EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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EL FANTASMA DEL PADRE DE HAMLET


ARCO DEL PERDÓN EN LA CALLE DEL COBERTIZO.BAEZA (ESPAÑA)

ARCO DEL PERDÓN EN LA CALLE DEL COBERTIZO. BAEZA (ESPAÑA)

La noche es gélida en el castillo real de Elsingor. Los centinelas se relevan al toque de campana que señala la medianoche. Dos de ellos, BernardoMarcelo, llevan varias guardias sufriendo la aparición de un espectro que suponen que es el del viejo rey Hamlet, cuyo hijo heredó su nombre pero no su corona, pues la viuda reina Gertrudis casó con su cuñado Claudio, aún caliente el cuerpo de su esposo. Temerosos de que les tomen por dementes invitan a su amigo Horacio a que les acompañe pues, en palabras de Bernardo, la noche pasada, cuando esa misma estrella que está al occidente del polo había hecho ya su carrera para iluminar aquel espacio del cielo donde ahora resplandece, Marcelo y yo, al tiempo que el reloj daba la una…

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LECCIONES DE UN GENERAL. V. ESTRAMBOTE.


Hemos repasado en las Notas anteriores la aplicación a los directivos de la clasificación que el general von Hammerstein hizo de sus oficiales hace casi un siglo. Como recordarán, la división principal se reducía a inteligentes, trabajadores, tontos y vagos que combinados, da lugar a cuatro tipos que podríamos presentar mediante una matriz similar a la siguiente.

LOS DIRECTIVOS SEGÚN VON HAMMERSTEIN

LOS DIRECTIVOS SEGÚN VON HAMMERSTEIN

Como dijimos y así lo hemos ido desgranando, von Hammerstein valoraba dos características fundamentales, la capacidad intelectual y la de trabajo. Aunque ya hemos dado alguna pincelada al respecto, la pregunta que vamos a hacernos en esta última entrada – y conste que el párrafo de mi admirado general da para un libro – es cómo afecta a la planificación estratégica de una empresa el hecho de que quien se encuentra en la cumbre del poder sea trabalisto o listívago; tontívago o trabatonto. (más…)

LECCIONES DE UN GENERAL. IIII. TRABATONTOS.


 

Por algún motivo dejaría von Hammerstein para el final de su definición a esos seres sobre los que nos advertía que del que es tonto y trabajador hay que protegerse; en ése no se puede delegar ninguna responsabilidad, pues siempre causará alguna desgracia. Cuando se ha sufrido a un trabatonto la experiencia te deja marcado para la eternidad porque es difícil entender y mucho menos predecir que puede pasar por su cabeza. Y nunca se sabe si es peor que el trabatonto sea tu sea superior, comparta responsabilidad contigo o lo tengas como subordinado. El trabatonto es como el gafe, sólo acarrea desgracias, aunque en su caso no es algo involuntario porque, inconscientemente, se esfuerza en idearlas y producirlas.

Un jefe trabajador y tonto te hará vivir en la oficina, requerirá un power point para cada reunión interminable sin orden del día, las convocará con urgencia, sólo valorará el tiempo y no el resultado y sobre todo, te recordará que gracias a la empresa tu familia puede tener una vida digna, olvidando que su confortable tren de vida y la riqueza de los accionistas se deben también a tu trabajo. Son así, como un señor feudal fruto de generaciones de matrimonios entre primos, pero en pleno siglo XXI. (más…)

LECCIONES DE UN GENERAL. III. LISTÍVAGOS.


El que es inteligente y a la vez, vago, se califica para las más altas tareas de mando, pues aporta la claridad mental y el aplomo necesarios para tomar decisiones de peso. Esta frase del clarividente general von Hammerstein es, probablemente, la que menos entiende un jefe tradicional. Habitualmente, la mayoría de los que creen dirigirnos defiende la idoneidad de aquellos que practican otras – llamémosle virtudes – como el denuedo, el esfuerzo, el trabajo desmedido o el presentismo, esa innata habilidad que supone calentar la silla mientras se mira fijamente el ordenador con el único objetivo de que tu jefe que a su vez intenta justificarse ante su superior con idéntica maniobra, se convenza de que realmente estás trabajando aunque tu mente deambule por unos lejanos y personalísimos mundos de Oz.

En esa tesitura es muy difícil conseguir que se valore a quienes siendo inteligentes, además de demostrarlo, tienen la osadía de defender un planteamiento tan heterodoxo como que el esfuerzo es una ordinariez inadmisible para un caballero civilizado porque siempre se acaba sudando y además lo practican. Son esos tipos geniales que prefieren dedicar el menor tiempo posible a trabajar ya que entienden – y yo estoy con ellos – que la única magnitud valorable para cualquier empresa debe ser el resultado y que este es más interesante cuanto menor ha sido el empeño y sacrificio dedicado a conseguirlo. Ya hemos hablado en alguna ocasión de cómo muchos jefes menosprecian la eficiencia en tanto que alaban el mero esfuerzo, incluso aunque sus resultados sean mínimos o inexistentes. (más…)

LECCIONES DE UN GENERAL. II. TONTÍVAGOS.


Nuestro admirado von Hammerstein definía a los tontívagos como aquellos oficiales que forman el noventa por ciento de todos los ejércitos y son muy aptos para las tareas de rutina. Ser tonto o vago, o ambas cosas, no es ni bueno ni malo, es sencillamente, una realidad que debemos asumir, tanto el que la sufre como quienes le rodean. No todo el mundo puede ser brillante. Es más, si así fuera, nadie lo sería porque la inteligencia como tantas otras virtudes o defectos humanos no se mide por valores absolutos sino por comparación.

El soldado Švejk. Un clásico de la literatura checa y un ejemplo de tontívago. Taberna en Český Krumlov. (Chequia)

El soldado Švejk. Un clásico de la literatura checa y un ejemplo de tontívago. Taberna en Český Krumlov. (Chequia)

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LECCIONES DE UN GENERAL: I. TRABALISTOS.


Finalizaba la Nota anterior con la clasificación que el general von Hammerstein hacía de sus oficiales a los que dividía entre inteligentes, trabajadores, tontos y vagos. Así que valoraba en ellos dos características fundamentales, la capacidad intelectual y la de trabajo. O lo que es lo mismo, su aptitud y su actitud ante los desafíos que supone – en una frase muy castrense – ejercer el mando. La aptitud de alguien se define como la capacidad para operar competentemente en una determinada actividad y es en cierto modo innata. No todo el mundo nace con idénticas capacidades cognitivas y aunque estas puedan mejorarse a lo largo de la vida, están muy mediatizadas por la genética. La actitud, en cambio, es la disposición de ánimo manifestada de algún modo y ésta es claramente volitiva, depende de cada uno de nosotros y es únicamente atribuible a nuestra propia voluntad (más…)

LOS DIRECTIVOS SEGÚN VON HAMMERSTEIN


Cuando alguien tiene principios los ejerce siempre, sean cuales sean las consecuencias que pueda conllevarle. Por eso, actitudes como las de la familia del general von Hammerstein son dignas de todo encomio. Sabedores de la hostilidad que había manifestado hacia los nazis y de la aversión que sentía ante unos tipos a los que calificó públicamente y en pleno nazismo como una banda de mafiosos y pervertidos, su esposa e hijos rehusaron los honores militares que le correspondían para que el ataúd no fuese envuelto en la siniestra bandera del III Reich. Pero además, hay que tener mucha sangre fría para olvidarse en el tren la corona de flores que ha enviado Hitler al funeral de tu padre. Sobre todo, si el episodio acontece en 1943. (más…)

¿TRABAJAR O PRODUCIR?


La necesidad que tiene cualquier ser humano de descansar, de abandonar la rutina, de disfrutar del ocio, se explica en la propia etimología del término vacación, nacida del latín vacatio, cese de toda actividad habitual. Pero esa realidad, hoy admitida por todos era ajena al mundo de las relaciones laborales. Por eso, cuando el 20 de junio de 1936, el parlamento francés aprobó la norma que reconocía el derecho de todo trabajador a disfrutar de quince días de vacaciones remuneradas, marcó un hito en la historia moderna. Hasta ese momento, las vacaciones eran algo sólo al alcance de quien podía asumir, no ya su coste, sino la pérdida de ingresos que suponía abandonar durante un período de tiempo su trabajo o negocio.

Como en tantas ocasiones de la historia, los acontecimientos se desarrollaron a toda velocidad y casi sin esperarlo la mayoría del país. El 3 de mayo, el Front Populaire ganaba las elecciones. Y en junio, se producía toda una cadena de hechos inesperados sólo unas semanas antes; el día cuatro, el presidente Albert Lebrun, un moderado católico de derechas, encargaba a Leon Blum la formación del primer gobierno socialista en la historia de la III República francesa; el once, ese mismo gobierno conseguía que el parlamento aprobara la semana laboral de cuarenta horas y el veinte, las vacaciones remuneradas que empezarían a disfrutarse… ese mismo año. A todo ello se añadió un descuento en el boleto de vacaciones anuales que comercializaban los ferrocarriles franceses y seiscientos mil trabajadores se echaron el petate al hombro y se dirigieron a la costa, a la montaña o a los pueblos del interior para disfrutar de sus primeras vacaciones remuneradas.

La Estación d'Orsay (hoy Museo) desde la que partirían miles de trabajadores a disfrutar sus primeras vacaciones en 1936.

La Estación d’Orsay (hoy Museo) desde la que partirían miles de trabajadores a disfrutar sus primeras vacaciones en 1936.

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TRAS LA DAMA DEL PERRITO


Sólo Marcello Mastroianni podía encarnar a Romano Patroni, el protagonista indiscutible de esa hermosa joya del cine que es Ojos negros. Sólo el viejo histrión tenía tablas para emocionarnos con su interpretación. Sólo el gran Marcello sería capaz de hacernos amar y odiar a ese vencido Casanova que, aburrido en el restaurante de un lujoso crucero, siente avivarse en su corazón toda la pasión de que es capaz en cuanto descubre que el sofocado caballero que acaba de acercársele se llama Pável y que además, es ruso. Y sólo por ello, casi le considera el más íntimo de sus amigos y le cuenta, sin pudor ni vergüenza alguna, su hermosa historia de amour fou. (más…)

LA ENTROPÍA ES OTRA FORMA DE ORDEN


Probablemente recordarán haber estudiado en el bachillerato las leyes de la termodinámica y es muy posible que les quedara grabada esa idea de que la naturaleza tiende al caos que es la forma coloquial en la que resumimos la formulación académica de la Segunda Ley que es, si no recuerdo mal, del tenor siguiente: En todo sistema aislado la entropía permanece constante o tiende a aumentar espontáneamente.

Embarcados.

Embarcados.

Volvamos a las aulas de nuestra adolescencia. Si a un tubo de ensayo lleno de gas y cerrado le quitamos el tapón, las moléculas de gas saldrán y se moverán libremente. Para la física eso significa que se desordenan. El proceso inverso jamás se ve en la naturaleza ya que no se conoce ningún caso en el que un grupo de moléculas de gas decidan entrar espontáneamente a un tubo de ensayo con intención de ordenarse. Otra cosa es que las forcemos a entrar. Así que el estado normal de un sistema sobre el que no se ejerce acción alguna es el de máximo desorden o entropía al que curiosamente se le denomina equilibrio termodinámico. Aquí, equilibrio y orden son conceptos antagónicos o lo que es lo mismo, ordenar un sistema equivale a  alejarlo del equilibrio en el que, por decirlo de alguna manera, las moléculas se autoorganizan. Otra cosa es que esa organización no responda a lo que se quiere entender por orden, quizá porque en el fondo, el ejercicio de la libertad – hasta para las moléculas de gas – suele estar muy mal visto. (más…)

MOBBING


Publicado en Granada Hoy.

Con el feble argumento de la crisis se está destruyendo el débil estado de bienestar que habíamos construido a la vez que se hacen tambalear los cimientos de las relaciones laborales. Los gobiernos han traicionado sus propios principios, sean estos socialistas o los propios del humanismo cristiano y la libertad que dicen inspirar sus idearios. Con la muda complicidad de unos sindicatos convertidos en burocracia estatal están laminando al trabajador y destruyendo las clases medias. La degradación de las condiciones laborales, las caídas reales de salarios o la desprotección del ciudadano que trabaja y mantiene con sus impuestos al estado, se hacen trágicas en un fenómeno tan cruel y cobarde como el mobbing. Y no sólo en España. La oleada de suicidios entre los presionados empleados de France Télecom puso sobre el tapete la realidad que buscan y defienden algunos; la del trabajador convertido en un pelele en manos de empresarios y directivos sin escrúpulos que tienen como único objetivo el beneficio a cualquier precio. Aunque exija la destrucción moral y hasta física de otros seres humanos. Pero lo más indigno de todo es la facilidad con la que -por cobardía, miedo o absoluta inmoralidad- se consigue la colaboración de quienes hasta un día antes fueron compañeros de la víctima.

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LA PREBENDA DEL PARO


Durante la Edad Media, la prebenda era la distribución de víveres que se hacía a los soldados. Más tarde se llamó así a las de los canónigos y monjes hasta que durante el Antiguo Régimen se convirtió en el derecho que tenían algunos eclesiásticos a percibir rentas de una Iglesia Catedral o Colegial a cambio del desempeño de ciertas funciones propias de su oficio. La prebenda, que se conocía también como beneficio, podía dividirse y conferirse a legos, algunos de los cuales acababan viviendo del cuento por el hecho de ser parientes de algún beneficiado que les había cedido una parte de la renta cuando esta era elevada y malviviendo si se trataba de alguna iglesia empobrecida. De ahí el refrán tan españolísimo que tacha de muerto de hambre a quien no tiene, oficio ni beneficio puesto que carece de capacidad para ganarse la vida (oficio), y no dispone de renta alguna (beneficio). Ya se sabe que el genio popular español, tan anticlerical como amigo de las devociones, romerías y procesiones, no ha valorado en mucho el trabajo de los miembros del clero secular, a quienes siempre se ha tachado de tener un trabajo diario de poco más de media hora… y con vino. Quizá por ello, la prebenda es hoy sinónimo de cualquier oficio o empleo, tan lucrativo como poco esforzado o trabajoso.

Si hay alguien a quien hoy se acuse alegremente de prebendado, beneficiado o racionero – que esos eran los nombres que recibía quien disponía de renta eclesiástica para su sustento – es el parado español. En este maremágnum de crisis económica, social y política que ha convertido nuestra economía en una verbena, al parado le ha tocado en suerte el papel de muñeco del pimpampum mientras otros se han reservado el de chulazo con pañuelo al cuello y gorra de cuadritos. Y así, en el pique para conquistar a esa Susana, modistilla, chulapona y casquivana que responde al nombre de CEOE, esta triste edición vintage de La Verbena de la Paloma, nos había regalado un arcaico don Hilarión personificado en el Círculo de Empresarios. A nadie le extrañaron los inadmisibles exabruptos que lanzó su presidenta y que fueron mayoritariamente censurados, (aquí, En el limbo y Tara revisitada) como no podía ser de otra manera. (más…)

ENTRE LEALES Y FIELES


Recuerdo una famosa campaña publicitaria de finales de los ochenta. Un perro tristón, parado en medio de la calzada de una carretera – aún no había tanta autovía – nos miraba con ojos mohínos e infinita pena. A pie de cartel, un lema impactante: Él nunca lo haría. No lo abandones. La visión del pobre animal dejado a su suerte en medio de la noche me provocaba tanta congoja como rabia el mensaje implícito que al menos yo recibía: el perrito no lo haría aunque tú – refiriéndose al dueño – sí lo hayas hecho.

Tomar como ejemplo para un ser humano racional y libre, la imagen del perrito fiel, que haga lo que haga su dueño siempre estará a su lado, me enerva. Soy incapaz de entenderla. Quizá por eso, creo que es muy importante separar dos conceptos que suelen tenerse por sinónimos y no lo son; lealtad y fidelidad. La etimología, que suele ser aclaradora, nos marca la primera diferencia. Ambas proceden del latín, lealtad de legalitas y esta de lex (ley) y fidelidad de fidelitas, que a su vez deriva de fides (fe).

Fieles son los que se mantienen junto a alguien por mera fe, leales los que lo hacen por razón de legalidad, de compromiso, de libre acuerdo, en definitiva. Un ser humano puede ser fiel a una idea pero cuando lo es a una persona renuncia a una de sus mayores capacidades, la racionalidad. En cambio, la lealtad no es posible desde la ceguera de la sinrazón. (más…)

FIDELIDADES SUICIDAS


La Segunda Guerra Mundial da sus últimos estertores. Los aliados han tomado París y el fin de la tragedia parece más cercano que nunca. La cámara nos adentra en un pueblecito semiderruido en lo que hasta hace muy poco era el frente occidental. Dos tipos de uniforme, entrados en años y con aire muy poco marcial pasean entre las ruinas. Suena una detonación sorda. En un acto reflejo se parapetan tras una pared. El disparo proviene de un edificio abandonado. El más joven y atlético cruza la plaza en zigzag mientras su compañero le cubre. Una vez dentro de la casa encuentra al francotirador. Lo tiene a tiro pero no le dispara. Es un adolescente, casi un niño, enfundado en un siniestro uniforme nazi. Esta escena de The Monuments Men sólo refleja la realidad de aquellos últimos meses de locura hitleriana en los que millares de chiquillos de las Hitlerjugend fueron enviados al frente para ser masacrados, obligados por su Reichswehreid, el juramento de fidelidad ciega al Führer de un imperio que iba a durar mil años y que apenas cumplió la decena.

Es lógico preguntarse como aquel veterano de guerra, acomplejado y maníaco que – en palabras de Chaplin – le había copiado el bigotito a Charlot, pudo abducir a una sociedad estable, culta y desarrollada como la alemana hasta el extremo de convertir a sus ciudadanos en esclavos de una ideología tan destructiva y criminal como el nazismo. Todos los historiadores coinciden en que la humillación de Versalles fue un caldo de cultivo idóneo para un líder que emergió con inusitada fuerza en la durísima crisis económica y social posterior a la caída del II Reich.

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TARA REVISITADA


Cada vez que aparece la marca de un dedo sobre la nata o el chocolate que cubre una tarta, las sospechas sobre quien ha podido sucumbir a la dulce tentación, se ciernen sobre los más pequeños de la casa. Si un leve churrete sombrea el bigote del interrogado y su dedo índice ofrece un tacto pegajoso, la sospecha se convierte en convicción. Pero los sospechosos habituales no han de ser por definición los culpables. Es más, también hay adultos golosos que a respetables edades disfrutan reviviendo travesuras infantiles.

Sin embargo es muy habitual declarar reo al niño sin mayores pesquisas. Y así, acaba siendo quien rompió el jarrón de porcelana regalo de la abuela que papá llamaba, curiosamente, el engendro que trajo mi suegra de un viaje; el que, se ve que jugando, ha esparcido la crema anti edad de mamá por el lavabo o quien, aunque nunca juegue al fútbol, ha lanzado un ajustadísimo chut con el balón de su hermano mayor que ha destrozado la cristalera del patio. (más…)

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