EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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¿POR QUÉ NO CRECE EL CRÉDITO SI ES TAN BARATO?


Me preguntan muchos amigos y conocidos – supongo que porque uno lleva media vida dedicándose a esto de las finanzas – por qué, estando los tipos de interés regalados, no crece la inversión ni se dispara el consumo. Algún viejo compañero de fatigas bancarias, hoy felizmente prejubilado, rememora como en los primeros noventa celebrábamos cada bajada de tipos de interés liquidando Imposiciones a Plazo de nuestros clientes que pasaban a comprar acciones o Fondos de Inversión y sobre todo, incrementando nuestra cartera de préstamos y créditos. Entonces era lógico que la bajada del precio del dinero y del coste de financiación produjera una cierta relajación en los clientes y les empujara a financiar adquisiciones que de otro modo les hubieran resultado prohibitivas. (más…)

CUANDO EL DINERO NO TIENE PRECIO


Todos somos conscientes de que precio y valor son cosas distintas. El propio Adam Smith explicó con la conocida paradoja del agua y el diamante su percepción de valor. Nadie duda de la necesidad que tiene un ser humano de beber agua para sobrevivir pero como obtenerla es fácil ya que la propia naturaleza nos la ofrece, su precio es muy inferior a su valor. En cambio, un diamante carece de valor de uso, más allá del decorativo y de algunas aplicaciones industriales dada su dureza – recuerden la Ley de Mohs que aprendíamos en el BUP – pero su escasez y el proceso de trabajo que va desde su extracción a su esplendor último, hacen que su precio supere con mucho el valor del bien. Son conceptos muy estudiados, tanto el valor de uso como el de cambio. (más…)

¡QUÉ FLUYA EL CRÉDITO!


Contaba mi abuela que en su juventud – allá por los primeros años del pasado siglo – y entre las familias de orden, cuando algún muchacho pretendía a una jovencita, antes de acercarse a ella en la verbena y pedirle un baile se dirigía respetuoso a su señor padre o a la persona que la acompañara para solicitar su venia. Y cuando, tras algunos meses de recatadas maniobras de aproximación, decidía formalizar la relación volvía – en deliciosa expresión – a pedir la puerta – para poder visitar a la que ya era su novia en la casa familiar. Y por último, – en otra frase hoy absolutamente rancia – antes de pasar por la vicaría, el pobre novio sufría el trance de sentarse con su futuro suegro ante el velador de algún café para someterse al interrogatorio de rutina que siempre incluía la pregunta del millón: ¿y usted de que posibles dispone?

Poco después, los locos y felices años veinte y el advenimiento de la II República relajaron las costumbres hasta el punto de que la recatada y mojigata España de la Restauración vio como desde los Ateneos Libertarios se defendían las comunas y el naturismo y se abogaba por la práctica del amor libre consensuado. (más…)

UNA APROXIMACIÓN A LOS DIVERSOS RIESGOS FINANCIEROS


Sabemos que el riesgo puede definirse como la contingencia o posibilidad de que algo suceda o la proximidad de un peligro o daño. Financieramente, el riesgo es una situación en la que no existe garantía de éxito, lo que en términos puramente económicos se relaciona siempre con la posibilidad de obtener beneficios. Por tanto, es una característica connatural a la actividad empresarial y esa es la razón por la que debe analizarse y valorarse, con idea de reducir al mínimo sus efectos negativos y aprovechar los positivos.

La incertidumbre se refiere a la posibilidad de que se produzca una pérdida, al momento de producirse y a la cuantía de la misma. El riesgo puede derivarse de la propia actividad. En este caso se denomina operativo y si nace del resto de actividades, puede ser financiero, – propio de las operaciones de financiación – o extraordinario – del resto.

Dado que toda empresa requiere financiación, el riesgo de tipo de interés siempre afecta a la cuenta de resultados. En el caso de las compañías que tengan negocios en el extranjero, adquieran materias primas o cualquier otro suministro significativo porcentualmente sobre su facturación y, por supuesto, todas aquellas que tengan como objeto el comercio internacional – importación y exportación – deberán gestionar también el riesgo de tipo de cambio y el denominado riesgo país. (más…)

INVERSIÓN Y GASTO, REALIDADES DISTINTAS A FINANCIAR


Inversión y Gasto no son conceptos idénticos, aunque ambos acaban convirtiéndose en un Pago. Es importante diferenciarlos porque, a efectos financieros, su impacto en el Balance, en la Tesorería y en la Política de Gestión de la empresa pueden ser determinantes. Por otra parte, no es fácil, en abstracto, separar uno y otro concepto ya que para su calificación es imprescindible conocer la estructura de negocio del adquirente. Parecería claro que un vehículo industrial – por ejemplo, un camión o una furgoneta – deberían considerarse inversión y no así un turismo. Sin embargo, una furgoneta puede utilizarse también – pensemos en una microempresa – como transporte privado y un turismo puede formar parte de una flota de vehículos de alquiler o usarse como taxi por un autónomo. En esos casos, sería claramente, una inversión.

Podemos definir la Inversión como la renuncia a los rendimientos inmediatos y razonablemente ciertos que podríamos obtener de determinados recursos financieros, a cambio de una previsión de beneficios futuros que esperamos que sean superiores a aquellos a los que renunciamos y que se derivarán la rentabilidad producida por los bienes o servicios adquiridos. (más…)

LA SEGMENTACIÓN DEL MERCADO BANCARIO


La segmentación es un método que pretende limitar los clientes objetivos posibles a los que dirigirse.

El primer criterio a utilizar es el de la segmentación geográfica. Cada entidad decide cual quiere que sea su mercado; unas desean ser líderes a nivel internacional y adoptan estrategias globales. Otras, en cambio, prefieren reducirlo a una provincia o región y estructuran su producción al ámbito geográfico definido.
También es importante realizar una segmentación social. Se trata de dividir a la clientela objetiva en función de su edad; sexo; estado civil – soltero, casado o en pareja, separado, viudo o divorciado – ya que del mismo se deducirán obligaciones y derechos financieros; situación parental – miembros de la unidad familiar y sus características – pues de ahí obtendremos determinados datos de interés; formación, etc. Estos grupos no significan nada per se pero combinados con el resto de variables que veremos generarán grupos homogéneos a los que ofrecer productos concretos.
Otro criterio muy interesante es el que se deduce de los niveles de renta. Definiremos la renta media – nacional y por regiones, provincias o barrios – para estructurar la población. Una magnitud estadística interesante es la moda, o dato más repetido, que nos dará una imagen clara de cuál es el mayor grupo social al que dirigirse.
Para segmentar por productos financieros pueden adoptarse diversos criterios. El más habitual es el que lo ajusta por mercados. (más…)

RESCATE Y RIESGO MORAL


Publicado en Granada Hoy.

Invertir es arriesgar. Si hay algo claro en economía es que nada es seguro. Cualquier inversor debe asumir que siempre existe la posibilidad de perder parte o todo el dinero invertido. Pero invertir no es jugar. En palabras del profesor Samuelson, la inversión debe ser más como esperar que la pintura se seque o que la hierba crezca. Si quieres emoción, toma ochocientos dólares y ve a Las Vegas. El jugador se entrega a la agitación del azar, el inversor analiza sus probabilidades de éxito para minimizar el riesgo aunque nadie sea capaz de garantizar el buen fin de una inversión. Siempre pueden aparecer cisnes negros, que es como se denomina en el argot a esos acontecimientos tan inesperados que creemos imposibles.

La seguridad es una necesidad tan propia del ser humano como real es la incertidumbre sobre el futuro. Cuando aseguramos cualquier contingencia, la sensación de riesgo se desvanece. Seamos o no conscientes de ello, disponer de un seguro nos hace menos cuidadosos; sabemos que si por algún motivo el riesgo se convirtiera en pérdidas, habría alguien que las asumiría. Por eso las aseguradoras incentivan y bonifican a sus clientes, para que sean tan cuidadosos como si no dispusieran de coberturas.

Esa relajación en la vigilancia se denomina moral hazard – riesgo moral o inducido – y se da cuando un sujeto se ve tentado de realizar acciones ineficientes o proporcionar información sesgada de modo que primen sus intereses individuales respecto a los de los demás. En definitiva, sólo se busca el resultado porque se confía en que el riesgo real será asumido por un tercero, sea o no consciente de ello. (más…)

EL CLIENTE BANCARIO Y SU MOTIVACIÓN


Desde el punto de vista bancario existen dos tipos de clientes, los Ahorradores que son los miembros de una sociedad con excedentes monetarios y los Solicitantes de crédito que, a diferencia de los anteriores, tienen necesidades de dinero.

El Banco canaliza el ahorro de los primeros hacia la financiación de los segundos pagando un precio – tipo de interés – a los Ahorradores y cobrándolo a los Solicitantes de crédito.

Por tanto, las motivaciones básicas del cliente bancario pueden agruparse en función de a qué tipo de cliente nos referimos:

Las opciones del inversor – ahorrador: el sistema bancario ha dispuesto desde siempre de una gama de productos que ofrecer a quien dispone de liquidez. Ahora bien, cuando las cantidades son pequeñas, si bien las remuneraciones ofrecidas por el Banco son seguras, siempre estarán por debajo de las rentabilidades que se pueden obtener en otros mercados, como el Bursátil. El problema del pequeño inversor reside en que si no tiene los conocimientos necesarios para invertir deberá buscar asesoramiento. Esto supondrá un desembolso adicional que reduce la rentabilidad de la inversión. En caso de no serle necesario asumirá el riesgo individual de su decisión inversora. Por ello, a la hora de invertir, el pequeño ahorrador tendrá que elegir entre los productos seguros que le ofrecerán una rentabilidad mediocre respecto al mercado o aquellos que le ofrecen la posibilidad de elevadas rentabilidades aunque asumiendo un importante riesgo de pérdida. El inversor-ahorrador deberá analizar en qué producto invertir y el banco cual es el producto que mejor se adapta al cliente. Para ello, hay que tener en cuenta una serie de circunstancias: (más…)

EL RIESGO DE NO ARRIESGAR


No necesito recordar a nadie que el riesgo es algo connatural a nuestras vidas. Como no hay nada gratis, sólo arriesgando podremos conseguir lo que ansiemos en cualquier ámbito de la vida. Si una tarde de sábado dudamos entre invitar a nuestra pareja al cine o al teatro, tendremos en cuenta el precio, el horario y el interés de cada espectáculo, los gustos propios y de quien invitamos, la distancia a recorrer, si vamos en nuestro coche o en transporte público, los costes añadidos como el aparcamiento, la comodidad de las salas, etc. Y todo ello lo hacemos casi inconscientemente hasta decidirnos. Y aún así, siempre existe el riesgo de que la velada sea un fracaso ya que no controlamos todas las variables posibles, alguna de las cuales puede dar al traste con nuestra salida sabatina, sean responsabilidad nuestra – un comentario inapropiado desde el punto de vista de nuestra pareja; un cálculo erróneo sobre el tiempo necesario para llegar puntualmente o una mala elección de lugar de aparcamiento – o ajena – la actitud bulliciosa del pesado de la butaca de al lado que ríe con estrépito o no acostumbra a visitar la ducha antes de salir de casa; el atasco producido por un accidente de tráfico; la enfermedad del actor principal – en el caso de elegir teatro – sustituido por un novato sin gracia ni tablas o … cualquier otra eventualidad posible aunque sea altamente improbable. (más…)

PATADA A SEGUIR


El rugby, ese maravilloso deporte de villanos jugado por caballeros, tiene una regla que lo hace épico y otra que lo humaniza. La primera es su esencia; ningún jugador puede ir por delante del balón ya que no puede pasarse hacia delante. Así, será el ímpetu y el empuje del equipo el que lo haga traspasar la línea de ensayo. Por otra parte, como ningún jugador puede ser tocado si no lleva el balón, una de las imágenes más clásicas del juego es la patada a seguir. Cuando resulta imposible romper la muralla defensiva contraria se patea el balón hacia delante, con fuerza y a ras de hierba, para evitar la presión de los delanteros contrarios y esperando que un compañero pueda recogerlo y conseguir de ese modo alguna ventaja. En otras palabras, soltar el balón y encomendarse a todos los santos.

Últimamente, la banca, agobiada ante el muro infranqueable de la morosidad, las provisiones, el riesgo y las normas contables de Basilea III, ha hecho lo mismo que el jugador de rugby aterrorizado ante la corpulencia de sus adversarios y ha lanzado el balón hacia delante esperando tiempos mejores que parecen no llegar.

Según el Banco de España (Informe de Estabilidad Financiera de mayo de 2014, página 27) el conjunto de las entidades bancarias que operan en nuestro país mantienen en sus balances 211 mil millones de euros procedentes de refinanciaciones, un 15% de la cartera crediticia total. De esa escalofriante cifra, la mitad son créditos morosos – acumulan más de noventa días de retraso en los pagos – y casi la quinta parte cumple todas las condiciones objetivas para serlo muy pronto. Sea por impagos, por no cumplir sus obligaciones regularmente o porque el deterioro de su negocio es tan evidente como irreversible.

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LA CONCENTRACIÓN DE RIESGOS


El riesgo es connatural a la vida humana. De pequeños nos caemos cuando aprendemos a andar; de niños, al correr demasiado rápido; de jóvenes si nos creemos deportistas de élite; de mayores, cada vez que olvidamos que ya no somos aquellos jóvenes atléticos con alas en los pies y de ancianos porque nos negamos a pasear apoyados en un bastón. Por eso, una de las frases que deberíamos grabarnos a fuego en nuestra mente es aquella que sostiene que nada en la vida es seguro. La otra verdad absoluta, en la economía y en la vida, y que también da para unos cuantos artículos, nos recuerda que además, nada es gratis. Sería recomendable recordar ambas más a menudo de lo que lo hacemos.

El riesgo económico es la sal de la empresa, sea cual sea el bien o el servicio con el que comerciemos. Tan claro es que sin riesgo no hay beneficio como que el incremento del primero justifica sobradamente la mayor expectativa del segundo. El porqué es fácil de explicar: en una corrida de toros, el diestro siempre cobra bastante más que el clarinero. Seamos o no aficionados, podríamos dar el nombre de algún torero muerto en la plaza, pero ni releyendo con atención los gruesos tomos del viejo Cossío, creo que encontremos un caso similar protagonizado por el señor que, sin duda con buen tino y mejores pulmones, marca el cambio de tercio a toque de clarín.

En los mercados ocurre algo similar. Cuanto más cerca se está de las astas del toro, más beneficio se puede obtener porque mayor es el riesgo que se asume. En El Mercader de Venecia, Shakespeare ponía en boca del judío Shylock unas palabras que definen muy a las claras el concepto de riesgo bancario. Admitiendo que Antonio, – el mercader que da título a la obra – es solvente, el banquero judío afirma pensativo que sin embargo, sus recursos son hipotéticos; tiene un galeón con destino a Trípoli; otro en ruta para las Indias; […] un tercero en Méjico y un cuarto camino de Inglaterra. Posee algunos más, esparcidos aquí y allá. Pero los barcos no están hechos más que de tablas; los marineros no son sino hombres; hay ratas de tierra y ratas de agua; ladrones de tierra y ladrones de agua; quiero decir piratas. Además, existe el peligro de las olas, de los vientos y de los arrecifes. No obstante, el hombre es solvente. Tres mil ducados. Pienso que puedo aceptar su pagaré.

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POR QUÉ LA BANCA ES CULPABLE


Con demasiada frecuencia escucho decir a mandos intermedios de la banca que a ningún cliente se le puso una pistola en el pecho para que firmara la hipoteca que ahora no puede pagar y por la que perderá, no sólo su casa, sino también la tranquilidad económica para el resto de su vida. Tampoco es raro que gente normal, de esa que hace cola en la parada del autobús o del metro y que aún puede formar parte de lo que llegó a conocerse como clase media, se descuelgue con un a mí, en el fondo, me dan pena, pero es que la gente pedía sin pensar y a la hipoteca le sumaban el viaje de novios, los muebles, el coche… Y lo más patético es oír a esos tipos conocidos como gentes de orden en tiempos de la Dictadura, que los compromisos están para cumplirse y el único responsable de un contrato es quien lo firma y que esto pasa porque la gente se ha creído que tenía derecho a todo y bla,bla,bla…

Y no les falta razón. ¿O sí?

Sería bueno recordar a los bancarios que tampoco hay noticia de que a ninguno de ellos se le apuntara con un arma en la sien o se le torturara sádicamente con la intención de que colocara a sus clientes determinados productos financieros. Pero muchos lo hicieron. O a la gente normal que resulta curioso que no censuren al que dio, sino al que pidió y  que olviden aquello de que contra el vicio de pedir, la virtud de no dar. Y a las gentes de orden que no estaría de más aplicarse a sí mismos, esa exigencia en el cumplimiento de los compromisos que con tanta prepotencia demandan a los demás. Sean los firmantes, Cajas de Ahorros, Empresas, Instituciones públicas, Ayuntamientos, Gobiernos varios o testas coronadas.

Y sobre todo, hay que dejar muy claro que obvian cuestiones bancarias básicas que explican la burbuja crediticia.

O quizás, como no tienen ni idea del negocio bancario defienden una supuesta verdad comúnmente aceptada que no es más que una falacia. No crean que me he equivocado; la mayoría de los mandos intermedios de la banca y sobre todo muchos directivos, en particular los de las Cajas de Ahorros, sabían de banca más o menos lo mismo que una sardina de biología marina. Igual que vivir en el mar no la convierte en una experta bióloga, trabajar en una sucursal o pisar la mullida moqueta de la lujosa sede central de una Caja, no te convierte en un experto bancario.

Y ahora, respondamos a la pregunta crucial de este asunto: ¿Por qué la banca es culpable?

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Y ESO QUE NO NOS IBA A COSTAR NI UN EURO


Nos dijeron que el rescate bancario nos iba a salir gratis. Incluso algunos se aventuraron a asegurar que ganaríamos dinero. Pero desgraciadamente, al menos con Nova Caixa Galicia no ha sido así. Ni la gran banca española, ni los fondos de inversión extranjeros que andan por estos lares adquiriendo muebles viejos a precio de serrín, han sido capaces de igualar la oferta de mil millones de euros que ha presentado el ganador de la subasta. Banesco, un banco venezolano muy poco conocido en España se ha adjudicado los restos del naufragio de la fusión de cajas gallegas.

El nombre nos suena familiar. Han sido muchos años los que la enseña de Banesto, recientemente absorbido por su matriz, ha campeado por las plazas financieras de España. Incluso los interesados en asuntos bancarios que frisen la cincuentena recordaran a una filial del propio Banesto, llamada Bandesco, acrónimo del Banco del Desarrollo Económico Español. Pero no se trata de ninguno de ellos; Banesco es el mayor grupo bancario de Venezuela nacido de la fusión entre él mismo y Unibanca en 2002 después de una historia clásica de fusiones, absorciones y adquisiciones de entidades quebradas en la crisis financiera de 1994. Su presencia en España era testimonial. Se reducía a la adquisición de la mayoría de Banco Etcheverría, un pequeño banco familiar, decano del sector financiero español y que compró al propio NCG Banco en el proceso de desinversiones impuesto por Bruselas tras la nacionalización de la entidad gallega. La larga historia de Banco Etcheverría ha estado vinculada a Galicia desde su fundación en Betanzos en 1717 por el francés Jean Etcheverry.

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GESTIÓN DEL RIESGO Y MERCADOS DE CAPITALES


La Bolsa es un mercado organizado donde se realizan emisiones, compras y ventas de valores tanto públicos como privados. Todos esos títulos tienen como característica común la de representar determinados derechos económicos. Básicamente se dividen en dos grandes grupos, los que representan una parte de una deuda y los que ofrecen una participación en el capital de una compañía. Los primeros pueden ser públicos o privados y los segundos, por motivos evidentes sólo podrán ser privados independientemente de que parte del accionariado de una compañía, incluso la mayoría, pueda estar en manos públicas.

En el caso de los títulos representativos de deuda – bonos, obligaciones o cédulas – el derecho incluye la devolución del préstamo concedido por el inversor en el momento de adquirir el título más los intereses pactados por las cantidades y períodos determinados en las condiciones de la emisión.

Los que representan capital dan el derecho a recibir periódicamente la parte proporcional de los beneficios generados por la sociedad emisora.

Los mercados de valores o capitales permiten gestionar el riesgo de dichas inversiones mediante adquisiciones y desinversiones.

El origen del concepto de riesgo financiero está en las primeras compañías por acciones. Tengamos en cuenta que un barco mercante, allá por el siglo XVII o XVIII podía tardar meses o incluso un año en ir y volver desde Europa a América o a las Indias Orientales. Entre tanto, las noticias eran escasas y los riesgos elevados. Pensemos en las tormentas, las enfermedades o los piratas. Supongamos que diez armadores deciden poner en común sus naves de modo que cada uno de ellos deje de ser dueño de la suya y pase a serlo de un décimo de cada una de las que forman la compañía. El riesgo se diluye porque son diez las rutas comerciales en las que arriesgamos nuestro capital en lugar de hacerlo en una sola y la posibilidad de un naufragio o de un ataque llevado a cabo por piratas, corsarios o naves de alguna potencia enemiga son también menores.

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EL CÁLCULO DE RENTABILIDAD DE LAS SUCURSALES BANCARIAS


Las sucursales gestionan básicamente, la obtención de recursos mediante depósitos de clientela, y su aplicación en la concesión de préstamos a clientes. El resto de partidas componentes del balance de un banco que veíamos en Notas anteriores, no tienen peso específico en las cuentas de sucursales, ya que su gestión corresponde a servicios centrales.

La red de oficinas de una entidad financiera también compra y vende el uso del dinero, pero como vimos en la Nota anterior las sucursales no replican la actividad general del banco ya que se dirigen a distintos tipos de clientela. Por ese motivo requerirán apoyos financieros del resto de la estructura comercial de la entidad que se encargará de gestionar un departamento centralizado y que contablemente, se recogerá en una cuenta denominada tradicionalmente Central y sucursales. Si no existiera esa gestión de los recursos, una Sucursal de Activo no tendría fondos suficientes para cubrir las necesidades de financiación de su clientela y a su vez, las Sucursales de Pasivo dispondrían de excedentes monetarios que quedarían ociosos. (más…)

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