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LA BANCA EN LOS ALBORES DE LA HISTORIA


La Banca primitiva es aquella que nos consta que se practicaba desde los orígenes conocidos hasta el fin del Imperio Romano. Desde la antigüedad, el negocio bancario se basa en la intermediación. Conforme la economía evoluciona, la banca especializa su intermediación y se sitúa entre aquella parte de la sociedad que necesita dinero y la que dispone de excedentes monetarios. En toda sociedad medianamente organizada desde el punto de vista económico existen ahorradores y solicitantes de crédito. Inicialmente, podríamos pensar que cualquier ahorrador en situación de conceder préstamo podría hacerlo a cambio de un precio que denominamos interés. El problema surge en caso de insolvencia temporal o definitiva del acreditado. Si se da ese caso, el ahorrador sufriría un quebranto esporádico o incluso la pérdida absoluta del capital arriesgado. Por ello, la aparición de la Banca asegura el mercado, al amortiguar el riesgo del ahorrador, al ser el intermediario financiero quien asume la posible insolvencia del acreditado. Podemos separar dos etapas históricas claras en la evolución de la Banca primitiva, en función de la existencia de una unidad de valor.

Antes de la aparición de la moneda, hacia el año 2.000 a.C., existían en Babilonia el depósito y el préstamo de mercancías. Dichas operaciones se llevaban a cabo en el templo, que tanto en Babilonia como en Egipto, utilizaban los depósitos de grano que recibían de los fieles para prestarlo a los campesinos necesitados.

Los pueblos de Mesopotamia  evidencian un elevado nivel técnico y jurídico dado el sistema de pesos y medidas y los documentos que conservamos en tablillas de arcilla. A juzgar por ellos conocían formas mercantiles avanzadas, como la aparcería, la fianza, la orden de pago y el préstamo censal. No utilizaron la moneda acuñada pero si circularon la plata, el oro y el cobre, bajo forma de lingotes y anillos, con una estampilla que garantizaba su peso y valor. En el comercio interior se utilizaba la unidad de cebada (gur). El Código de Hammurabi (siglo XVIII a.C.) regula contratos, cosechas, precios y salarios. Existían banqueros que aceptaban depósitos y realizaban pagos y  transferencias en otras localidades mediante compensación bancaria. Probablemente la gran utilización de este sistema hizo innecesaria la moneda. El tipo de interés oscilaba entre el 20 y el 33’33 por ciento anual según se tratase de cebada o plata. Los tesoros de los templos adelantaban dinero a los agricultores al 6 por ciento. El doctor Hilprecht descubrió en 1893 en las ruinas de Nippur 730 tablillas de arcilla pertenecientes a una casa de Banca que actuó como Nurashu e hijos 400 años a.C. Igualmente el profesor Lenormant descubrió una tablilla que recogía todos los caracteres de una auténtica Letra de Cambio. Esta Banca, era básicamente intermediaria. Su problema principal era que una economía de trueque no tiene grandes posibilidades de desarrollarse financieramente.

La moneda aparece hacia el siglo VII a.C. y, lógicamente, favoreció las operaciones bancarias. La primera acuñación según Herodoto fue realizada por los Lidios, cuyo rey Giges, puso en circulación monedas de electrón (acuñación de oro y plata). La gran división monetaria dificultó las relaciones comerciales y financieras del mundo griego ya que cada pequeño reino o ciudad-estado imponía en su territorio su propia moneda que nos iempre era reconocida por los demás. Quizás por esa razón, el mundo helénico no conoció  el capitalismo financiero lo que impidió el desarrollo de las instituciones crediticias y bancarias. Aún así, los templos griegos como Delfos y Efeso prosperaron gracias al cambio y al préstamo de moneda. En el siglo IV a.C. aparecieron en Grecia los banqueros laicos, llamados Trapezites. Recibían depósitos, abrían cuentas corrientes, giraban dinero a otras plazas y prestaban a particulares; pero eran operaciones muy limitadas. Los beneficios oscilaban entre el 20 y el 40 por ciento anual, pero los riesgos eran grandes y las quiebras frecuentes.

En Roma, la banca apareció en el siglo II a.C., durante la República dependía exclusivamente de los Equites o Caballeros que constituían la clase intermedia entre patricios y plebeyos. Se les denominó Argentarius, y se encargaron básicamente del cambio de monedas de todas las partes del imperio, el anticipo de fondos, el depósito, y sobre todo, dieron servicios de custodia de bienes y objetos valiosos. Una parte de ellos su especializó en las actividades crediticias, denominándoseles Foeneratores. Cobraban altos intereses por el uso de capitales, de donde nació el concepto de usura. Igualmente, iniciaron un sistema de contabilidad, que, aunque muy básico, les permitía efectuar una especie de balance de las cuentas de sus clientes. Los préstamos afectaban sobre todo al comercio marítimo, ya que era la única actividad económica que movilizaba capitales a gran escala.

Estas operaciones, junto a otras muchas que aparecieron en el Medioevo fueron desarrolladas sobre todo en las ciudades-república italianas que dominaron las técnicas financieras en los albores del Renacimiento. En posteriores Notas abordaremos la apasionante historia de los comerciantes, los banqueros, las finanzas y las ferias medievales, auténticas escuelas de comercio y finanzas.

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