

ABADÍA DE SAN PEDRO. SALZBURGO (AUSTRIA)

Bien es cierto que al otro extremo del numantinismo resistente también nos encontramos con los que se adhieren a cualquier novedad por el simple hecho de serlo pues, en palabras de don Francisco de Quevedo, ninguna cosa despierta tanto el bullicio del pueblo como la novedad. Porque no es extraño que a lo nuevo se le reconozcan todo tipo de virtudes por el simple hecho de serlo, o de aparentarlo. ¿O no hemos visto demasiados deslumbramientos con la nueva economía, las puntocom  o el wifi gratuito de Gowex que tanto nos ha sobresaltado en España, este pasado verano?

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LA ENTROPÍA ES OTRA FORMA DE ORDEN


Probablemente recordarán haber estudiado en el bachillerato las leyes de la termodinámica y es muy posible que les quedara grabada esa idea de que la naturaleza tiende al caos que es la forma coloquial en la que resumimos la formulación académica de la Segunda Ley que es, si no recuerdo mal, del tenor siguiente: En todo sistema aislado la entropía permanece constante o tiende a aumentar espontáneamente.

Embarcados.

Embarcados.

Volvamos a las aulas de nuestra adolescencia. Si a un tubo de ensayo lleno de gas y cerrado le quitamos el tapón, las moléculas de gas saldrán y se moverán libremente. Para la física eso significa que se desordenan. El proceso inverso jamás se ve en la naturaleza ya que no se conoce ningún caso en el que un grupo de moléculas de gas decidan entrar espontáneamente a un tubo de ensayo con intención de ordenarse. Otra cosa es que las forcemos a entrar. Así que el estado normal de un sistema sobre el que no se ejerce acción alguna es el de máximo desorden o entropía al que curiosamente se le denomina equilibrio termodinámico. Aquí, equilibrio y orden son conceptos antagónicos o lo que es lo mismo, ordenar un sistema equivale a  alejarlo del equilibrio en el que, por decirlo de alguna manera, las moléculas se autoorganizan. Otra cosa es que esa organización no responda a lo que se quiere entender por orden, quizá porque en el fondo, el ejercicio de la libertad – hasta para las moléculas de gas – suele estar muy mal visto. (más…)

EL TIEMPO Y LOS TIEMPOS


Si visitan y pasean por Cambridge, la exquisita y deliciosa ciudad universitaria inglesa, descubrirán, en la esquina de Benet con Trumpintong una curiosa estructura dorada empotrada en la pared de la Biblioteca Taylor: es el Reloj Corpus. Diseñado por John C. Taylor e inaugurado por Stephen Hawking en septiembre de 2008, toma su nombre del Corpus Christi College del que fue miembro Taylor y en cuya fachada se expone. El reloj no tiene manecillas ni números y simula una rueda dentada que avanza gracias al movimiento de un insecto devorador que recuerda a un saltamontes y a quien su creador denominó Cronófago – el comedor de tiempo. La característica más curiosa del ingenio reside en que solo da correctamente la hora cada cinco minutos. Durante el resto del tiempo, el péndulo se acelera o ralentiza de modo aleatorio. La idea que quiere reflejar es la de la irregularidad de la vida, el avance inexorable pero también errático del tiempo y la diferente percepción que cada uno tenemos del mismo. Un planteamiento tan hermoso como irrefutable y tan inquietante como cierto.

Reloj CORPUS. Cambridge. (Reino Unido).

Reloj CORPUS. Cambridge. (Reino Unido).

Aunque el futuro – en palabras de C. S. Lewises algo que cada cual alcanza al ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga y sea quien sea, nadie puede negar que no siempre lo sentimos así y que hay días en los que el tiempo corre veloz y otros en los que se demora con desesperante lentitud. Los tiempos, o lo que es lo mismo, la forma en la que cada uno gestiona esa magnitud neutral que avanza a ritmo constante suelen ser muy distintos entre sí. Y es muy posible que cuando implicamos a un grupo de personas en cualquier evento, sólo en determinadas ocasiones, seamos capaces de coincidir temporalmente de modo coordinado y eficiente. (más…)

EL ROMPECABEZAS DEL CASTILLO


Amanece una fría mañana de reyes en una pequeña ciudad de España a mediados de los setenta y la misma imagen se repite en miles de casas; niños somnolientos pero nerviosos, padres felices y a la expectativa, sonrisas… Unos cuantos regalos a los pies de la mesa del salón y sobre ella, la bandeja con mantecados y licores para los Reyes Magos. Y a un lado, algo apartado, el cubo con agua para los camellos.

En aquellos años, los niños de la generación del baby boom fantaseábamos con recorrer el mundo. Hoy no hemos conseguido viajar tanto como soñamos pero si mucho más de lo que honradamente creímos posible. Entonces, la mayoría no conocían más que donde vivían, muchos empezaban a frecuentar lugares de veraneo que en unos años serían destinos masivos y algunos había que conocían otros países, aunque la mayoría de estos últimos si había cruzado las fronteras era a causa de la emigración.

PUZLE ROMPECABEZAS CASTILLO

CASTILLO DE LOS LIECHTENSTEIN. VIENA (AUSTRIA)

Entre los regalos, llaman a atención dos cajas grandes. La mayor está ilustrada con una imagen romántica de castillo bávaro de Neuschwanstein que entonces no era conocido aún como el de la Bella Durmiente de Eurodisney porque en aquellos tiempos, el dueño de la lámpara maravillosa todavía se llamaba Aladino y no se parecía a Tom Cruise. La portada de la más pequeña era también un castillo, más aún de cuento de hadas, el de los Liechtenstein en las cercanías de Viena. Mientras el padre inmortaliza el momento con una cámara Agfa, que los niños de hoy analizarían del mismo modo que un ánfora romana, la madre pregunta:  (más…)

LA PRUEBA DEL MICROONDAS


Lo leí en la esfera nacarada del viejo reloj de péndulo que adornaba una de las salas del antiguo edificio de los Maristas donde estudié mis primeros cursos: Tempus fugit. El tiempo vuela, me habían dicho que significaba aquel latinajo. No sé porqué, pero esa tarde pensé que parecía todo lo contrario, que pasaba despacio, muy despacio. El tic-tac del reloj rompía el silencio sepulcral de aquellos pasillos de techos altísimos. Sentado en uno de los bancos de madera empecé a bostezar y a rebullirme inquieto cuando pasó por allí el hermano Ruperto, con su bata blanca, sus lápices minúsculos y su libretita de ínfimo tamaño y prolija información sobre el alumnado a su cargo.

Catedral de San Pablo. Mdina (Malta). Centa la leyenda que los malteses ponían dos relojes en la fachada de sus iglesias para despistar al diablo que siempre miraba al de la izquierda y así no sabía la hora que era.

Catedral de San Pablo. Mdina (Malta). Cuenta la leyenda que los malteses ponían dos relojes en la fachada de sus iglesias para despistar al diablo que siempre miraba al de la izquierda y así no sabía la hora que era.

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